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A B C. D O M I N G O 24 D E J U L I O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 20 diputado y con acentos de héroe de tragedia griega, posiblemente premeditado en un codicioso bufete de abogado, protesta de una acusación que se ha lanzado contra la representación catalana separatista, y que por mil conceptos tiene bien ganada. N o llore más por estas cosas el Sr. Ossorio y Gallardo. Guarde las lágrimas para cuando, ya en vigor el Jistatuto, los hechos lo demuestren que es un arma formidable que se ha entregado a los enemigos de ía unidad española para hacerla trizas, sin más esfuerzo por parte de éstos que treinta años de tóxica literatura, asaltos de ministerios, bailoteo inmoderado de sardanas y sin otros nombres en su martirologio que el de ese pobre Ventura Gassol, con treinta m i l pesetas de enchufes, automóvil, dietas y viajes gratis, a quien unos Fígaros espontáneos intentaron rapar en el W. C. de un hotel madrileño. Y a llegará el día que habremos de llorar todos. Pero será tarde, y lo será, precisamente, por esos llantos de ahora. Se ha dicho, y el Sr. Ossorio y Gallardo lo ha repetido, que la autonomía de Cataluña acabará con el separatismo catalán. E s un juicio, pero completamente equivocado. E l separatismo catalán aumentó con l a concesión de la Mancomunidad. Prat de la Riva, pri- j mero, y P u i g y Cadafalch después, se aprovecharon de aquel otorgamiento para desespañolizar a Cataluña. Éstos son hechos, y negarlos sería cerrar los ojos a la verdad. Por otra parte, nunca como ahora, en vísperas del Estatuto, ha habido en Cataluña tantos periódicos y periodiquines separatistas. Nunca tampoco, como ahora, pues parece que existe una impunidad para alardear de antiespañolismo, ésos periódicos o libelos, han hablado de la independencia de Cataluña como de cosa próxima y fatal, celebrada ya con alarido de triunfo. Cuando un pueblo, que forma parte de un Estado unitario, pide la autonomía, es que desea separarse. A ver si acabó con el separatismo húngaro l a semindependencia de Hungría el Estatuto de 1848; ni el de Irlanda, con la casi separación de la isla rebelde. E r a ayer, que Bélgica concedía a Fííüides la Universidad flamenca, y esta concesión, esta debilidad, en vez de calmar las aspiraciones particularistas de aquel país, las ha agudizado, y ya no se contenta- con menos que con la independencia o la anexión a H o landa. L t- mismo, exactamente lo mismo, ocurrirá ea Cataluña. Puede decirse que lo propio ocurriría sin el Estatuto. Cierto; tanto es así, que ya está ocurriendo; pero con el Estatuto se darán facilidades a los separatistas para el total logro de sus deseos. Que España tenga una guerra desgraciada, que sufra una revolución catastrófica, y ya veremos cuál será la actitud de Cataluña. De ciertos vivas a España dados en las Cortes Constituyentes por los que se resisten a darlos en Cataluña, no hay que fiar. Tampoco de protestas de españolismo pronunciadas por ciertos labios. E n Cataluña, en los mítines catalanistas, e, s donde habrían de darse aquellos vivas y hacers estas protestas. Y hasta ahora, no hay un ciudadano español que los haya oído en tales ocasiones. E n el Parlamento y en la lucha por sacar a flote el Estatuto no tienen más valor que el de un oportunismo político, una grosera habilidad táctica, un golpe de efecto, desorientados, para salir de un atranco. Como sus correligionarios de Cataluña ya saben de qué va, no les han de pedir cuentas de esos vivas y juramentos, que, a ser. sinceros, pagarían sus autores con una excomunión o con el desprecio de los uyos. L o que hizo llorar al Se. Ossorio y G a llardo, en Barcelona, más enterada que los diputados que se conmovieron ante el i n esperado derrame lacrimoso del monárquico sin rey al servicie de la República, troncha de risa. tociamente, ipor qué ha de valer igual que antes? L o lógico sería que valiese más también. Pero... E l pero es bien sencillo: el mundo no ha reducido sus armamentos dinerarios. E l medio circulatorio permanece invariable, y, en consecuencia, no puede disminuir la demanda de oro. L o s billetes de Banco importaban en todo el mundo- -salvo R u s i a- en 1928, 17.275 millones de dólares, y en 1931, 17.103. Las demás exigibilidades a la vista de la Banca de emisión, 5.493 y 5.476, respectivamente. L a suma de ambos conceptos sólo baja en el cuatrienio de 22.7 Ó 8 a 22.579 millones de dólares, y, sin embargo, el índice de precios desciende de 95,8 (1 9 2 6 1 0 0) a 68,5. E l rapport explica esta disonancia por varias causas: a) el mayor encaje de la Banca privada; b) la menor velocidad de circulación; c) la falta de paralelismo entre el curso de los precios al por mayor y los al detalle y salarios; d) la tesaurización. A mi juicio, las más poderosas son la primera y la cuerta, sin olvidar la quiebra del gold sckange standard, de efectos muy considerables. Y singularmente, la cuarta. H a y en efecto, una gran tesaurización. N o sólo de billetes, pero también de oro físico. Esta se comprueba observando que la progresión creciente de las reservas amarillas se corta de modo brusco en el segundo semestre de 1931, en que baja cien m i llones de dólares, al parecer, y en realidad, cuatrocientos, si se computa la afluencia normal a la circulación de oro retenido para usos industriales o exhibitorios en la India, la China, etc. L a otra es casi general también. Tácitamente, la hay en todos. los países que, sufriendo una gran contracción económica, mantienen inalterable su circulación fiduciaria, o la aumentan sin una contrapartida, equivalente de compras de oro. España está en ese caso. Tenemos menos oro que hace un año, y, sin embargo, nuestra circulación es superior a la de entonces en 400 ó 500 millones; en realidad, en vez de subir debiera haber bajado otro tanto. T i p o excepcional es el de Alemania, donde los billetes descienden en un año 900 m i Hones de marcos; claro que también se reduce la cobertura áurea (de 1.304 a 832 m i llones) Y tipo épico, por hipertrofia, el de Francia, donde, a pesar de que suben las reservas oro en cifra mayor que los billetes circulantes, se revela la tesaurización a) por el aumento dte los billetes de 500 y 1.000 francos- -que apenas circulan- alrededor de los 26.000 millone sde francos; b) por el crecimiento de las cuentas corrientes y depósitos privados en el Banco de Francia, que pasan de 3.168 millones- -en 1925- -a más de 24.500, en 1932 (balance del 24 de j u n i o) c) por el incremento del ahorro privado absoluto, que en 1931 fué de 7.725,9 millones, y del individual, pues el promedio de cada libreta pasa de 5.180 francos, en 1930, a 3.080, en 1931. (No es idéntico el significado económico de estos hechos, y conviene indicarlo; pues la tesaurización a través de las Cajas de A h o r r o resulta fructuosa para la colectividad, en cuanto permite la compra en gran escala de fondos de Estado, mientras que las otras dos esterilizan en absoluto los caudales atesorados) S i vuelve la normalidad al mundo, cesará- -es de suponer- -esa tesaurización. De consiguiente, durante un tiempo mayor o menor, los medios de pago, hoy substraídos a la economía satisfarán sus renacientes exigencias. Pero llegará un instante en que ya no baste, supuesta la mala distribución actual del oro. (Si se rectifica, s erá otra cosa, pues el crecimiento del stock oro y el de la producción siguen hasta ahora curco paralelo. ¿Qué hacer entonces? Las conclusiones de los rapports provisionales, descontando una próxima penuria de oro, pugtíaban en realidad por crear un régimen de moneda convencional, emancipada del oro. Según Nogaro, eran unas conclusiones prácticas y sabias, que harían nuestro sistema monetario cada vez más independiente de su base metálica Según A l l i x la reforma sería doble, afectando, de un lado, a los billetes de Banco, para liberar en lo posible las reservas metálicas de los Bancos centrales, y del otro a los procedimientos de crédito, que se perfeccionarían a fin de realizar nuevas economías de numerario E l rapport definitivo rectifica en parte a los provisionales. Porque éstos recomendaban a todo evento el gold schange standard -que es el medio más eficaz, hasta ahora conocido, para economizar oro- -y aquél lo admite en dosis mínima y con toda circunspección. Pero, en lo fundamental, mantiene la línea esbozada en 1930 y 1931. Se traía, pues, de restaurar el patrón oro; pero con la menor cantidad posible de oro. Estamos ante una paradoja, que tiene miga y salsa. L a paradoja puede dejar de serlo, puede trocarse en hecho saludable y optimista. P a r a ello precisan dos condiciones: ingenio en el mecanismo y confianza en el ambiente. S i se logra el primero y se provoca la segunda, el patrón oro reaparecerá con juvenil lozanía. 1 MÁXIMO EL LLANTO. D E L SR. O S S O R I O L o s Sres. M a r c h y Emiliano Iglesias fueron declarados incompatibles con nuestra pintoresca Cámara de Diputados por un supuesto intento de cohecho. Antes los puritanos que la forman hubieran rasgado la toga pretexta, arrojado el acta al arroyo y renunciado a las dietas y a los cargos que permitir que a su lado tomasen asiento tales monstruos. E n cambio, esta Cámara, que rechaza a dos representantes de la nación por supuesta tentativa de un delito, que hasta ahora no ha podido comprobarse, convive con los que ponen en peligro la integridad de la P a t r i a que se asociaron contra ella para una guerra c i v i l que en la H a bana acordaron la Constitución de Cataiuña independiente; que el 14 de abril traicionaron a la República; que en la Habana, en Buenos Aires, en L i m a y en Santiago de Chile son gratos- -y más de uno contribuye, a su sostenimiento- a unos libelos en que no hay número sin injurias graves y groseras para España; que en Cataluña han laborado y laboran por enemistar a los catalanes con el resto de los españoles; que felicitaron calurosamente a A b d- e l- K n m cuando el desastre de Annual y la carnicería de Monte A r r u i t que han renegado de su condición de españoles, diciendo bien alto que no lo son ni quieren serlo; que piden la autonomía como base para mayores l i bertades y que no serían diputados por Cataluña si no fuesen separatistas. A u n hay quien, de píe en su escaño de
 // Cambio Nodo4-Sevilla