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DIARIO ILUSTRAVI G E- DIARIO DO. ILUSTRAVI G E- DO. AÑO 10 CTS. AÑO SI M O C T A V O NUMERO FUNDADO S 1 MOCTAVO JÓ C T S TENA NUMERO E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E E. L H E R 0 1 S M O Y E l hombre heroico desdeña su bienestar y s u malestar, sus v i r t u d e s y s u s v i c i o s se a b s t i e n e de a p l i c a r a las cosas su p r o p i a med i d a no. e s p e r a n a d a d e é l m i s m o n i de l a s c o s a s Lo q u e q u i e r e es v e r e l f o n d o de t o d o s i n e s p e ranza... FEDERICO N I E T Z S C H E cívico VI S H A L E s A U D 1 TI V O S TTnámuno es e l de s i e m p r e u n espíritu crítico extremado y e x i gente, que h o y c o m o a y e r ante l a República como ante l a M o n a r quía, sigue en l a oposición... EN DE DEFENSA H 1 TLER negado su E l c a u d i l l o nazi h a apoyo a Schleicher. Consideraciones inactuales. E s un placer un poco amargo el. de contradecir los dogmas de nuestros amigos y el de ir contra sus ídolos y sus fetiches. D o n M i g u e l de Unamuno se procura esa voluptuosidad con frecuencia. Si lir al aire libre de la vida y orear el espíritu sin miedo a las corrientes. Romper con todas las disciplinas. Ser uno mismo dentro del minuto presente, sin aceptar la responsabilidad de lo que, fuimos ayer ni contraer compromiso cerrado con el mañana. Dejarse conducir por la mano del destino, pero no a cie gas, como va el caballo del diestro del espolique, sirio deteniéndose, a cada paso para ver la tierra que hollamos. ¡Qué ardua empresa la de liberarse de las mil trabas con que nos sujetan insidiosamente los que pretenden sujetarnos a sus egoísmos y a sus fines! Todavía el dogma religioso es respetable, porque suponemos que contiene un germen divino y que a todos nos importa que sé desarrolle, florezca y fructifique. Pero ¿hay en el mundo nada tan inconsistente n i tan deleznable como una verdad política? Es el caso de preguntar con. el procurador de Judea: ¿Quid ést venias? Dichoso el esclarecido maestro que puede mirar por encima del hombro a sus detractores y reírse de sus sanciones. ¿Tiene alguien la receta de la felicidad de la P a t r i a Y o soy tradicionaüsta y autoritario nos dice uno, volcando su convicción en palabras. Y o estoy por el liberalismo democrático, que subordina el criterio individual a la ley de la mayoría arguye otro. Y o quiero destruirlo todo para reedificarlo todo, desde los cimientos asegura un tercero... Nosotros, más humildes, no acertárnosla concretar nuestro criterio en una definición, que tenga la solidez arrojadiza de una piedra o- de un proyectil. Dios nos dio, como a P r o tágoras y a Montaigne, la duda por almohada, y sobre ella se reclina nuestro espíritu, vacilante y fatigado. Envidiamos a los dogmáticos, a los autoritarios de una y otra margen de la política que- simulan estar en e l secreto del tenebroso enigma. ¿Cómo va; a. salir España de esta tremenda crisis? ¿Con un salto atrás o con un i m pulso hacia adelante? ¿No sería mejor adoptar un ritmo lento, que nos permita aprovechar la experiencia del pasado sin menosprecio de las tentaciones del futuro? ¿N o habrá. modo de conciliar la tradición con el progreso? N a d a hay tan dulce como el amolde una mujer que ha rebasado la frontera de los treinta años, si sabe matizar las ingenuidades de la adolescencia con algo de la malicia inherente a la madur ¿N o se podría, llegar en política a idéntica combinación? Porque no a todos los hombres nos es dable adoptar la postura heroica de un don M i g u e l de Unamuno, que es, intelectualmente, invulnerable... v MANUEL B U E N O Hará unos cuantos días, no más allá de seis, la víspera o antevíspera de esa famosa conferencia que tantos comentarios ha suscitado para todos los gustos, estábamos reunidos en un rincón confidencial y apartado del Círculo de Bellas Artes unos cuantos amigos con el gran D Miguel de U n a muno. Había derivado la conversación, exclusivamente literaria, sobre el aburrimient o y el cansancio que para los autores representa los primeras ensayos de sus obras, y alguien lo atribuía a la pereza de los cómicos en aprenderse sus papeles. N o- -a r gumentó. D. M i g u e l- no hay tal pereza. L o que sucede es que la mayoría de los actores españoles son sujetos de tipo auditivo, más que visual; más oyentes que lectores; no saben leer con i o s ojos, sino con los oídos. Y a continuación añadía: Este, tipo de lector auditivo es muy corriente en E s paña. H a y mucha, muchísima más gente de lo que parece, que no sabe leer, quiero decir que no se entera de lo que lee. Son como el burro del cuento, que leen, pero no pronuncian. Y para entender hay que pronunc i a r es necesario que la palabra suene en el oído, no sólo con sus letras, sino con su matiz y su expresión. Y ya puesto a- di- vagar sobre esterna, D Miguel nos relataba el caso, recentísimo de. un amigo suyo. que acababa de confesarle no haber entendido un artículo de él. Pero, hombre- -le. decía Unamuno- si yo escribo muy claro. Pues yo no lo he entendido. Bueno; se lo voy a leer yo. Y en efecto- -nos éxpli- caba D M i g u e l- a medida que yo iba avanzando en la lectura, el rostro de aquel hombre se transfiguraba, se agrandaban sus ojos y movía la cabeza con ademán de asentimiento. Y ahora, ¿lo ha compi endido usted le preguntó al terminar la lectura. S í ahora muy bien. C l a r o como que lo leyó usted con los ojos y hay que: leer con los oídos. P o r eso no me había comprendido usted. ¡Pobre D M i g u e l! H a sido siempre en España el gran incomprendido. E n tiempos de la Dictadura, los recalcitrantes de la derecha le juzgaban loco, pero no así como se quiera, sino loco temible, peligroso y de mucho cuidado, mientras en el campo opuesto los revolucionarios de la izquierda le veneraban como el prototipo de la sensatez, el hombre extraordinario que tenia como ninguno la clarividencia de España, L o s tiempos han cambiado. L o s que ayer le tachaban de loco, hoy le juzgan sensato, y los que le admiraban por sensato, hoy le desdeñan por tonto, que es algo más depresivo que la propia locura. Unos y otros siguen sin comprenderle. Y sin embargo, él es el mismo. Y a lo decía ayer A B C es el mismo de siempre N o ha variado en nada. N i siquiera en su prurito de decir claras las cosas. E l las dice, pero no le comprenden. Y es que para, hacerse entender, de ciertos hombres, visuales o auditivos, no basta llegarles a los oídos ni a los ojos. N o hay peor ciego que el que no quiere ver, n i peor sordo que el que no quiere oír. E n las elecciones municipales de Bremen, celebradas el 28 de noviembre, los hitleristas han perdido más de la cuarta parte de sus votos. en comparación con las elecciones generales del día 6 del mismo mes; pérdida enorme para sólo tres semanas. L a i n decisión del Führer de los nazis- -la palabra corresponde a l duce italiano- que hace contraste con l a energía de sus palabras, ha hecho surgir numerosas y violentas críticas en Alemania y en. el extranjero. Y en efecto, las críticas parecen justificadas, pero se olvida que la presidencia de Hindenburg, o sea del mayor prestigio de Alemania, y el advenimiento de un Gobierno neta y radicalmente nacional, han cortado el camino de H i t l e r hacia el Poder dictatorial Se olvida que un movimiento nacionalista no puede prosperar sino cuando el Gobierno no lo es. y, además, se muestra débil. ¿Quién se a t r e v e r í a reprochar a Hindenburg, -Paperi y Schleicher falta de patriotismo exaltado u orientación i z quierdista? L a dimisión de B r i i n i n g ha sido un golpe fatal para Hitler. Désete luego, su política ha resultado errónea, pero hubiera sido imposible aconsejarle otra política más acertada; desde hace meses el movimiento nacionalsocialista se encuentra en un callejón sin salida. Supongamos que H i t l e r en vez de oponerse a Papen, le a p o j a y colabora con él. Con ello reconoce automáticamente que se puede hacer en A l e mania política nacional sin necesidad de recurrir a la dictadura hitlerista. H a tenido, pues, que oponerse al Gabinete Papen, pero ¿con qué programa? Durante años había predicado el fracaso del parlamentarismo y la necesidad de un Gobierno autoritario. Para poder atacar a Papen, se ha visto obligado a erigirse en heraldo, de la democracia parlamentaria violada por la dictadura dei Gobierno presidencialista, así como subrayar la segunda parte de su doble programa nacional y socialista. Pues bien, consigue derribar a Y o n Papen y recibe del presidente del Reich el encargo de realizar su nuevo programa, o sea: formar un Gobierno parlamentario. Pero cómo no dispone de mayoría propia, tiene que negociar con los partidos, es decir, tiene que renunciar con carácter, definitivo a. las veleidades dictatoriales y resignarse a Ta suerte dé. un partido cualquiera, cuya vida depende de la sorpresa de una votación adversa. A h o r a bien: H i t l e r h a b í a siempre negado el ser el jefe de un partido; pretendía ser el caudillo de un movimiento nacional. ¿Cómo hubiera podido ejecutar cuanto, le pedía, el mariscal- presidente? Entonces cometió el error de cambiar otra vez de actitud y p r o ponerse para, encabezar un Ministerio presidencialista, sin mayoría en el Reichstag, A ello contestó Hindenburg, con razón, que al jefe de un Gobierno que viviera por su voluntad ya lo escoc r i a él mismo. O se resigna Hitler a ser segunda figura en un Gabinete de autoridad, o tiene que adoptar una actitud de oposición sistemática e i n transigente. Situación poco envidiable, pero tampoco hubiera dado mejor resultado una táctica contraria de la que ha Seguido el Führer PiíiJuq M A T A ANDRÉS R E V E S Z