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jar de ser lo. qué eran para perseguir uña libertad universal, que les redimiría de la obligación de tener que seguir sus propios estandartes. Después no era difícil imponer la bandera roja a todos ellos; la. Marsellesa era el preludio de la Internacional. Pero ahora, cuando las esperanzas iban a cumplirse, he aquí que reaparecen los antiguos pendones, cada pueblo con el suyo, con el de su tierra, con el de sus héroes, con el de sus sueños, con el de su pasado, con el de su ilusión. Porque esto es lo que significa el fascio. Y los pueblos siguen sus banderas con tanto entusiasmo, como si nunca hubie- ran sabido cantar la Marsellesa. Monsieur Renaudel protesta. Y no sabemos si lo hace como francés o como hombre. RAMIRO DE MAEZTU DEL CACIQUISMO Y S U S ESPECIES Como resabio de, su pasado de agitadores, demasiado cercano para que haya podido ser substituido por hábitos gubernamentales, les ha quedado a algunos de los ministros de hoy la costumbre de utilizar l o s domingos para mitinear por provincias. N o podía calificarse de insana esta costumbre si los ministros, con cabal conciencia de las responsabilidades de su cargo, guardaran en sus peroratas aquella discreción indispensable a todo el que ejerce autoridad y goza mando. Mas, por desgracia, ios señores ministros aludidos proceden en sus exhibiciones domingueras con igual vehemencia y el mismo corazón ligero que en sus buenos- -o malos- -tiempos de propaganda demoledora y revolucionaria. Olvidan que un ministro no puede hablar lo mismo que un tribuno de oposición raD O M Í N G U E Z Y D E PINA. -Procedimienbiosa, y que las demasías de concepto y de tos judiciales. (De las. Contestaciones de léxico, que en éste son exigidas por su conabogados del Estado) 16 ptas. dición, resultan en aquél completamente i n GARCÍA O R i l A E C H E A -Supervivencias feudales en E s p a ñ a Estudio de l e g i s l a c i ó n tolerables. E l juicio acerbo, excesivo e iny jurisprudencia sobre s e ñ o r í o s 5 ptas. justo; el apostrofe duro y violento, son i n D E R E C H O S R E A L E S -R e g l a m e n t o de 2 herentes a la oratoria oposicionista como de julio de 1 D 32. E d i c i ó n oficial. 2 ptas. manifestaciones, inocuas casi siempre, de ese consuetudinario derecho del pataleo pia- B s i t s a a fstiBffafc! wenw y a ¡Me desámente concedido por el uso para conAcademia: Preciados, 1 -L i b r e r í a Preciasolación y descarga de los que ven p r á c dos, 6 Apartado 12.250. M a d r i d ticamente negados y conculcados los derechos que consagran solemnemente los códigos, constitucionales. L o que no tiene disculpa y excita la indignación de los oprimidos es que el mismo que los oprime les insulte. la serenidad de la expresión y la lógica del razonamiento. E l caciquismo ha sido durante treinta años un tópico de oposición. Los que tuvimos la suerte o la desgracia de que nuestra adolescencia coincidiera con la pérdida de los últimos restos del Imperio colonial erpañol recibimos como una de las ideas madres de educación política el odio al caciquismo. E l caciquismo, del que Joaquín Costa había hecho, una pintura siniestra, era la causa de todos los males que el país padecía, la beta noirc sobre la que se acumulaban todos los pecados de. Israel. Y o tengo que acusarme, y lo hago ahora con corazón contrito, de haber escrito una p á gina juvenil e inexperta que, en el estilo altisonante de la época, abominaba de aquella organización impura y nefanda que enfeudaba l a n a c i ó n a un grupo de oligarcas. L a vida, maestra insuperable, me fué enseñando luego lo que en los libros, mis fínicas fuentes de conocimientos de entonces, no podía aprender: que el caciquismo no era un vicio nacional ni político, sino una inclinación humana, y por humana universal, que aparece fatalmente allí donde hay una influencia que ejercer. Porque, ¿qué es el caciquismo? Azcárate lo definió tiranía de los que, con mengua de l a justicia, utilizan el poder e influencia en provecho propio, de sus amigos o de su partido S e g ú n esta definición irreprochable hay caciques en todo. Examine cada- cual la realidad que le rodea, recuerde casos, ejemplos y conductas y v e r á que tanto como por los políticos- -y aun más que por los políticos- -se. conjuga el yerbo caciquear ULTEMASPOSLEGAGEONES N o es que los mandantes de hoy no sepan que es incorrecto ese lenguaje. E n tiempo de la Dictadura bien se lo afeaban al dictador, y bien agraviados se mostraban por el tono despectivo de ciertas notas oficiosas, contra las que protestaban sotto vocc en. la sobremesa familiar, en la tertulia del café- y en la peña del Casino, cuando no. había radioescuchas cerca; siempre cautelosamente y con sordina, porque en voz alta, con: publicidad y con riesgo, eran pocos los que entonces se aventuraban a protestar, y de esos pocos los mejores no viven hoy en el- soleado barrio de la- Prosperidad, sino en la calle, sombría y triste, del Desengaño. E n esto, como en otras muchas cosas, los revolucionarios dueños del Poder han incurrido en los- mismos pecados del régimen que denostaban, al que superan en todos su defectos, sin imitar nada de lo que tuvo- -y fué bastante- -de bueno y provechoso para el país. Uno de esos ministros viajantes de política partidista ha hablado contra el caciquismo, y no sólo contra el caciquismo en abstracto, sino contra un supuesto caciquismo local, ya lejano, motivando justa réplica en la que al fervor filial se ha unido UN REMEDIO ESM E L M U D e s d e h a c e m á s d e 4 0 a ñ o s Ja SOLUCIÓM PAUTAUBEGE ha c u r a d o a m i l l o n e s de e n f e r m o s a t a c a d o s d e r e s f r i a d o s y de b r o n q u i t i s ILOS m é d i c o s del m u n d o e n t e r o la consideran c o m o el r e m e d i o m á s eficaz de t o d a s las enfermedades de los p u l m o n e s y de los b r o n q u i o s L. Pautatibsrge, París y todas farmacias i, por todos los influyentes en lo literario, en lo social, en lo económico, hasta en lo eclesiástico, pues Dios no- libra de flaqueza ni a sus siervos dilectos, y el deseo de favorecer con honores y cargos a los allegados dio origen a lo que en la Roma del Renacimiento se llamó nepotismo Rectificando el viejo tópico, puede decir se que ha sido precisamente en la política donde menos se ha usado de l a influencia para provecho personal. Ser político no h i. sido nunca en E s p a ñ a buen negocio. L a ciudad en que vivo ha pasado por dos de esos llamados caciquismos. S i los que durante ellos han ejercido mando y participado del Poder hubieran dedicado, su actividad a otros asuntos y gastado en cualquier profesión o industria las energías que han con sumido en una lucha tenaz, casi siempre a la defensiva, habrían sacado todos m á s provecho y se habrían ahorrado las amarguras de muchas enemistades enconadas, a l gunas persecuciones inicuas y no pocas i n gratitudes dolorosas. E s l a pasión nacional (la envidia al que descuella) la que ha hecho titular de caciques a. muchos que realmente eran verdaderas autoridades sociales según el calificativo de Taine, verdaderos patricios, tutores y amparadores del pueblo, como el D Celso de la Casona de Tablanca. E s la falta de sentido de justicia y l a confusión entre el interés público y el p r i vado lo que hace nacer el caciquismo. P o r eso merecen adornarse con las plumas, los aretes y los tatuajes simbólicos, rio sólo los prohombres políticos, sino todos los que influyen en algún orden y usan instintivamente de su influencia como de un patrimonio personal. A s i hay cacicazgos literarios, de cotarro y cenáculo, ungidores de fama y dispensadores de celebridad; cacicazgos universitarios y académicos, proveedores de c á t e d r a s cacicazgos financieros, creadores de esas oligarquías de empresa que repiten apellidos en los Consejos de Administración; hasta el. teatro y los tor s tienen también sus cacicazgos, dispensadores de estrenos, distribuidores de trimestres, seleccionadores hábiles de fechas, corridas, ganaderías y combinaciones de cartel. Como el caciquismo no estaba- y q u é había de estar? -en la etiqueta y en la piel, sino dentro, en l a medula y e n e l alma, el cambio de régimen no ha hecho m á s que mudar los nombres de los caciques y a l terar, rebajándola, la calidad de las oligarquías. A los. motivos de perversión caciquil hoy se ha agregado otro: el interés de clase, inspirador de medidas que tienen por objeto, m á s que satisfacer legítimos deseos de mejora, saciar odios, rencores y venganzas. H a sido ahora cuando se ha declarado franca y solemnemente que en el Poder hay dos criterios: uno para servir a los amigos y otro para perseguir al adversario es también ahora cuando la palabra enchufe se ha enriquecido con un nuevo y sabroso significado metafórico. A muchos esto no ha podido sorprendernos. P a r a colegir la conducta de los hombres de ¡la nueva política nos bastaba recordar cómo se administraba la influencia en aquel centro poderoso que, explotando diestramente la austeridad sincera e indudable de su fundador, fué durante muchos años acabado modelo de cacicazgo cultural, desde el que, suave y cautelosamente, hábiles y untuosos oligarcas, con el poder que les entregaban los ministros del Rey, preparaban la caida de la Monarquía y con el d i nero del país pagaban bolsas de viaje para que los jóvenes estudiosos hicieran de i s i dros por Europa y volvieran después juzgándolo tocio desde la altura de su pedantería, desdeñando a sus compatriotas y menospreciando a España. FEDERICO SANTANDER.