Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
El rasgo de un suboficial. En Alcalá de Henares, el suboficial de Caballería D. José Sánchez Sanchis se ha hecho cargo provisionalmente, hasta que el Juzgado determine, de la n ña de Vrece años Angeles Zúñiga (x) a la que su padre y su. madrastra hacían objetjo de malos tratos y tenían encerrada en una porqueriza, Angeles aparece c- qúí con el suboficial y ¡a familia de éste. (Foto Días Casariego. Estalla una bomba en F e r r o l En la sacristía de lá iglesia de San Julián, de Ferrol, estalló por la noche una botaba, arrojada allí por el hueco de un cristal de la fachada. Boquete que el artefacto produjo al hacer explosión, (Foto González. una pausa enojosa- -le empaquetaré esas piernas y las limpiaré del polvo... Se inclinó a recogerlas y se creyó en el caso de alabar: -E r a n magníficas. -N o l o creo- -replicó modestamente la joven- pero me prestaban muy buenos servicios, y me parece que no me acostumb r a r é nunca a estar sin ellas. Muííiz a c l a r ó -Tengo la certeza, señorita, de que l a Compañía aseguradora, en la que tengo inscrito m i coche para estos percances, le p a g a r á a usted una bonita suma... -N o me importa nada- -exclamó ella- porque mi tragedia no se resuelve con d i nero. H a y algo m á s terrible todavía que la pérdida de mis piernas. ¿S a b e usted qué hora es? -L a s dc. ee y veinte. ¡Oh, s e ñ o r las doce y veinte de l a noche y yo aquí! ¿Q u é pensarán en, mi casa y en todo el pueblo? ¿Ñ o comprende usted que estoy irremediablemente deshonrada? E n la villa donde vivimos no hay caso a l guno en que una hija de familia sé haya retirado después del anochecer. -Pero usted puede explicarlo... verán ío que ha ocurrido... puede usted enseñar esas piernas- -Siempre creerán que es un pretexto- -gimió ella- usted no conoce lo suspicaz que es l a gente de un pueblo pequeño. E n cuanto a ense ar las piernas sueltas... no podría decidirme... M e daría vergüenza... -Y o le acompañaré a usted para acusarme. -S i me viesen llegar de madrugada en unión de un hombre sería peor. ¡Estoy perdida, irremediablemente perdida! N o creo que logre recuperar nunca mi reputación. ¿P u e d o al menos, dejarla a usted cerca de su casa? -L o más piadoso será que avise a m i padre, E s el presidente- dé- la Adoración Nocturna. M u n i z caviló- un momento. Luego, resueltamente, tomó en brazos a l a j q v e n la tr- á- s- v lado al auto, guardó las piernas en el asían- to posterior y se dirigió a la villa. Cua- ndallegó ante el padre de la muchacha, se- des- t. cubrió- y dijo: -T e n g o el honor de- pedir- a, usted, l a mano de su hija, a la que he c o m p r o m e t í- i do sin intención. Se ha casado. E s feliz. Su- mujer come algo menos que todas las mujeres, porque no tiene que alimentar u n cuerpo- comple- to; sale poco de casa y nunca le h a pedido un real para zapatos, para- nnedias; para callicidas... Tampoco pasea mirando a uncs- V: a otros por l a calle de Alcalá. M u m z s r a é ha dicho que lo que verdaderamente le tem i alejado del matrimonio era e l miedo a que- su mujer pasease mirando a. urios y a- otros. Crean ustedes que hoy no da cambiaría por- ninguna. 1!