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I n f o r m a c i o n e s y reportajes. A l a s o m b r a d e l o s viejos m o d o s d e l a interviú, c o n G u s t a v o ele M a é r f u e n e l e s t u d i o d e R a f a e l Á g i i a d o E l r e t r a t o d e l m a r a j a h J e P a í t a l a y o t r a s cosas. 0 fe ÜL fe SÉ rafes 3 í Gustavo, de Maeztu, con Rafael Aguado, conversando con César hemios. E n casa de este enterizo aragonés, cordial y tímido, no debe de haber dinero, pero hay unos pinceles honestos y una botella del mejor per ñor d, que a Gustavo Maeztu le ladea esa onda que le cae en su cara, cara de boxeador, animada, abierta, ingenua y expresivísima. -Este estudio de Aguado es mi estudio de Madrid. Cuando vengo por aquí trabajo en sus lienzos, pinto con sus pinceles y ya ve usted... me bebo sus vinos. A su vez Aguado siempre que pinta en Bilbao, vive en mi estudio. E n fin, que Aguado es uno de mis más viejos y queridos amigos. M i r o hacia los rincones del estudio. Siempre los paisajes de un gris melancólico fino. N o veo nada de Maeztu. ¿Y ahora? -A h o r a la autolitografía- -y me señala una mesita donde está preparada la plancha de cinc, en la que ya ha labrado con su buril los seguros trazos del dibujo. (En la reciente Exposición del Círculo de Bellas Artes está vivo el triunfo de Maeztu en el nuevo perfil de su arte, aquél iniciado por Senefelder. ¿Q u é ventajas ve usted, reconocido gran dibujante, en la litografía? Maeztu hace varios gestos antes de contestarme, amenaza por un momento con comerse el puro que se está fumando, y me dice al fin: -M i r e usted, la piedra o la plancha admiten todos los recursos del pintor, del lápiz hasta el pincel, pasando por el buril. Además, se trata de un arte de procedimiento directo, preciso. Después, la reproducción González- Ruano. Cierto poeta desnivelado y estañado de luna baudeleriana, excelente diablo por otra parte, fuera de su afición a pedir dinero, me hizo, una noche, en la esquina del boulevard Montmartre con la calle Vivieune, esta confidencia realmente conmovedora: -Y o hago mis versos sólo para leérselos a una mujer a quien l a poesía y yo le importamos un comino. N i los publico ni los conservo siquiera... Son mi único lujo. Llevo pensando unos seis años en la felicidad inmensa de aquel diablo, verdadero príncipe de las letras, que siendo muy aceptable poeta, era miserable y millonario de sí mismo. Sólo de vez en cuando puede uno proporcionarse el lujo de enamorarse de un tipo de articulo, de libro, de información, y soltarlo P o r lo general, el escritor tiene que pensar en lo que le gusta a los demás y ¡fastidiarse. Bien; este introito descarado es para decir que si yo no hubiera tenido periódico donde publicar cuatro cosas sobre Gustavo de Maeztu, las hubiera escrito lo mismo, y le hubiera leído las cuartillas a un farol. T a n feroz e insobornablemente me interesa el arte y la persona personalísima de Gustavo de Maeztu. A otra cosa. O a otra casa. Porque heme aquí en la casa, en el estudio mejor, de Rafael Aguado, un excelente pintor de escasa suerte, buen paisajista, del que conozco unos lienzos entonados en gris, que me recuerdan la buena escuela de los paisajistas franceses. Aguado tiene un estudio muy simpático, al gue uno mentalmente pone música de Bo- directa del artista que se hace, en amor a su arte, artesano, tiene unas ventajas que no se pueden despreciar, porque existe un cerebro y un corazón en la muñeca, y uno mismo puede sujetar el pensamiento- -esto es, la inspiración- -con el puño. ¿E l color preferido? -le pregunto, relamiéndome de poder encajar esta pregunta encantadora de interviú anden styl. -El negro. P a r a mí existe una armonía monoeorda en el color. Claro que el público parece preferir los colores vivos, y todo se puede hacer sin perder nada de la pureza y sobriedad del procedimiento. Hablamos de muchas cosas. Se desmaya lina tarde litográfica de azules intactos en la barandilla de la terraza del estudio asomado al viejo Madrid. Vamos a hacer aquí una fotografía. ¡Q u e salga aquella torre! L o que tiene importancia es l a torre, ¿eh? -recomienda Maeztu- S i no sale la torre no tiene gracia, porque la torre... (Cuando Gustavo coge estas perras es m á s Maeztu que nunca. Ahora, por ejemplo, hablamos de la E n cáustica. E s lo que más le preocupa a- nues tro pintor desde hace algún tiempo. -Estoy amenazado de ser millonario. Ya he tenido dinero muchas veces; pero, claro, se gasta, ¿comprende usted? -í Hombre, que si comprendo... -Pero lo de la Encáustica puede ser algo serio. ¡M u y serio! Además, no olvide usted nunca, amigo Ruano, que el arte hoy es cemento. L o que pasa es que, claro, han 1