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U N A FUNCÍOX D E CALA FBMBNIIÍA ningún higienista ha prometido eso. P e r o está fuera de duda que todo ejercicio muscular, hecho al aire Ubre y con método, repara el marasmo celular mediante un riego sanguíneo mejor oxigenado. L a simple gimnasia respiratoria basta en muchos casos ara corregir desfallecimientos nervio sos, que, por lo rebeldes, llegan a asustarnos. Volviendo al pudor, yo no sé si h a Ranado o ha perdido con l a generalización del deporte femenino. E s o podrían decirlo las mujeres. E n primer lugar, ¿qué es el pudor? Y o lo definiría como sentimiento de repugnancia por toda extratimitación de l a honestidad en palabras y en actos. E l valor del concepto depende de nuestro ideal de vida. P a r a un pagano, el pudoí- es un prejuicio. P a r a un católico, ea un freno. A h o r a b i e n yo creo que l a Humanidad no empieza a ser interesante hasta que se limita. V e n cer un impulso o moderar una tendencia contrarios al bien general es acreditar una superioridad. L a máxima epicurista de t) ue hay que buscar el placer por todos los medios es inmoral. 1 placer obtenido por l a v i o lación de un precepto moral o religioso es casi u n delito. E l que no tenga una sanción en la ley escrita no disminuye su gravedad. N o se dice nada nuevo asegurando que el incremento de los deportes ha venido á coincidir con una exageración del sentido pagano de l a vida. L a gente va hoy al encuentro del bienestar con menos escrúpulos que antes. Y a no se entregan al ascetismo más que aquellas personas que creen ser gratas a D i o s con la privación del goce material, o las que consideran la sobriedad conveniente para su salud. L a afición al deporte ha traído el gusto por el alcohol y por el tabaco, que antiguamente era privativo del hombre. A h o r a la mujer bebe y fuma como nosotros y se permite otras licencias más peligrosas. Esto no significa tue el deporte degrade a l a mujer n i mucho menos. Antes al contrarío, parece demostrado que toda expansión muscular es un derivativo del desasosiego nervioso. L a neurosis no viene jugando al tennis, sino con la ociosidad, que Introduce gérmenes perturbadores en l a imaginación. P e r o los timoratos no se dan a partido. Desde el momento en que el deporte obliga a lá mujer a descubrir lo que antes solía velar, califican su libertad de movimientos de pecaminosa. Y o creo que exageran. E l aire, el sol y el agua, al entonar los m ú s c u l o s disciplinan nuestra v i da mental. L a desnudez puede ser de una castidad irreprochable. Además, i por qué ese odiu al cuerpo, que es tan hechura de Dios como el espíritu? Con hacer buen uso de él hemos cumplido nuestro deber. P o r o t r a parte, el observador menos penetrante habrá advertido que todas las formas de la libertad son simultáneas. E l que piensa sin trabas quiere moverse sin limitaciones arbitrarias. L a mujer, a l conquistar sus derechos políticos, no se allanaría a que el hombre condicionase sus recreos. S i puede i n fluir ett las leyes, ¿por qué no ha de ser dueña de sus- músculos? E l vocablo subordinación ha p e r d i d o gran parte de su carácter, quedando reducido a su significación militar. E l hombre y l a mujer son dos consocios, dos amigos y, en ocasiones, dos aliados pero el sentimiento de jerarquía ha desaparecido de l a relación conyugal. Y o tío me pronuncio sobre l a eficacia cíe esa evolución de las costumbres. Testigo del espectáculo social, me limito a hacerla constar, MANtm B U E N O JUGADORAS D E R U G B Y (FOTOS MEURISSE)