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del tallo floral) regando y rociando inmediatamente las plantas con abundancia, y procediendo a caldear el invernadero a una temperatura que oscila entre 10, 15 y 20 grados. Los rocíos han de ser cada vez más frecuentes, según se vaya elevando la temperatura y la vegetación vaya avanzando. A l cabo de ocho o diez días se empiezan a quitar las esterillas o zarzos, para acostumbrar las plantas a la luz, bajo cuyos efectos se desarrollan también las hojas; la ieni- día se fuerza esta planta durante todo el año, y, aunque, sometida a las mismas normas de cultivo que las anteriormente indicadas, suelen florecer en un lapso de tiempo de doce o quince días. Claro que esto tiene su pequeño secreto, pues se traía de los muguetes vendidos bajo el nombre de muguetes congelados que son plantas sometidas al tratamiento siguiente: ames de llegar la primavera se empaquetan mezclados con aserrín o musgos en cajones de tBO. TÓN DE U N AÑO BOTÓN DE TRES AÑOS llas de posta, que vivían con l a tracción por carreteras y caminos. Con el endemoniado invento de Stepnenson llegó un solo hombre a conducir más toneladas y en más trayecto que cien carros y cien diligencias juntos. Crisis enorme de trabajo y paro de muchos obreros, gran estridencia, ciertamente. L a natural convulsión que traen todos los progresos. Pero al poco tiempo... No era ya muy superior el número de obreros que tienen las Empresas ferroviarias que el de carreteros y conductores que suprimió? L a s fábricas y talleres constructores de máquinas, vagones, carriles y material de otros órdenes; los maquinistas, fogoneros, conductores, jefes de estación, factores, mozos y empleados, ¿no suponen muchos más jornales? Con el tren se- abarató el precio u n i tario del transporte por tonelada y kilómetro; a ese abaratamiento respondió un mayor tráfico de personas y mercancías, el cual aumento respondió gradualmente la mayor extensividad de las Empresas, y con ella la creciente demanda de obreros, sin que pueda admitirse más tope a este crecer del progreso que la total capacidad productiva de una nación. Pues igual, exactamente igual, ocurre con la maquinaria agrícola. peratura entonces- se elevará entre 25 y 30 grados, y los rocíos habrán de darse de seis a siete veces o más diarias, con el fin de mantener una gran humedad, y no olvidándose de rociar, incluso regando, las paredes y mesetas copiosamente. Sometidos a este tratamiento, los muguetes florecen con relativa rapidez, y el- lapso de floración disminuye según la época en que se fuerza la planta, se acerca de la de su vegetación normal. P o r ejemplo, los muguetes plantados en noviembre suelen tardar cinco o seis semanas en florecer, los plantados en enero tardan un mes, los- forzados en febrero aproximadamente veinte días, y así sucesivamente. Hemos hablado, aunque escuetamente, debido al poco espacio, de la forma de forzar el muguete que ha llegado a su época de total desarrollo o madurez; pero hoy madera de una cabida de 1.000 y 2.500 botones de muguete; una vez tapadas cuidadosamente, y antes de que llegue su época normal de brotación, se meten en unas cámaras frigoríficas a una temperatura bajo cero; de esta manera cuando llega la época de florecer, como estas plantas se encuentran bajo los efectos de un invierno artificial, no vegetan, y como quedan así durante todo el verano, a la llegada del i n vierno, cuando son sometidos al cultivo forzado, florecen en un tiempo relativamente corto, por encontrarse atrasados de una floración y hallarse al ser trasladados en plena primavera, siendo ésta la razón del porqué en los países extranjeros tienen disponibles estas simpáticas florecidas durante todo el año. JULIO S P A L L A Floricultor. EL OBRERO Y LA M A QUINA AGRÍCOLA Asistimos recientemente a la recepción como académico, en la de Ciencias de don Mariano Fernández Cortés, sabio matemático y honra del Cuerpo de Ingenieros A g r ó nomos. E l ilustre académico ingeniero de Caminos D José María T o r r e j a contestó al discurso del Sr. Cortés con otro, tan adecuado y científico, como oportuno y lleno de realidad. Ambos trataron de la maquinaria agrícola, y recordaba el Sr. Torroja el divino anatema Comerás el pan con el sudor de tu frente, y decía que todos los esfuerzos que en el orden material viene haciendo la Humanidad son para relevarse de ese anatema, o para dulcificarlo al menos; es decir, para ganarse el pan... sin sudar o sudando lo menos posible... Pero he aquí que, llegados a un punto en el que nos creemos alcanzar con la mano la cumbre del progreso, surgen unas ideas y unos hombres, que bajo la soflama de defensa del obrero... proscriben, precintan y hasta destruyen la maquinaria agrícola, que parecía redentora, no ya sólo en el orden económico, sino en el de dignificación y comodidad del trabajo; y aquí de la gran sorpresa del hombre culto y del discursantc. Placer. ni pensar siquicra nada que perjudique al obrer o nunca. Hacer ni pensar nada contra el progreso... jamás. Y ante este tremendo dilema expuesto, el Sr. Torroja, que parece dejar la solución a un próximo futuro, eroquiza, sin embargo, borrosamente una idea suya, y deducíamos nosotros que no cree en la incompatibilidad entre la maquinaria agrícola y el interés del obrero, y que para él, por tanto, está resuelto y decidido el dilema... y para nosotros también. L a máquina agrícola no puede proscribirse; muy. lejos de eso, debe tenderse a su más extensa aplicación, en pro de muchos intereses; pero, particularmente, en interés del obrero agrícola: dignifica el trabajo del obrero, para hacerlo más inteligente; lo hace más cómodo el trabajo, y permite siempre mejor retribución al obrero. A la corta, en caso y lugar determinados, la máquina implica menor número de obreros quita, por tanto, jornales, ¿qué duda cabe? S i un hombre siega con una hoz 15 áreas de siembra, y ese mismo hombre, subido en el asiento de una segadora, siega dos hectáreas, no hay duda que se han suprimide 12 jornales, Ocurre, sin embargo, una pequeña observación: si proscribimos la segadora, porque con ella se quita trabajo a 12 hoces, ya que la máquina siega lo de 13 hombres, ¿por qué no proscribir la hoz frente a la navaja, que siega mucho menos y hace necesarios más obreros? Y así siguiendo, y mirando siempre el interés del obrero, ¿poiqué no suprimir también la navaja frente al repizco o la uña, medios de siega por los cuales sería infinito el número de obreros necesarios... Y en. otras operaciones agrícolas, ¿por qué proscribir la trilladora a título de que quita (según parece) jornales de era, comparando su trabajo con el del trillo? Igual se podría proscribir la Singer frente a la aguja de coser, y el torno para confeccionar palos de silla frente al cortaplumas. Proscritas todas las máquinas, para abrir paso a los primitivos procedimientos de l a edad neolítica, no habría quién produjese trigo, ni tejidos, ni sillas, ni nada. Tal vez un ejemplo exprese mejor que muchos razonamientos lo que queremos significar y divulgar con este artículo. E l tren: hace ochenta y cinco años no era conocido en España; era enorme el número de carreteros, conductores de d i l i g e n c i a s calesas, si- Imaginemos por un momento la España progresiva que alcanzó al fin el pináculo de su progreso en agricultura, aumento de la extensión productiva por el adecuado empleo de máquinas y procedimientos aumento de la extensión regable por la consecución práctica de los proyectos hidráulicos, intensificación del cultivo para producir más unidades y a menor precio unitario, intensificación de la ganadería, aprovechando debidamente los terrenos ganaderos, seleccionando razas y empleando los modernos medios y sistemas, de alimentación e higiene; con el incremento de esas dos riquezas constitutivas, el consiguiente aumento de las industrias agrícolas y de las fábricas, talleres y almacenes para construir tractores, arados modernos, segadoras, trilladoras, sembradora, c u l t i v a d o r a limpiadora y los múltiples artefactos y aparatos de la terapéutica agrícola, profusión de almacenes dé abonos, de insecticidas, escuelas a cientos de capataces, mecánicos, enólogos, elayotécnicos, etc. etc. mucho para obtener grandes cantidades de productos hasta el tope de la capacidad territorial y climatológica, hoy desconocido; mucho para que esos productos lo sean ai mínimo precio posible, necesidad que obliga l a competencia mundial; mucha gente y mucho d i nero, al fin, para el. negocio agrícola, que sería entonces un buen negocio... ¿Habría muchos obreros parados? ¿O más bien faltarían obreros? Probablemente habría muy pocos obreros que cavasen la tierra comiendo su pan al máximo sudor de la frente. Posiblemente habría muy pocos, seres que tuviesen que ganarlo recibiendo en plena canícula l a descarga solar a pleno día subidos en un trillo o dando vueltas a la parva; tal vez tampoco viéramos al pobre segador a mano en las largas horas de un día estival encorvado y sudoroso de efectuar la más ruda y penosa faena que soñar pudo como castigo el más- cruel inquisidor, y todo por un jornal que, aun siendo imposible para quien ha de pagarlo, es corto y pobre para llevar las precisas necesidades de vida del que lo percibe. No, no existirían esos r u dos trabajos, que colocan al hombre t n l a condición del bruto; esos trabajos, para los que es exigido el máximo sudor para obtener el mínimo de pan. N o hay que temer a la máquina, ni odiarla, ni proscribirla; por cada jornal que suprima hoy, ha. de dar veinte jornales mañana. L a cuesión es progresar. MARIO G O N Z Á L E Z Ayudante del RUIZ VERDEJO Agronómico, Servicia
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