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UNA RELIGIOSA... DOS NIÑAS... GONZALEZ- RÜASO... PREGUNTAS INDISCRETAS Y R E A L I D A D E S T R I S T E S STE robó un huevo, éste lo partió, éste lo batió, éste io frió y este picaro gordo... ¡se lo comió! Y se ríe la niña en mis brazos, llenando de alegría aquellas paredes lóbregas que nos rodean. L a niña es muy bonita, es muy fina, es muy viva. Se llama Isabel, y yo la d i g o -Te llamas Isabel y tienes nombre de reina. Eres Isabel de E l Pardo. L a niña me mira, -con sus grandes ojos atónitos, con sus ojos de carbón- tozudo, negro y alegre, negromadriles. ¡Se llama Isabel y es tan bonita... Tiene Isabel cuatro años. Cuatro años con delantal blanco. E l de antalito blanco que la ha puesto una monja para eme salga guapa en la fotografía que Z e g n le hace, asegurando que va a salir un; pajarito de sus bigotes. P e r o be dicho que Isabel alegra con su risa blanca de tiernos. dientes blancos las paredes lóbregas que nos rodean. Así es. Mañana estaré pronto a elogiar el A s i l o de E l Pardo cuando, por fin, terminen las obras en que se han metido. Pero ahora es difícil ponderar esta provisionabilidad en que los asilados se encuentran, esta provisionabilidad en la de que han de permanecer aún- -y esto es terrible- -más de medio año. Veamos. A h o r a los chicos están, instalados en un antiguo caserón conocido en el sitio de E l Pardo con el nombre de Casa de Infantes. E l local que ocupan los niños es una nave que se encuentra a unos cinco- metros bajo el nivel de la carretera, con la que comunica por varias ventanas pequeñas que a ras del sue o han dé estar o cerradas, en cuyo caso l a nave, que fué uña cuadril, no tiene ventilación, o abiertas, sucediendo entonces que entra el polvo de la carretera, cuyo mucho tránsito no se oculta a nadie. Aquí hay hacinadas casi, mejor que a l i neadas, las camas, cubiertas por ropas viejísimas y miserables. Recorro la casona con uno de los tres únicos inspectores que. existen para el cuidado de 430 asilados. A l mismo nivel siempre pasamos hasta un patio, que es el central. d. e ia casa. Aquí hay un pozo negro que recoge los j a r d i nes sin otra agua que la que se lleva en cubos. Y luego, en una galena de ese mismo patio, unos barreños de loza en fila. S o n los lavabos. -Todo esto- -me. dice mi acompañante- -es provisional. Hemos solicitado locales en Aranjuez, en Colmenar V i e j o en V a l v e r de... N o servían. V i m o s también una casa del conde de Romanones en Las Matas... era pequeña. Solicitamos plazas en algunos asilos de M a d r i d no- nos: podían atender. Y aquí están los niños y las niñas donde hemos ido antes. Pero y a le digo que todo es provisional. Y yo me quedo pensando en que, naturalmente, todo esto será provisional; pero en seis o siete meses que faltan para terminar las obras del local del A s i l o l a salud de los niños, ¿puede ser también provisional? Isabelita ya- va a misa. Isabelita no oye, que ve misa todos los domingos. Y o he visto en la grande nave donde duermen las niñas del A s i l o cuadros religiosos, hermanas rnercedarias... L o de las monjitas no me extraña. Sabido es que el Gobierno, pensó en u t k lizar, y aun obligar a que se les utilizase, a todos los religiosos hasta que pudiera prescindir de ellos. Pero lo le los cuadros religiosos, l o d e l a m i s a -Sí- -me dicen, mientras yo juego con Isabelita y su abanico de p a p e l- por ahora no hay nada dispuesto. Más tarde se preguntará a los tutores de los niños si quieren que éstos reciban una educación laica o religiosa. -É s o está bien; pero... ¿quiénes son los tutores? -P u e s cerca de doscientos vienen del Hospicio, otros de l a Junta de Protección a la Infancia...