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A 3 C. M A R T E S 26 D E J U L I O D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 21. Jaraás estuvo la Iglesia tan dispuesta a reconocer el derecho del Estado español. No lo hicimos y lo que se hizo fué perseguir a una Orden religiosa y nacionalizar sus bienes con detrimento de la justicia, pero dejando vivo y subsistente el espíritu para que fructifique a la hora menos pensada en daño de todas aquellas instituciones. Queréis prohibir a las Ordenes religiosas y a las Congregaciones el ejercicio de la enseñanza, de la industria y del comercio. Y o decía, ¿pero qué leerán esos gobernantes? ¿Pero dónde están esos gobernantes? Porque el problema nuestro lo tuvieron otros pueblos que se fueron preparando mucho mejor que nosotros para dar una solución cuando se encontraron con la formidable enemiga que representaban las Congregaciones religiosas; lo que hicieron fué determinar un régimen jurídico para estas Congregaciones, distinto de las Asociaciones, por lo mismo que las Congregaciones representan la perpetuidad del voto, suprimiendo en cierto modo la libertad individual. La fórmula de Maquiavelo que se sirvió para justificar todas las tiranías No se ha querido hacer así. No se ha hecho así. Y o recordaba que una buena tarde se levantó un señor ministro, que hoy es el jefe del Gobierno, y entre aplausos de la mayoría nos dijo, que este problema de las Congregaciones no tenía solución posible, porque había un conflicto entre el interés público y las libertades, y que ese conflicto no se podía resolver más que buscando como fórmula la salud del Estado. ¡Y le aplaudieron eí noventa por ciento de los que se llaman republicanos! Y yo en aquel momento estatsá recordando que esa. fórmula de la salud pública es la fórmula célebre de Maquiavelo, que sirvió siempre, para justificar todas las tiranías, y aquellos republicanos inconscientes no se daban cuenta del peligro, porque hoy. esa fórmula puede servir para expulsar a las Congregaciones para prohibir a los católicos el ejercicio de la enseñanza. Si mañana por sufragio cambiara la estructura de esta institución republicana y esos elementos de la derecha ocuparan el Poder, utilizando igual fórmula que los elementos de la izquierda, podían prohibir a todos los librepensadores el ejercicio de la enseñanza con detrimento del país. (Muy bien. Grandes aplausos. Antes de proclamarse la República de Trabajadores se debió dar trabajo Alude al precepto que declara España es una República de trabajadores, y dice: ¿No sería mejor, amigos, que en vez de todo esto se hubiera hecho una labor de Gobierno eficaz que, aprovechándose de las circunstancias favorables de España mantuviera nuestro crédito, consiguiera el afianzamiento de nuestra riqueza, desenvolviera la industria, haciendo que vinieran aquí, dado el estado del mundo, muchos que aspiraban a la tranquilidad y al progreso para sus negocios y que al amparo de esto viéramos a los trabajadores honrados y enaltecidos por el trabajo, obteniendo una satisfacción a sus legítimos anhelos? Observando que la República no les provee de aquel auxilio que era indispensable para su vida, tienen que sentirse decepcionados. La Propiedad y la concesión quiritaria A poco, después de esto, se declara que era necesario modificar la propiedad; eso de la propiedad quiritaria es una frase que está constantemente en los labios de todas las personas, incluso de las más indoctas en Derecho. Esa propiedad quiritaria es una antigualla. ¿Propiedad quiritaria... Los siglos han determinado una evolución en esta propiedad y la propiedad es una función social, y aquellos derechos que integraban su contenido y que los que tenemos el encargo de adoctrinar a las gentes enseñándoles en la cátedra, diciendo que estaba integrada por el Jus utendi, jus abntendi, jus fruendi y jus vindicandi... ¡O h! Esos derechos ya no existen, sobre todo el jus abuíendi, y es preciso destruir por completo esa concepción antigua que compromete la paz social y asegura los intereses dé los privilegiados. L a ignorancia es el peor de los enemigos, porque en los tiempos en que yo ensañaba y aún en los tiempos en qué era discípulo, de alguien que me enseñó a mí, ya sabía yo que esa concepción quiritaria no existía ni en Roma. ¿Es extraño que con afirmaciones como éstas hechas en la Constitución resulte desvalorizada la propiedad del suelo español y de las fincas urbanas? Yo leía hace pocos días en una revista financier? consagrada al estudio de estas cuestiones; que la propiedad en España había perdido el cuarenta y tres por ciento de su valor. E l cuarenta y tres por ciento de su valor por esas medidas absurdas, injustas, incoherentes, que empezaban con una revisión de arrendamientos para rectificar al día siguiente sin indemnización previa. ¿Creéis que la República ganó algo con esto? ¿Creéis que la República puede beneficiarse con esto? De ninguna manera y ha resultado lo que todo el mundo sabe. La República ha envejecido cien años Lleva un año de existencia la República, aclamada fervorosamente por el pueblo, que reverenciaba la legitimidad de su origen, traída por la espontaneidad del voto popular. Lleva un año, y si en los albores de su existencia tenía el asentimiento fervoroso de todo el pueb j, en un año parece que la República ha envejecido cien. A esta hora aquel fervor se disipó. A esta hora aquel entusiasmo se h a desvanecido y la República, es inútil negarlo- -no la Repúbli- ca, el Gobierno que la rige- -tiene en sd contra, primero, los militares; después, los funcionarios; más tarde, los comerciantes, los capitalistas, los católicos. ¿Quiénes quedan para defender la República? Si todo esto es una línea de enemigos, que en determinadas circunstancias puede engendrar el peligro, yo pregunto: ¿Quiénes defienden la República? Los partidos que están en el Poder nd. representan lo bastante. Los hombres que están en el Poder, tampoco. ¿Dónde está la fuerza, la autoridad y el prestigio, para contener esos posibles disturbios, que pongan en peligro una institución fundamental, que responde a nuestras esperanzas, y que ha sido aclamada fervorosamente? ¿Dónde están? ¿Ha envejecido la República por los desaciertos que de buena se han cometido? No lo sé; lo cierto es que no tiene hoy aquel ara biente propicio que tuvo en sus comienzos. ¡Las Cortes, divorciadas del país, no res ponden a sus anhelos ¿Sabéis por qué? Porque las Cortes, estas Cortes tan ponderadas por algunos, tan enaltecidas por algunos, estas Cortes se han divorciado en absoluto del país, no responden a los anhelos del país, contradicen los anhelos del país. Yo tuve la fortuna, o el desacierto -no sé cómo calificarlo- -de decir a los pocos meses de haberse aprobado la Constitución, que las Cortes estaban divorciadas del pueblo español, que la prolongación abusiva de su mandato las convertía en Cortes facciosas. E l público aplaudió estrepitosamente en el teatro de la Comedia aquella afirmación, lo que demuestra que yo respondía al sentir del pueblo. Después, lo que yo dije entonces lo repitieron los jefes y caudillos ilustres de agrupaciones parlamentarias, y a esta hora el jefe dí la agrupación republicana más numerosa en el Parlamento declaró que el Gobierno y las Cortes están divorciadas. Y un ilustre