Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
fué opulento en las del espíritu y en saber deleitarse con esa satisfacción del bien aportado y conseguido de las almas proceres. Ciertamente aue. siendo así. su sentimiento natural se hubiera al fin saciado cuando, al cabo de treinta años de labor tenaz y desinteresada, viera enaltecido Fontilles a la cumbre de fama y perfección que hasta hace muy poco gozaba; cuando el Estado, celoso y orgulloso de su prestigio, quisiera protegerlo como suyo. Su fino instinto, sin embargo, paliaba su entusiasmo, temeroso con sobrada razón de que algún día, sin precisar y pesar tanto como antes la humana caridad, la fuente que al influjo apostólico de! padre Ferris brotara caudalosa perdiera de su gracia. I Acertó nuestro médico en su temor? E l tiempo lo d i r á mas no h a r á mucho- -como cosa de un año o poco más- uno de los Centros científicos flamantes de M a d r i d destacó a Fontilles una de sus misiones típicas, que pretendía estudiar e investigar sobre l a lepra. Nuestro hombre recibió muy bien al científico en ciernes, como hacíalo con todos, aun cuando amigos suspicaces, conocedores de ciertas modalidades de una parte de l a que se dice vida científica en España, 1 c advirtieran, prudentes, sus suspicacias respecto a l a auténtica finalidad- de l a visita. P a r e c e r í a extraño, pero lo cierto es que, casi coincidente con ese momento crítico, aquellos apestados de Fontilles, antes tan dulces, murmuraban, protestaban ya, y en sus ojos se vislumbraban otra vez antiguos y dormidos destellos. Después algunos comunicados en ciertos periódicos nos decían, de tiranías y abandonos en Fontilles, y hasta un sabio leprólogo, hoy diputado, alzó su voz en el Parlamento contando no sé qué cosas raras de Fontilles, y expuestas de manera que no es corriente en los sabios. Nuestro amigo empezó ya entonces a perder su sonrisa. A n i moso, pensó lo que pensó y se vino a Madrid. Sincero como era, enfrentado al peligro, él lo vencería salvando su Fontilles, y hombre de sentimientos liberales bien probados, no dudaba tampoco de encontrar buena acogida en los medios oficiales, en donde, blasonándose de ciencia y modernismo, saca un tanto la oreja un sectarismo que en Europa pasó hace mucho tiempo de moda. H a- El padre Ferris, fundador de la leprosería. bló, escuchó, observó y... calló después, comprendiendo su engaño, y hasta no pudo menos de sonreír, socarrón, cuando, más o menos quedo, se le dijo al oído que nada habría de temer por él y su Fontilles si, siguiendo l a corriente del día, quisiera señalarse como 1111 representante m á s de la Medicina- política, hoy tan en boga en los nuevos partidos. N i que decir tiene que al punto volvióse nuestro hombre a su Valencia, sin querer oír ni hablar más Adelante con nuestra edificante historia provinciana. Llegamos al momento en que, como medida de prudencia, se avisa a nuestro amigo de no pisar por una temporada el suelo de Fontilles. Sus leprosos, por los que tantos años diera fortuna, suprimiera descansos y goces de familia, sacrificara sus veladas en estudios y recorriera a su costa clínicas europeas, no le toleraban. Y fué entonces cuando en nuestro hombre- -al decir de quien le atisbaba m á s de una vez- -se vieron en sus ojos una que otra lágrima furtiva. Y o no sé que sucedió al fin. Ninguno de sus amigos lo. sabemos. Observamos, sí, que su alegría ingénita bajó de diapasón. Que en su dulce mirada ya no brillaba tanto estos colores del cielo levantino. U n día m á s y sorprendiónos la rioticia de que se había marchado de este mundo sin decirnos adiós, y nadie nos quita la idea de que en esa huida hay una pequeña gran tragedia, querido lector. ¿S u nombre? S i cuando en vida a él se preguntase, a buen seguro que por modestia lo callara. Suena a sencillo, si bien m á s de un sabio dermatólogo lo conoce, y en las obras clásicas- -en esta y otras lenguas escritas- -que tratan de esas cosas se puede siempre ver como unido a Fontilles: M a u r o Guillen. Mientras viva Fontilles, como el del padre Ferris, vivirá su recuerdo. Pero si del todo se secara la fuente que nos hizo brotar aquel apóstol, y ese chorro laico y seudocientífico que han soltado sobre E s p a ñ a prevaleciera también en el valle de Fontilles, ¿Fontilles podrá v i v i r E. M Doctor D. Mauro Guillen, director de Fontilles.