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¡HARIO DO. S 1 M 10 ILUSTRAV 1 GEO DIARIO DO. ILUSTRAV 1 GE- AÑO AÑO OCTAV SlMOCTAVO 10 CTS. NUMERO CTS. NUMERO F U N D A D O E L i D E JUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A DE PASO POR PARÍS vulgar, de rasgos más bien toscos y duros, sólo por la inteligencia y el tesón ha sabido encumbrarse este verdadero hombre del pueblo. U n- francés de raza. Pero- de ia otra raza A la cabecera de L Aclion Francaisc aparece la perpetua frase desafiadora Cuarenta reyes, durante mil años, han creado a F r a n c i a Es verdad. L a crearon cuarenta reyes con una noble y fina raza de caballeros. Y crearon una F r a n cia tan gloriosa, tan grande y profunda, que la Francia actual, en cierto sentido, no hace otra cosa que vivir de la rica herencia, del noble y magnífico patrimonio legado por la Monarquía. Esta es la sabiduría del régimen republicano francés, que, no pudiendo repetir la cultura y la historia de gran estilo democrático de la época antigua, se esfuerzan por continuar, en estilo burgués y democrático, la historia de Francia. Y hoy, en efecto, la voz de Francia pesa en el mundo con el mismo poder que en tiempo de Luis X I V Y como quien no hace nada, como a la chita callando y perseverantemente, en poco más de medio siglo se ha levantado Francia con el imperio colonial más rico y extenso después del de Inglaterra. Por eso Inglaterra y Francia, a pesar del mundo de diferencias que las separa, pueden, cuando llega el caso, entenderse tan bien. Son Jas dos naciones cansadas de poderío, como si dijéramos. Todas sus ansias de posesión están colmadas, junto a las otras naciones insatisfechas, como Italia y Alemania. También han sido colmadas sus necesidades políticas y. sociales, su deseo de un liberalismo sabio y oportuno, frente a un tipo de pueblo como Rusia, que se debate en el dramatismo angustioso de querer inventar de pronto un nuevo y total género de vida. Herriot ha sabido comprender y aprovechar el momento con ese profundo y firme patriotismo y esa plena aceptación de la responsabilidad histórica que nunca falla en los políticos franceses, sean monárquicos o republicanos, de la fina raza de los caballeros antiguos o de esta otra raza de los plebeyos duros, inteligentes y tenaces. LISTA DE CORREOS A l visitar de nuevo estas latitudes, y con ampliación del itinerario, otra vez encuentro las naranjas. L s había en Brcmen y en Edimburgo, y, ahora mismo, aquí, a bordo, las tengo al alcance de la mano. Pero, ay! no son valencianas. Son de las besadas Por el sol, según se califican a sí propias, con la marca iegible en su corteza: Simkist. Proceden, en suma, de California. Y a sé, ya sé, querido Teodoro, que tú. A l llegar a París me encuentro a F r a n y otros significados naranjeros habéis llecia poseída por dos únicas preocupaciones vado a nuestros huertos la variedad amerinacionales: los trabajos políticos de H e r cana dicha Washington, y que el magnífico riot... y la gran carrera de bicicletas. fruto, no sólo se aclimató, sino que, sin meNosotros, los españoles, no conocemos el noscabar ni su volumen n i su brillantez, admirable fenómeno que ofrecen los granadquirió sabor y perfume. Se repite el mieles diarios sirviendo durante una semana lagro sucedido con aquellas cepas, que el la mitad justa de sus páginas con los poremperador Carlos trasplantó del Rliin a los menores de una vuelta a F r a n c i a en b i- alberizos del, Guadalete, y de las que descicleta. Nosotros empezamos por considerar de entonces debemos los más genuinos cala un hombre en bicicleta casi tan ridículo Entre tanto París está llenándose de gendos jerezanos. como a un nombre pescando con caña. Y tes de color. E l barrio Latino, sobre todo, que me perdone el admirado Bagaría, camsugiere- la impresión de un puerto de escaL a Washington española supera a la yanpeón, según dicen, en la pesca de caña. Y la de Oriente. Allí menudean los chinos, qui, habiéndose quedado ésta para los procuidado que pesan actualmente sobre F r a n los japoneses, los malayos, los argelinos, fanos en la materia, como, por ejemplo, cia, problemas y conflictos de regular traslos levantinos, los negros, mulatos y cuar- -se reserva a las damas y a los no bebecendencia. Pero el francés, maestro, en el terones, posesionándose de la calle y de las dores el champagne dulce. arte- de saber, vivir, tiene, sin duda, tiempo terrazas de los- cafés como si la ciudad fue- Concedido. Y concedido también que nos- para, todo, para emocionarse con el ridícura suya. Vienen a estudiar, a absorber y otros vendemos toda la cosecha, v. más que lo de, un campeonato de bicicleta, para pesasimilarse la cultura occidental. Para rom- diese te. -Ribera. la inagotable. P e r o i en car con caña, y para estar, como ahora misper cada vez más los lazos dé subordina- -qué, condiciones sale al mercado? ¿Y qué mo, modelando hada menos que el porvenir ción y dependencia; para igualarse- cada vez- pensar en que, hallándose l a Península tan de Europa. más con los occidentales... S i n duda él p o r- cerca de estos países, nos vayamos dejanHerriot. N o veo. más que a Herriot por venir de la raza blanca no se presenta der do ganar terreno por California, con su masiado halagüeño. propaganda, su actividad, su esmero, hasta todas partes. Retratado. en. los periódicos, con ei arbitrio de escalonar la producción, exhibiéndose ern los noticiarios de l o s t i JOSÉ M S A L A V E R R I A con lo que no faltan naranjas en ninguna fies, discutido y- comentado en los artículos época del año? e informaciones de la Prensa. E s él hombre, del día. Y el político que pasa por un Todavía no maduraron las de Valencia, momento de buena suerte. Su intervención E l público debe leer diariamente v. acaso por esto- la invasión californiana. en Lausána y su pacto amistoso, con I n g l a- Sin embargo, vo no me conformo, v ante térra le h a n proporcionado un completo y nuestra sección de anuncios por cada montañuela de wáshingtons me da como bien merecido éxito. rubor. Y siento un despecho absurdo. E l Nadie mejor que él podría representar el palabras clasificados en secciones. que inspiraría, no una derrota, sino un atropello. (O una claudicación. espíritu, el tono y la madurez lograda ele En ellos encontrará constantemenla tercera República. N o hay más que m i FEDERICO GARCÍA S A t Y C H I Z rarle es el tipo exacto de la madurez rete asuntos que pueden interesarle. publicana. Físicamente plebeyo, un tanto Rumbo a Islandia, julio, 932 a Tanto 1 c habían ponderado a uno las penurias que afligen a los pueblos más principales de Europa que al llegar a París yo esperaba contemplar, lo condeso, una ciudad poco menos que en bancarrota. Y lo cierto es que París, si sufre penurias, no hay duda que sabe disimularlas. E n cuanto a Francia, desde la ventanilla del vagón podían abarcar los ojos la belleza y la abundancia de ese campo en plena madurez estival, único en Europa por la variedad fecunda de sus cultivos. Mientras posea Francia el tesoro de esa tierra y las v i r tudes laboriosas y ahorrativas de sus fuertes hijos será difícil que la miseria tome formas espectaculares. N o todavía no han llegado en París al espectáculo de los obreros con la sábana extendida, por las calles. E l aspecto exterior de las cosas no sufre un cambio excesivo. L a ciudad sigue trabajando con el tesón de siempre, y, en último caso, digan lo que quieran las estadísticas, nunca faltan caravanas de ingleses y norteamericanos que se encargan de dar, con sus autobuses turísticos, la sensación de feria i n ternacional que ha adquirido París desde los años de la guerra. E s claro que si a cada francés le exigiésemos un balance particular, de sus negocios, la cuenta ofrecería un déficit bastante sensible, y en algunos casos desastroso. L o s joyeros, los modistos, las tiendas y los hoteles de lujo... Bien, pero París sabe disimular y, sobre todo, resistir. P a r a cuando fracase la reserva del famoso bas de lame del viejo, espíritu galo el mundo entero habrá tenido que hundirse en una total y bíblica miseria. Nueva guerra de las naranjas A Teodoro Llórenle en Valencia. y Falcó, Hace años, querido Teodoro, anduve por estas latitudes, y no cesaba de surgir a mi paso el recuerdo de Valencia, en forma tan pintoresca como imponente. Entre las viejas y negras arquitecturas góticas refulgían los montoncillos de naranjas, -cada una con su envoltura de papel de seda, donde en letras de oro veíanse el nombre y la residencia del exportador. M e gustaba deletrear las palabras dialectales, imaginándome que los. cosecheros de Carcaixent o de Alsira contemplaban su triunfo. P o r que lo era ése de que, gracias a sus envíos, no se acabase del todo la luz en los inviernos germánicos, ingleses, holandeses, belgas, escandinavos... Una. tarde, en B r u jas, fué una muchacha de ojos y pe o negro, rarísimo privilegio en Flandes, quien me vendió unas naranjas; unas naranjas con el color de la capa del abuelo involuntario de mi amiga, aquel señor capitán...
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