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Vlt. DETALLE DEL DORMITORIO. (fOTOS S U ¿Y después? ¿Después? No comen nada más. Cocido, eon su buen codillo. Los jueves y los domingos les damos arroz. Quedan en el Asilo o, mejor, en estas dos horribles casas donde están repartidos los nifios y las ñiflas, algunas ancianas asiladas. Son locas. Locas pacificas, pero locas. ¿Cómo no las llevan a otro sitio? i Cómo no hiere la sensibilidad más simple el que estas desdichadas hagan su vida junto a los niños, que reaccionan siempre de un modo patético y medroso ante la Incongruencia mental, ante los rostros desencajados, las miradas de ausencia atroz y las muchas anormalidades que forzosamente han de presenciar? Existe otro aspecto muy importante: los niños tracomatosos. Se me asegura que están aislados y que sólo se juntan, con los otros a la hora de tas comidas, (Lo de las comidas, naturalmente, es una manera como otra cual- quiera de marcar el tiempo. Me tranquilizo un poco. Pero sólo un poco. Es difícil aqui tranquilizarse del todo. Va perdiéndose la tarde entre las encinas. Pasa un auto. LUCRO otro, y owo, E l incienso de la carretera entra por los ventanos de la gran nave, subterránea casi, que sirve de dormitorio. Pronto entrará la notíhe. Pronto se habrá cumplido un día más en sUs días largos y lentos, sin la distracción útilísima de la enseñanza que está interrumpida por completo para los asi ados. E l día ha empezado a las siete de la mañana y termina al anochecer. No negaré mis más cumplidos elogios al Asilo de E l Pardo cuando se pueda elogiar. No pretendo culpar de nada a la Junta del Asilo, que sé que trabaja intensamente por la norma ización de todo, Me vuelvo hacía Isabel, que colgada de mi mano viene conmigo a todas partes. H a sido ella lo mejor del día en el Asilo de E l Pardo. Pasarán los anos. Tendremos todo ocasión de elogiar lo que hoy no puede ser elogiable, i Y qué será de Isábelin entonces? ¿A quién y cómo mirarán sus grandes ojos negros y atónitos cargados de luces aún itiéditas? s í i a quién y cómo mirará sus ojos? Adiós, Isabel ¡ñifla Isabel caída al borde de todos los misterios... Adiós, pequeñita y dulce Isabel, que cabes entera, con tus zápatillos y tu delantal, en mi corazón. ¿Sabes tu que tienes nombre de reina? ¿Sabes que tu nombre evoca las viejas cortesías melancólicas de los bellos nombres? Ven aquí, Isabel de E l Pardo; ven que te lo cuente: Este robó un huevo, éste lo partió, este lo batió, éste lo frió, y este picaro gordo... 1 se lo comió! CÉSAR G O N Z A L E Z- R U A N O
 // Cambio Nodo4-Sevilla