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EL ALCORNOQUE E l vocablo que sirve para individualizar y dar personalidad en nuestro idioma a la especie forestal Queráis súber no es una voz eufónica y grata. Quizá por eso en el léxico corriente y moliente de las controversias la palabra alcornoque, se utiliza, ya que no como venablo- agudo e hiriente, c o m o e p í t e- to sinónimo de ignorante y zafio. E l árbol frugal y provechoso adquiere así un arbitrario y sañudo empleo al ser utilizado, a falta de razones, como dicterio rotundo contra el adversario. Señalamos esa bizarra aplicación del á r bol, que no- se estudia ni menciona en las monografías que tratan de sus múltiples usos industriales, y registremos de paso la ligereza de nuestro proceder al asignarle, sólo por su hueco nombre, una equivalencia o similitud a todas luces injusta y desacertada el alcornoque, al revés de la mayor parte de los mortales, es. sobrio en pedir y pródigo en dar; entre los seres y cosas de- la creación figura a la vanguardia de los m á s útiles y beneficiosos al linaje humano, por lo que decididamente no merece que se le tome como arquetipo de la estupidez i n útil o dañina en que incurre, nuestro p r ó jimo. Pero, pese al refrán francés de que el nombre no hace la cosa como cifra y compendio de la torpeza humana lo venimos considerando, con lo que acreditamos que es el sortilegio del mote lo que algunas, veces, ñor no decir las más, decide de nuestros juicios y opiniones. E s necesario, pues, prescindir en el- presente caso del tosco nombre, para sólo- por sus frutos venir a formar cabal juicio de las cualidades de este á r b o l S i n temor a caer én ponderaciones extremosas, lo hemos ya calificado de pródigo, frugal- y provechoso, y debemos ahora- añadir que de valien- te y hasta de c o r t é s lo reputó nuestro tro- Ingenioso Hidalgo en su memorable discurso a los cabreros L o s valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, su s anchas y livianas cortezas con que se comenzaron a cubrir las casas sobre rústicas, estacas, sustentadas no m á s que para defensa de las inclemencias del cielo... Esas líneas sintetizan las cualidades primordiales y esbozan de modo certero las m á s prácticas aplicaciones del árbol que nos ocupa. Árbol valiente y bravio, que no teme las exposiciones meridionales de nuestro clima ni retrocede ante los terrenos m á s abruptos e ingratos. E n los suelos silíceos, allí donde sus fuertes hermanos la encina y el quejigo humillan su frente, los valientes alcornoques alzan sus desgarbados y bien fajados troncos. -Bajo su sombra, remanso de frescura en el caliginoso ambiente, la arena estéril se convierte en mantillo fértil, y en ese tan, suelto y áspero cimiento las raíces del árbol encuentran recursos para elaborar una materia tan elástica y suave como la del corcho. Árbol ejemplo de cortesía, transcripción dendrológica del compasivo San Martín, que por la operación del descorche cede d grae do, sin requerir apenas esfuerzo ni violencia, la leve y sedeña capa con que se abriga. Cortesía de la más alta calidad, pues no se piense que con la graciosa dádiva de su preciada túnica no sufre serio y grave quebranto la vida del árbol. Con frase gráfica se dice en las sierras de Andalucía que la pela deja al alcornoque en carne v i v a y es evidente que si en tan críticos momentos soplan vientos secos o acontecen lluvias pertinaces, los tciidos, desguarnecidos, se desorganizan y sobreviene la muerte del á r bol a poco que se prolonguen las condiciones atmosféricas aciagas. A los fornidos alcornoques no les va e entonces su vigor para vencer la dura prueba del descorche; Gráfico del valor eiLjzésetas de nuestro comerció de exportación, de corcho y sus manufacturas J Exfio rfaCíén 3 e corcíio en pbüetai nírúfei y a s e m eui r rt ¡U t 1 t -t i itf v t o t a l i j fCr- j t a p o n e otras manuFacturaJ det corche- -Jjo 19? J J 133 defensa resulta ineficaz si las adversas condiciones no le dan tiempo a dicha capa generatriz, a recubrir, el, tronco despellejado, puesto en carne viva con nuevas hiladas de. celdillas corchosas. Así se forman y superponen, después de cada pela las sucesivas- capas de- corcho, que en el. transcurso de un número variable de años, ocho, diez y a veces catorce, según las circunstancias de. localidad, y de la especie, dan a la pana el grosor o calibre exigido por- la industria para proceder a, un nuevo descorche del árbol. E n estos descorches hay que distinguir entre el primero, que produce el cdrcho virgen o bornizo, y el siguiente y sucesivos, que dan el corcho llamado secundero. E l corcho virgen no tiene la suavidad, elasticidad mi levedad del secundero. Es necesario el d e s g a r r ó n del desbornizamiento para dejar el cambium en condiciones de elaborar un producto de m á s refinadas cualidades, y de m á s subido valor que el engendrado en el primer impulso. Este hecho no es arbitrario ni anómalo, sino que obedece a una ley natural, cuya tiranía rebasa las fronteras del mundo físico. ¿E s que los sentimientos, los afectos, las virtudes y los mismos vicios no viven anquilosados y borrosos hasta que, cortados a cercén, hallan en los bordes de la propia herida poder para renacer? ¿N o es entonces cuando ellos adquieren pujante, desarrollo v cuando aparecen y se muestran con su típica fisonomía? E l corcho bornizo no tiene, pues, las m ú l tiples aplicaciones industriales del secunder o pero, en cambio, le supera en rango y preeminencia poética. E s el corcho citado en las Geórgicas y en la Eneida: el manuable vaso de colmenas utilizado desde los m á s remotos tiempos para que la miel no se hiele con los rigores del invierno ni se derrita con los bochornos del estío, y en el que las afanosas abejas. encuentran confortable y apacible aposento. E s sobre todo, el barro leve y rugoso que las manos débiles de los niños utilizan para forjar las montañas de los Nacimientos la materia prima que. finge a las m i l maravillas hondos, desfiladeros y abruptas laderas. por donde serpentean los enarenados caramillos que conducen al humilde y adorable P o r t a l E l corcho secundero es el producto que, por su impermeabilidad, -ligereza, incorruptibilidad y, sobre todo, por su elasticidad encuentra en la industria aplicaciones variadas y valiosas. E n el siglo xvn, por el invento de la botella de cristal, empezó a- adquirir el corcho a consecuencia de la quirúrgica monda l a savia, descendente recubre el tronco de una substancia mucilaginosa y amarilla, que circunstancialmente resguarda las inmediatas fibras del líber y la membrana cambial o madre del corcho; pero esta improvisada Neurastenia. Estómago, Intestinas. Colitis. Enterocolitis. 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