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MADRID- SEVILLA 3 DE AGOSTO D E 1932. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S REDACCIÓN: P R A D O D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS, DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGES IM O O C T A V O NUMERO 9.212 MUÑOZ O H V E C E R C A N A A T E T U A N SEVILLA LA S I T U A C I Ó N P A R L A MENTARÍA Por ciento veinte y nueve votos contra ochenta y cuatro el Gobierno consigue la aprobación del artículo sobre la enseñanza en Cataluña Las incidencias del debate Se reanudó ayer la discusión del Estatuto d e C a t a l u ñ a con escasa animación en el salón de sesiones. Sin embargo, el debate y su resultado se juzgaban decisivos, porque el problema de la enseñanza había de dar la pauta para los que inmediatamente debe examinar la Cámara. T a l vez contribuyera la íntima persuación en los diputados de que el asunto, por muchos razonamientos que expusieran las oposiciones, estaba definitivamente resuelto en el ánimo del Gobierno y de l a mayoría. E l Sr. Unamuno defendió, su enmiendaya conocida, en la que se afirma la obligación del Estado de sostener sus Centros de cultura en todos los grados, dentro de la región autónoma. L o hizo en tono moderado y convincente, con argumentos de gran íuer. za lógica, y en realidad irrebatibles; pero en el tono y en la falta de animación en la palabra se notaba que el rector de la Universidad de Salamanca tenía l a convicción de que su esfuerzo sería inútil. H a y que tener presente que el Sr. Unamuno, en su enmienda, se había limitado a copiar al pie de la letra el artículo 50 de la Constitución. N o podría, pues, presentarse otro texto constitucional m á s- auténtico para lqs que defienden su criterio estatutista al socaire de la fe fundamental del Estado. L e contestó el Sr. Bello. Los rumores que acompañaron a muchos de sus conceptos debieron advertir al orador que pisaba terre. no poco firme y que sólo de un modo heroico podía defender lo que a todas luces era un atentado a la enseñanza del Estado en C a taluña. r defienden a D Juan March y a D Emiliano Iglesias, y la amenaza, al anunciar que si persiste la oposición a las reivindicaciones catalanas, él volverá a sus radicales de antaño, con lo que quería decir, seguramente, que volvería al campo separatista. N o se privó el Sr. Ventura Gassol de manejar el tópico de mayor efecto en la Cámara el de afirmar que. sólo los monárquicos españoles son opuestos al Estattuo, porque les sirve de arma contra la República; como si a su derecha, en los escaños de la oposición no hubiera republicanos como les señores Maura, Sánchez R o m á n y Unamuno, que con su sola presencia desmentían tales afirmaciones. Claro es que l a C á m a r a subrayó, y elocuentemente por cierto, algunos párrafos de marcado alcance nacionalista, que dejaban adivinar- lo que Cataluña pretende, o mejor dicho, los hombres de la Esquerra, para un futuro muy próximo. férvido elogio del Sr. Azaña y aun le prometió para el futuro la colaboración incondicional de los catalanes. Los argumentos del señor Sánchez Román resbalan sobre la mayoría E l discurso de verdadera impugnación del dictamen, de lógica trabazón y de razonamientos claros y concluyentes, lo pronunció D Felipe Sánchez Román. Todos los peligros de la fórmula los presentó ante la Cámara sin veladuras. E l dictamen- conducirá exactamente a la Universidad catalana y a la exclusión de la Universidad española. E l bilingüismo nada resuelve y lo complica todo; sin contar con que hoy mismo los catedráticos catalanes, en una Universidad del Esatdo, y sin Estatuto, dan sus clases en catalán y sólo un día a l a semana profesan en castellano, o encargan de esta misión al catedrático auxiliar. N o se explicaba el Sr. Sánchez Román que la minoría socialista votara hace unos meses por la permanencia e intangibilidad de l a Universidad castellana en Cataluña y ahora apoyara un criterio distinto. Como no se ex- plicaba tampoco el silencio del ministro de Instrucción Pública, obligado a intervenir en un debate de esta naturaleza, y que seguía en su ministerio una política pedagógica de directrices opuestas a las que se marcan ¿ti el Estatuto catalán. Silencio. N i la minoría socialista, ni el Sr. de los Ríos, recogieron estas alusiones tan directas y tan apremiantes. E l Sr. Sánchez Román- terminó su discurso entre los aplausos de las oposiciones y la indiferencia bien notoria de la mayoría. El señor Companys recuerda al Gobierno republicano su palabra empeñada Luego de una breve intervención del señor Royo Villanova para repeler los ataques dé que le hizo objeto el Sr, Ventura Gassol, intervino el Sr. Conipanys, jefe de la minoría catalana. Manejó! a misma tesis que el Sr. Ventura Gassol, pero en el tono propio de un hombre de responsabilidad. Situó el problema en sus verdaderos términos, o sea en los de hacer un requerimiento a la República, para que cumpla sus compromisos. N o entraba a discutir el fondo del dictamen. L e interesaba hacer constar mucho más que la esencia federalista encontrar plena acogida en las personalidades republicanas que los catalanes encontraron seguridades absolutas en el Comité revolucionario y en el primer Gobierno republicano; que las Cortes se reunieron con el compromiso previo de aprobar el Estatuto, y que una ilustre personalidad de altísimo relieve calificó el Estatuto votado por Cataluña y entregado por el Sr. Maciá de discreto y prudente ¿Q u é ha pasado después? ¿P o r qué los hombres que hace un a ñ o lo prometían todo, lo regatean todo en el momento actual? Indudablemente, el. Sr. Companys encontraba fuerte su. posición y se recreaba en ella. P o r eso puntualizó que el mayor sostén de la República está en Cataluña y que los catalanes pueden llamarse a engaño si el Gobierno persiste en su actitud. N o había de faltar el consabido tópico. Como su compañero de minoría Sr. Gassol, el orador aseguró que los monárquicos son los únicos enemigos del Estatuto y que el régimen anterior- -le llamó con frase muy nueva podrido- -no podía resolver un problema que es de libertad. L a República tiene que producirse en un sentido diametralmente opuesto. H i z o el orador una afirmación instructiva. E l dictamen presentado por el Gobierno para resolver el problema de la enseñanza no. le sirve a Cataluña. N o resuelve nada. N o satisface a los catalanes. Deja la cuestión en pie. P o r eso l a minoría anunciaba que se abstendría en la votación. E l Sr. Companys, por último, para, no ser menos que D Ventura Gassol, hizo un 1 El señor Alba, con una pregunta, provoca un incidente interesantísimo Contestó al Sr. Sánchez Román, como de trámite, un miembro de la Comisión, y el Sr. Besteiro, después de cerciorarse de que no había más oradores, preguntó simplemente si se aprobaba el artículo. Hubo rumores contradictorios y se solicitó votación nominal, pero en aquel momento se irguió en su escaño D Santiago A l b a y pidió la palabra. Los timbres funcionaban ya, pero el señor A l b a logró que le fuera reconocido su derecho a intervenir, y l a votación quedó aplazada. 1 A l Sr. Alba, le parecía inverosímil que, después de los razonamientos expuestos por los Sres. Unamuno, Sánchez R o m á n y G i l Robles, el Gobierno permaneciera silencioso. Se desvirtuaba de ese modo lo esencial, del régimen parlamentario, que es de diálogo entre el Gobierno y las Cortes. Sobre todo flotaba en el ambiente un requerimiento d i recto al presidente del Consejo y al ministro de Instrucción Pública, que no se podía n i se debía eludir. E l a su vez, recababa de los Sres. A z a ñ a y De los Ríos una explicación de su pensamiento en la gravísima cuestión planteada en la Cámara. España; no podía conformarse sin protesta ante l a ausencia del Gobierno en asunto vital para su porvenir. N o hay que decir que la intervención del Sr. A l b a provocó interrupciones, gritos y; denuestos de l a mayoría. Se supone. E l señor A z a ñ a mostraba en su actitud la con El discurso del, señor Ventura Gassol Poco a poco la C á m a r a cobró animación, excepto en los bancos radicales, que aparecían casi desiertos. E n un tono rebuscado y grandilocuente, el consejero de Cultura de la Generalidad y secretario del Sr. Maciá, D Ventura Gassol, hizo l a defensa rabiosamente catalanista de la enseñanza autónoma. Puso a prueba en realidad la paciencia de la Cámara, porque con sus ataques a los señores U n a muno, Ortega y Gasset, Sánchez Román y Royo Villanova, desproporcionados por la mesura y la buena fe con que todos defienden el criterio de l a soberanía del Estado, demostró que la cordialidad de que los catalanes alardean, es un tópico m á s de la empresa estatutista. A l final, la insidia y l a amenaza; la insidia, al decir que los intelectuales españoles van del brazo de quienes