Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
como fundamento de nacionalidad lo qué ordinariamente fué extraño. v e r d ó n lector; h a b r á que tratar otro día del nuevo criterio que preconiza conllevar al nacionalismo catalán. VÍCTOR P R A D E R A EL MATCH AZAÑ A- LERROUX Por fin se ha celebrado el tan esperado encuentro, con gran desilusión, por cierto, de los espectadores m á s o menos interesados en el desenlace. N o se ha logrado el knock- out, y si ha habido victoria por puntos más que dudosa no le ha correspondido, ciertamente, al ex emperador del Paralelo, esperanza y mesías de hoy, de algunas clases ex conservadoras inconscientes, egoístas y apáticas, que todo lo esperan de un hombre, llámese Lerroux o Primo de Rivera, HONORIO M A U R A escoltado por la Guardia civil y con puños de hierro para ahuyentar por una temporada la pesadilla ele la revolución social. N o se han convencido todavía esos inocentes de que mientras no sea cada uno de ellos su propio Lerroux no habrá hombre ni fuerza capaces de salvarles de lo que sólo ellos mismos pueden evitar actuando cada cual, según sus medios, con propagandas metálicas o de ideas, que son las únicas eficaces. Traducido al lenguaje común, el debate político ha demostrado lo siguiente: primero, que el Sr. Lerroux no es tan temible como sus admiradores suponían ni tan eficaz como él sospechaba. Para el vulgo ha quedado en ridículo. N o se puede estar amenazando constantemente, no se puede representar el papel de coco político, para que cuando llega el momento de actuar se entere el país de que el coco no tenía nada dentro. U n a sábana, un escobón y una cacerola para meter mucho ruido. Nada m á s A h o r a resulta que el G a r g a n t ú a que se iba a comer crudos a los socialistas tiene un estómago de cesante que se sacia con una croqueta de insidias rebozadas en adulación que le sirvió, maquiavélico, el Sr. Prieto. D e todos aquellos trastornos y fieros males que se pronosticaban para el caso de que no le hicieran ninguno, como, ha ocurrido, ¿Q u é queda? Apenas el recuerdo. Ctaro es que siempre hay una excusa que invocar, un disco que repetir: el supremo interés de la República. ¡A h í pues entonSEVILLA. -Las fiestas en el popularisimo barrio de Triana, con motivo de la ces haberlo pensado antes. Ese interés era solemnidad de Santa Ana, continúan animadísimas. Grupos de asistentes a la el mismo. el día anterior que al día si fruiencaseta de la Filarmónica. te del debate. L a gente no podrá explicarse nunca cómo la causa que le movía a derribar el actual Gobierno precisamente por la salud de la República le aconseja al día s i guiente- resignarse y volver calladito a su rincón, un poco m á s desacreditado. Mala, mala jornada para el hombre ultralaico que se pasa la vida aludiendo al Jordán y al Gólgota. Segunda consecuencia práctica del debate el Sr. A z a ñ a ha demostrado una vez m á s que tiene toda la flexibilidad política de que es capaz una varilla de hierro republicano empotrada en una mayoría de cemento socialista. Aquello no hay quien lo mueva. ¿Razones? ¡Vamos, hombre! ¿Opinión? ¿Y eso qué es? S i resulta que estamos en el mejor de los mundos y que E s p a ñ a prospera, y la industria florece, y el trabajo abunda. ¿E n t o n c e s de qué nos quejamos? De vicio. Nada, lo dicho: aunque no las hayan votado ellas, estas Cortes, aprovechándose de las leyes de la gravedad y de la inercia, hacen que el bloque gubernamental perdure todo, lo que ellas quieran, que no será poco. ¡Ya pueden ir pensando los técnicos de l a política de oposición cómo se puede destruir eso. Desde luego, con arañazos y em- pujones está visto que no. Tercera deducción: A estas horas se hab r á n convencido los elementos moderados de l a República, intelectuales conservadores y apóstoles jurídicos, que se quejaban del desdén y la incomprensión con que les trataba el antiguo régimen, del escaso y poco lucido papel que les está reservado en el actual, a cuya instauración cooperaron tan eficazmente. N o será porque no se les hubiera pronosticado a tiempo lo que iba a suceder. Se les utilizaría conjo banderines, mientras fueran indispensables, para enviarles descués de la victoria, en el caso m á s favorable, al Museo de estandartes. Y así ha sido. N i aun a la sombra de l a positiva fuerza de opinión que accidentalmente parecía i m pulsar al jefe radical han conseguido nada. Y cuando uno de ellos ha querido hacerse oír, sólo ha logrado como respuesta unas frases destempladas o desdeñosas del presidente del Consejo y ún palmetazo del de la C á m a r a como esos que se dan a los niños díscolos o traviesos. E l respeto apetecido, la autoridad soñada, la obligada cortesía para con ellos, el reconocimiento de pasados m é ritos, ¿dónde están? T a l vez sea yo demasiado pesimista y puede que les alcancen a ellos unas gotas de ese chaparrón de conde- coraciones de la nueva Orden republicana que se va a crear. A l g o es al. o. Y para terminar quisiera dirigirme desti- 2 la llanura de mi insignificancia a la cumbre del mando donde reposa el Sr. Prieto para preguntarle por qué siente tanto desprecio por las ideas de los demás. Cree de veras que no se pueden tener ideales sinceros sin caer en el snobismo? L o que ha d i cho el otro día el Sr. Prieto de los m o n á r quicos es p c político. S i somos muchos, oo porque es peligroso. S i somos pocos, porque no es caballeresco. Sin contar con que el Sr. Prieto, que es hombre muy culto, seguramente habrá leído en el Diccionario de la Lengua lo que significa l a palabra snobismo. Allí dice: A d miración infundada por las cosas q u e e s t á n de moda ¿S e entera el Sr. Prieto? P o r las cosas que están de moda. Hace un par de años, lo snob era ser republicano. Q u é ha pasado en España para que la brújula del- snobismo señale ahora otra dirección? ¡E l Sr. Prieto sabrá! Fies ta s e n Triana En la caseta de la Peña Er 77 (Fotos Serrano.
 // Cambio Nodo4-Sevilla