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A B C. J U E V E S 28 DE JUL I O D E 1932. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. EL ASESINO D E DOUMER ES C O N D E N A D O A MUERTE Probablemente será ejecutado dentro de un mes París 28, 1 madrugada. (Crónica telefónica de nuestro redactor. Tercera y última audiencia del proceso Gorguloff. Irrespirable la atmósfera de los pasillos y l a atmósfera de la sala. L a expectación reviste semblante de solemnidad. L a celeridad de cosas y. personas es tal, que el servicio de orden se agarrota inmovilizado, sin extralimitaciones que corregir. N o obstante, algunas mujeres- -ellas, ellas siempre- -han logrado, ¿cómo? filtrarse insidiosamente a través de los gendarmes, y tomar asiento en el banco de los testigos. E l defensor pide a la Sala que formule al Jurado las dos preguntas siguientes: ¿Consta que en el momento de su crimen Gorguloff sufría demencia? ¿Consta que fué empujado al crimen por una fuerza a la que no pudo resistir? A s í los Jurados podrán pronunciarse sobre la locura o la sanidad del procesado. S i lo diputan loco, desaparecerá engullido para siempre por un Manicomio. Los jurados- -objeta el procurador general- -no tienen por qué decir si Gorguloff mató al presidente de la República, sino si es culpable de haber matado al presidente de la República. S i juzgan que el acusado es loco, bastará con que respondan negativamente a aquella pregunta. Y sobreviene una escena relampagueante, escalofriante, el único minuto que a lo largo de l a vista ha ensartado en una misma emoción a jueces, testigos y relatores. L a esposa de Gorguloff, i n significante, poquita cosa, un hipo de sollozos convulsivos, sofocados con un pañuelo, llega hasta la barra. Perdón murmura el procesado. Y eíía se va dócil al presidente, demudada también: Piedad, señores, para una criatura que va a nacer musita la mujer. Llega el turno a la acusación, grave, ampulosa, elocuente: L a requisitoria del procurador general dice a s í E s la segunda vez que, desde su fundación, la tercera República conduce a la tumba el cadáver de uno de sus jefes, asesinado. Consuélenos, al menos, saber que así en Lyón como en París, fué la que mató una mano extranjera. E l ex cosaco Lazaref ha reconocido formalmente en Gorguloff a un chequista. Su declaración me ha parecido sincera, pero yo admito que la prueba de que Gorguloff pertenece al partido comunista no es terminante. Y o creo que se trata de un sádico, de un simulador. E s el Rasputín de la emigración. Se traicionó, sin embargo, ayer, cuando al oír que un médico aconsejaba que no se lleve a la guillotina, rompió a llorar con lágrimas de alegría. E l acusado: ¿Pero ha leído usted m i programa político? (Risas. E l presidente: Cállese el procesado, si no quiere que los gendarmes le saquen fuera. E l procurador general: L a nación esper a en silencio, señores jurados, vuestro veredicto. L a mano de un asesino extranjero ha enlutado nuestra bandera. Vuestros predecesores se deshonraron concediendo a R a vachol circunstancias atenuantes bajo el i m perio del miedo. N o imitéis aquel ejemplo bajo el imperio de la sensibilidad. E l defensor, un veterana del Foro, anuncia que no buscará un éxito oratorio. Sería el primero de mi carrera. (Risas. N o somos mercaderes de la palabra, sino auxiliares de la Tusticia. Recuerda las diversas fases de la vida del acusado. (Este, hundida la cabeza entre las manos, solloza. Existió en los cimientos de su crimen el extravío de una pasión patriótica. Y o hubiera comprendido su linchamiento fulminante por la multitud, pero ahora hace falta juzgarle, no castigarle, o si no despojaos dé vuestras togas rojas, señores magistrados. Con toda sinceridad os digo que existen circunstancias atenuantes. Concededlas, al menos, en gracia a su mujer. Dentro de dos meses nacerá un niño. A c a so el mismo día en que su padre suba al patíbulo. E s monstruoso, es sheakesperiano. Este hombre es un anormal, un loco. N o le podéis condenar. (Gorguloff murmura: Basta y a que corten la cabeza L a memoria de Paul Doumer será más grande si su muerte sangrienta no hace derramar más sangre. Requerido por el presidente, Gorguloff se levanta ante el banquillo. Se ha arrancado durante el discurso del defensor el cuello y l a corbata y se ha desgarrado l a camisa. Monótonamente, infatigablemente, repite: H a n matado m i idea; ya no hay justicia, se acabó. Y de improviso, apretando las mandíbulas y avanzando el puño tendido hacia el médico forense, g r i t a E s tos médicos son unos criminales. Los gendarmes le. sientan a viva fuerza, y el presidente da lectura a las dos preguntas sobre las cuales van a deliberar los jurados: ¿Gorguloff es culpable de haber dado voluntariamente muerte a Paul Doumer? ¿E l crimen fué cometido con premeditación? E l Jurado delibera treinta y cinco minutos. L a respuesta, doblemente afirmativa, cae en un silencio pesado. E l acusado aparece sostenido por los gendarmes. Oye l a respuesta del Jurado sin parecer comprenderla. Como su abogado y defensor le explique el sentido del veredicto, g r i t a T e néis el derecho de matarme, aunque haya luchado por salvar a Francia. E n cambio los alemanes, que mataron muchos franceses, continúan en Francia. E l procurador general me ha deshonrado antes de m i muerte pero hasta la guillotina seguiré diciendo N o existe justicia. Que me fusilen como un soldado en el campo de honor Después de unos minutos de pausa, el presidente dice: S e suspende l a audiencia y los magistrados se retiran a redactar la sentencia. E n el ínterin, el procesado dice a su abogado defensor: N o tengo miedo, moriré tranquilo. Cinco minutos después, el primer presidente, Dreyfus, lee la condena de muerte. E l público aplaude. E s una vergüenza- -exclama el abogado defensor, mientras. los guardias empujan al condenado, que avanza como un condenad o- después de la ejecución sabremos quién tenía razón, si el procurador general o y o De los doce miembros del Jurado, diez votaron la condena a muerte. S i Gorguloff se decide a firmar el recurso ante el T r i bunal de Casación, éste decidirá antes del 15 de agosto. S i como parece probable, el recurso es rechazado, el expediente será transmitido a la comisión de Asuntos C r i minales y de Indultos, l a cual, a su vez, se pronunciaría en la segunda quincena de agosto. L o más probable es, pues, que el asesino sea ejecutado hacia fines del mes próximo o en los primeros días de septiembre. Caserío, el asesino de Sadi Carnot, fué condenado a la pena capital el 3 de agosto de 1894 y ejecutado el 16 de agosto del mismo año, pero se había negado a firmar el recurso de casación. -Daranas. CON PLUMA AJENA Don Melquíades Alvarez y las derechas i U n terreno común a todos Con estos títulos, dice anoche Informa ciones: Los periódicos ministeriales han atacado furiosamente a D. Melquíades Alvares, con motivo de su reciente discurso de, Oviedo. Lo han hecho en todos los tonos, sin que contenga su irrespetuosidad el hecho de tratarse de un profesor ilustre y de. un hombre cuyas ideas se podrán discutir- -todas las humanas pueden ser discutidas- pero cuya conducta política, cuyo desinterés, del mando y del Poder, parece que no ofrecen duda. Y uno de los argumentos qué esgrimen contra el insigne tribuno es el de, que las derechas españolas acogen sus manifestaciones con respeto y simpatía. Es, cierto. Pero, ¿significa eso que el señor, Alvares haya hecho dejación de sus convicciones de siempre o que lo hagan las derechas de diversos matices? Nada de eso. La causa es otra. La causa estriba en que. desde el 14 de abril se ha rotó la convicencia, normal entre los españoles. Se realizó pacíficamente un cambio de régimen con la esperanza- -por parte de muchos- -de que ello implicaría la concordia de los espíritus y el comienzo de un período de colaboración entre todos los ciudadanos. Y lo que, se ha hecho es dividirlos en dos castas: una, de triunfadores, de perseguidores; otra, de vencidos, de perseguidos, sin que parezca bastante ninguna vejación para inferida a estos últimos. Se ha perdido aquel terreno, común, donde dialogan o discuten en todas las naciones civilizadas los adversarios políticos. Un espíritu de energúmenos, de bárbaros sin educación y sin cultura, creídos que por la presunción de que les asistía la masa en un momento dado, podían saciar, todos los rencores y todas las envidias acumuladas durante su vida, ha substituido a aquellas normas de convivencia entre todos, los ciudadanos; un trasunto de la selva vir- gen. Y como D. Melquíades Alvarez, sin modificar en lo- más mínimo sus ideas- -y eso que la realidad le daría motivo sobrado y justificado para hacerlo- -defiende también aquella manera de coexistencia entre todos los españoles, es natural que tenga el asentimiento de cuantos empezando por reconocer al adversario la licitud de sus ideas creen lógicamente que debe serles reconocido, el derecho a profesar las propias. A D. Melquíades Alvarez no se le aplaude por liberal ni por antiliberal, por monárquico ni por republicano, sino por algo más simple, más elemental: por hombre civilizado. Porque esa es la paradoja que la vida pública ofrece aquí, y ahora irónicamente que llamen a los demás cavernícolas los que no cesan de insultar y amenazar al adversario político, los que lo han vejado y humillado, mientras han podido hacerlo impunemente; los que ante la mesurada y elevada contradicción que representan las palabras de D. Melquíades Alvarez reaccionan como lo haría viendo amenazada su digestión el hombre de, la Edad de Piedra. Clínica del doctor Morón. Sevilla. Operación de cataratas, estrabismo, glaucoma. etc. Enormes existencias cuartos de baño, cocinas, termosifones. Personal técnico especializado. Industrias Guillen, Resolana, 29. Sevilla
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