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oigan, compañero mas, y recuerdo que quisimos ver el carruaje que ocupaban los Reyes el sábado trágico. Sacáronlo a 1 centro de un patio; apreciamos los desperfectos en la portezuela y farol izquierdos, y al. levantar el vidrio (cosa que no se había hecho hasta entonces, por lo visto) advertimos que también estaba rot- o. U n o de los cocheros hurgó con un alambre entre l o s tableros ypudo recoger dos balas, una entera y otra aplastada, que entregamos a 1 caballerizo mayor. L o s ministros salieron del Consejo y el n u e v o presidente anunció los propósitos Terreiro do Pazo Lugar en que fueron asesinados en 1908 liberales y de perfecto y el príncipe Luis Felipe. constitucionalismo que animaban al Rey y al Gobierno, que se harían ya no existe- donde me hospedaba, antes públicos en un documento oficial. E l señor de las ocho, y tuve ocasión de ver (por priFerreira de Amaral, persona bondadosísima, mera vez en aquel viaje) a D. Manuel, pues, me hizo el honor de concederme una entremerced a un permiso especial, pude penetrar vista en su palacete de la rúa Quintinha, inien la mansión regia. ciando con su relato una serie de interviús Vienen a mi memoria la amplia escalera, que envié al periódico, celebradas con Alel gran salón en que hacían guardia los poin y otras personalidades de la política arqueros de rojas casacas; ia antecámara, de entonces. en la que se hallaban los diplomáticos y altos dignatarios que habían de ser recibidos E l día 7 fueron trasladados los cuerpos a las nueve y media por e 1 Rey, y el vesdel Rey y del piíncipe asesinados desde la tíbulo que conducía a las habitaciones pricámara ardiente a la capilla del Palacio, vadas. pala ser conducidos al siguiente día a la iglesia de San Vicente de Fora, en donde Salió el Monarca acompañado de su tío, habían de ser enterrados el lunes, día IO, el duque de Oporto, y de los entonces prínen el panteón de la Casa de Braganza, en cipe e infante D Carlos y D Fernando, el mismo en que ahora van a recibir serodeándole los príncipes extranjeros, de los pultura los restos de D Manuel II. que recuerdo al de Connaught, al de Aosía y al segundo hijo del Kaiser, Eitel. Junto San Vicente de Fora y el palacio das N e a éste, y en unión de un periodista portucesidades están situados en ios puntos exgués, y otro inglés, hice el recorrido- -tamtremos de la población, y el fúnebre cortebién por autorización especialísima- dejo tardó tres horas en hacer el recorrido de trás del armón que conducía el cadáver del cinco kilómetros entre uno y otro punto. príncipe heredero. Se puso en marcha a las once, y llegó a E l Rey, que vestía uniforme de generalas dos de la tarde. Y o abandoné aquella lísimo, conversó unos momentos con los mañana el espléndido hotel Braganza- -que 1 presentes y pasó luego al salón del Trono, donde ya le aguardaba su madre, para recibir, ai elemento oficial. A l cabo de un rato, también le p u d i m o s ver junto a la Reina, en una de las tribunas altas, cercana al coro, cuando sacaban los féretros de la capilla. N o llevaban séquito y permanecieron abrazados, dando rienda suelta a su dolor. N o es cosa de describir el cortejo. S i d i ré que existia algo de s o b r e s a l t o pues se anunciaba u n m o v i miento para aquel día; pero, por fortuna, no ocurrió nada. A las cuatro pronunciaba el réquiem el Rey D. Carlos el Patriarca de Lisboa, en San Vicente da Fora, y media hora después terminaba la ceremonia; a las seis, y cuando hube telegrafiado, comí yo aquel día, y unos cuantos después, en vista de que la situación se normalizaba, regresábamos a nuestros países los periodistas i n gleses, franceses y españoles. Ahora también se celebrarán solemnes funerales por D Manuel, en el mismo templo, y a ellos asistirán juntos desde el presbiterio el jefe del Estado portugués y el patriarca. A los dieciocho años cumplidos subió al Trono D. Manuel. L o ocupó dos años, siete meses y algunos días. H a muerto, sin cumplir los cuarenta y tres. Puso su mejor deseo en acertar, pero los políticos lo impidieron, con sus discordias. ¡Los políticos! Siempre los mismos... Portugal lo comprende así, y por eso el cadáver del último Braganza recibirá tierra junto a los suyos, ante la bandera nacional a media asta y entre el clamoreo de las campanas, y los cañonazos de los buques anclardos en el Tajo. A. RAMÍREZ T O M E Llegada a San Vicente da Fora (en donde recibe también sepultura el cadáver de D. Manuel) del fúnebre 1908. (Fotos Prensa Española. cortejo en
 // Cambio Nodo4-Sevilla