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NOVELA. D E Z A N E GREY TRADUCIDA P O R L A SEÑORITA I S A B E L L A C A S A (CONTINTJACION) Kajó de la manera menos graciosa del mundo, apoyándose en la gran rueda cubierta de barro y en el estribo del coche. Cuando subió las escaleras que conducían al soportal vio que Mrs. Hutter era una mujer de mediana edad, bastante gruesa, de rostro lleno, de graciosas curvas, de ojos obscuros y de expresión bonachona. -Soy miss Burch- -dijo Carley. -Usted es la muchacha, del retrato que tiene Glenn Kilbourne encima de la repisa de su chimenea- -declaró la mujer ale- gremente- Le aseguro que me alegro mucho de conocerla, y mi hija Fio se alegrará también. Lo que le dijo Mrs. Hutter a propósito: del retrato la satisfizo y animó. -Sí, soy la prometida de Glenn Kilbourne. He venido al Oeste para sorprenderle. ¿Está aquí? ¿Está bien? -Perfectamente. Ayer le vi. H a cambiado mucho durante su estancia aquí. Sobre todo en los últimos meses. Me parece que n o le conocerá usted... Pero, está usted muy mojada, tiene frío y i SU aspecto es de cansancio. Entre usted y acerqúese al fuego. -Gracias, estoy perfectamente- -contestó Carley. En el umbral de, la puerta se encontraron con una muchacha de figura esbelta y musculosa, y de una rapidez extraordinaria- ce movimientos. Carley se dio cuenta en seguida de su juventud y su gracia, y de que su rostro, sin ser lindo ni hermoso, era, sin embargo, maravillosamente atractivo. -Fio, asta tienes a miss Burch- -exclamo Mrs. Hutter alegremente, y dándose importancia. ¡L a prometida de Glenn K i l bourne ha venido desde Nueva York para sorprenderle! ¡Oh, Carley, mucho gusto en conocerla! -dijo la muchacha en voz profunda y armoniosa- Y a la conozco a usted. Glenn ¡Kilbourne me ha hablado mucho de usted. Si aquel saludo, dulce y cordial, desconcertó a la muchacha, no dio señal alguna de que así fuera. Pero cuando murmuró algunas palabras para contestar a su saludo, fijó sus ojos, con la intensa curiosidad que caracteriza a las mujeres, en el rostro que tenía ante ella. Fio Hutter era muy blanca, y su rostro estaba cubierto de pecas. L a boca y la barbilla, de rasgos demasiado pronunciados, no sugerían, en modo alguno, la suave belleza femenina. Tenía los ojos color avellana claro, y eran de expresión franca, penetrante e intrépida. Su cabellera era abundante, y de reflejos dorados y y plateados a un mismo tiempo, y Carley pensó que debía de ser muy rebelde, o, por el contrario, no era cuidado con esmero. A Carley le agradó el aspecto de la muchacha: y l a sinceridad de su saludo, pero, instintivamente, sintió una reacción de disgusto al pensar en la sugestión franca de la intimidad que tenía con Glenn. Aquel detalle le hizo adoptar una actitud reservada. Hicieron penetrar a Carley en un gabinete de gran tamaño, y la condujeron junto a una chimenea de chisporroteantes leñas, ayudándola a continuación a quitarse el abrigo. Hablaban de la manera solícita característica en las personas amables y que rio están acostumbradas a recibir muhos visitantes. Después, se alejó Mrs. Hutter para hacer una taza de café caliente, y Fio se quedó charlando con la muchacha. -Le daremos a usted ía mejor habitación. Tiene una galería donde puede usted dormir, y que está bajo la roca de la cascada. E l agua le arrullará hasta que se duerma. Naturalmente, no tiene usted que usar la cama de la galería hasta que haga más calor. La primavera es muy tardía en este país, y aún tendremos mal tiempo. ¿Sabe? Realmente, ha venido usted a Oak Creek en su época menos atractiva. Pero siempre será Oak Creek. Y a llegará usted a comprender lo que quiere decir. -Le aseguro que recordaré siempre la primera vez que lo vi y la bajada por el. camino rocoso- -dijo Carley con cansada sonrisa. ¡Oh, eso no es riada, en comparación de lo que verá y hará usted durante su estancia aquí! -dijo Fio con aire de sabiduría- Ha habido aquí Pies blandos (i) procedentes del Este, y rio ha habido ni uno soló que no acabara por entusiasmarse de A r i zona. i- ¡Pies blandos! No se me había ocurrido pensar en ello. Pero, naturalmente- -murmuró Xarley. Mistress Hutter volvió en aquel momento, llevando una bandeja en la mano. L a dejó sobre una silla y se la acercó a Carley. -Coma usted y beba- -dijo, como si aquellos actos tuvieran la importancia más capital en esta vida- Fio, lleva las maletas a la habitación orientada al Oeste, que damos a los que deseamos les guste Lolomi. A continuación echó leña al fuego, haciéndolo crujir y llamear, y se sentó cerca de Carley, mirándola de hito ea hito. ¿No le importará a usted que la llamemos Carley? preguntó con ansiedad. ¡Oh, claro! Me encantaría- -contestó Carley, que, a pesa? suyo, se sentía rodeada de una atmósfera amistosa, que hacía que le pareciera estar en su propia casa. -Mine. usted no es para nosotras una extraña- -continuó diciendo Mrs. Hutter- Jom- -el padre de Fio- -le cogió mucha simpatía a Glerm Kilbourne cuando, vino por primera vez a Oak Cfeék, hace más dé un año. No sé si sabrá usted, lo grave que estuvo ese pobre muchacho. Estuvo en la- cama durante dos semanas enteras en la habitación queje vamos a dar á usted. Y yo no creí que saliera adelante. Pero salió adelante, y se puso mejor. A l cabo dé algún tiempo se fué a trabajar con Tom. Después, hace ya más de seis meses, invirtió sus ahorros en el negocio que tiene Tom de la cría de carneros. Vivió con nosotros hasta que se hizo una cabana, arriba, en West Fork. H a ido mucho con Fio, y, naturalmente, le ha contado todo lo relacionado con usted. Como verá usted, no es una extraña para nosotros, y quisiéramos que se diera usted cuenta de que está entre amigos. -Se lo agradezco en el alma, Mrs. Hitter- -dijo Carley conmovida- Nunca le podré agradecer bastante lo buena que ha sido con Glenn. Ignoraba que estuviera tan enfermo. A l principio sólo me escribía de tarde en tarde. -Supongo que nunca le diría, ni de palabra ni por escrito, lo que hizo durante la guerra- -declaró Mrs. Hutter. ¡Desde luego que no! -Bueno, ya se lo diré yo a usted algún día. Tom se enteró de todo lo concerniente al muchacho. Parte de sus informes se los proporcionó un soldado que vino a Flagtaff por estar enfermo del pecho. Había estado en la misma compañía que Glenn. A l principio no. sabíamos cómo se- llamaba, pero luego se enteró Tom de que su nombre era John Henderson. Era un muchacho muy; simpático, y no tenía más que veintidós años. -Y murió en Phoenix. Tratamos. de hacerle venir aquí, pero no quería vivir de caridad. Siempre estaba esperando dinero, una pensión de guerra o algo por el estilo. L a pensión no llegó. Durante algún tiempo estuvo empleado en El- Tovar. Después vino a Flagstaff. Pero hacía demasiado frío, y estuvo allí demssiado tiempo. ¡Qué pena! -dijo Carley con aire pensativo- Aquellas noticias relacionadas con el sufrimiento de los soldados americanos habían ido en aumento durante los últimos meses, y tenían 1 (Se continuará. (1) Apodo con ue designan los obreros a la gente de la ciudad,
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