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explica D Manuel el propósito que tuvo al escribirla: dar vida a los viejos libros de su biblioteca, para, así, dar relieve a las hazañas portuguesas de los siglos XV y x v i levantar bien alto la bandera de los t r i u n f o s de P o r t u g a l y m o s t r a r a l a vez el desarrollo del n o b l i arte de la imprenta y la. sabiduría de los autores durante la époc a del Renacimiento. U n a afición d e c i d i d a al estudio de los v i a jes, descubrimientosi y conquistas de sus gloriosos, antepasados le llevó a coleccionar l i Ibros p o r t u g u e s e s y del amor a l a H i s t o ria nació el amor a los libros, el alisto de las primeras y raras ediciones p u b l i c a d a s en aquel período. A s í se llegó a formar l a B i blioteca que tenía don Manuel en su residenc i a de F u l w e l l P a r k hoy, sin duda, l a más rica y valiosa colección de su clase, reunida por u n particular. A l extenderse l a fama de estos libros, creció entre los eruditos el deseo de que se decidiera D M a nuel a escribir y publicar un catálogo de su coüecdón, y, aunque la magnitud y responsabilidad de la. empresa hicieron vacilar al i l u s t r e bibl iófil o, REPSODüCCION pesó al fin en su ániDE U N C U R I O S O mo el razonamiento de ¡que asá tendría ocaGRABADO QUE F I sión- de prestar a su GURA E N U N LIBRO p a t r i a un s e r v i c i o IMPRESO E N COIMeminente. Puso manos E R A E N 1560 a la obra, y la habría cetnp etado en p o c o s años, con la devoción y el éxito que atestiguan les dos primeras tomos, de no haberlo impedido la muerte, con un golpe tan cruel y traicionero. L o s libros de nuestra colección- -escribe D M a n u e l- impresos en Portugal entre 1489 y. 1600, están escritos en portugués, hebreo, latín v español: pertenecen todos a la bibliografía portuguesa, aunque algunos de sus autores sean- extranjeros. Entre éstos figuran muchos españoles, y señaladamente algunos iibros, como el Compendio de Doctrina Cristiana, de fray L u i s de Granada (Lisboa, Joao Blavio, 1593) los Ejercicios espirituales, de San. Ignacio de Loyola (Coimbra, Joao de Barreira, 5 5 3) obras de Martín de Azpilcue a, de Francisco de Monzón, de Martín Laso de Oropesa y de fray L u i s de Montoya. E l Libro llamado Fia- meta, versión española de la obra de Boccaccio: las obras de Boscán y Garcilaso de la V e g a diversas Cartas de. padres y hermanos de la Compañía de Jesús, escritas desde la India, el japón y Brasil, y el célebre Cancionero general, de García de Rosende. del que sólo se conservan doce ejemplares en el mundo; el único que poseía España se hallaba en la biblioteca de la Universidad de Valencia, y es de esperar que se salvara de las llamas al ocurrir el reciente incendio de ese edificio. N o hay que decir cuan frecuentes son en los comentarios de D Manuel las alusiones a España y a los asuntos que a través de los siglos han sido sucesivamente españoles y portugueses; a la conquista de Ceuta, acometida por los portugueses como I aventura digna de una cruzada, o al asedio de Alcazarquivir, sueño de u n R e y místico y entusiasta, que a los veinticuatro años de edad había de morir, quizá v i c tima de las ambiciones ajenas E l análisis histórico de las grandezas portugueses pretéritas, que forma la materia principal de la introducción, termina con una comparación amarga entre los tiempos antiguos y los recientes. Dice el ¡Rey M a n u e l P o r t u g a l fué grande porque, sobre todo, tuvo fe en Dios. S i n esa fe, que cimentó todas nuestras grandes empresas, nada se hace. E n aquellos tiempos había quien, supiese mandar y quien supiese obedecer. Fuimos felices, sin duda, cuando, obedeciendo un ideal, descubrimos la vía marítima al Oriente; alcanzamos un fin glorioso, porque hubo, desde el primer o hasta el último día, una preparación extraordinaria, una tenacidad que ante nada Saqueaba y, sobre todo, un plan de continuidad que fué seguido y cumplido. (Adviértese én estas líneas al patriota erudito que estudia l a historia de su nación a través de l a experiencia adquirida en el país donde vivió su destierro. E n esa época- -prosigue D M a n u e l- las creencias religiosas estaban firmemente arraigadas. Todos trabajaban pensando por encima de todo en el país, en su prestigio y en su gloria, y. unidos, los portugueses edificaron aquel. Imperio gigantesco que asombró al mundo. N o es éste el lugar y el momento para reproducir lo que escribe D Manuel sobre la H i s t o r i a contemporánea: basten sus últimas pa abras: Creemos en Dios, y esa fe profunda alimenta nuestra fe en los destinos de nuestro país, que despertará con nuevas fuerzas del sueño letárgico en que duerme 1 Luis ANTONIO BOLÍN ífjuropjímeírooas cnoenacoeacófua tanoaüaqaíígfia ostitiúosii folbas: i t racraíe nelleoos offícíos oeiioflíi cotta a cafa oaíoplicacj: 100 gwlt 1o aqueHes q per nosteécarresoDemíníílrarDereito ufiíga. l ouaméteco 2 resf o afegúoa p: eflam. ¡g ereípccisA máoaoo 00 m a f a l t o i müf powrofofcnboj U cio 5i QC anadnonbfónbojí foyemp: emíoo LAS ARMAS REALES D E PORTUGAL. D E U N LIBRO MAGOS IMPRESO BROS, E N LISBOA D E LONDRES, D E BRAGANZA) E N 1514. DE (REPRODUCCIONES AUTORIZADAS P O R L A CASA ALGUNOS GRABADOS D E L A BIBLIOTECA D E D. MANUEL
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