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rosamente, que él se sentía también murciaque, cerno una antorcha de Levante ilumisino con justas y arraigadas comprensiono. Y l o era, en efecto, porque el calor del nando al mundo, recorre tedas las comarnes; con un sentido nativo de su fisonomía... homenaje que el público le otorgaba en cas, llevando a M u r c i a su escudo de cruzado Por ejemplo: una de las últimas veces que aquel momento le infundía esa auténtica de la m á s alta causa dé españolismo. estuvo en nuestra ciudad aquel murciano naturaleza a que tenía bien logrado deinolvidable, que al morir se llevó un j i r ó n L a ciudad debía, pues, a García Sanchiz recho. irremendable de M u r c i a- -D E m i l i o Diez el homenaje fervoroso y desbordante que le r; c Revenga- le invitó a ver la famosa Mas el rubor que, como murcianos, deha tribuiado: comida intima de la Asocia Rueda de la Nora. P o r la noche, en su charbíamos sentir por ello, se torna en calor ción de la Prensa, banquete de los periola, García Sanchiz describió maravillosade admiración y gratitud hacia este bardo, distas, recital de canto a cargo del notabimente el f u n c i o n a lísimo tenor murciano miento del artefacto: Juan T o m á s- -p r o m e cómo llegaba a él e l sa feliz, ya en plenitud de madurez- y agua, c ó m o l a pala que fué organizado rompía su cristal con por el Casino; apretoun cachete suave y c ó nes, de manos, contimo la elevaba y la vern u a s presentaciones, tía sobre el cauce en visita en el Musco al un cataclismo de irisaBelén de Salzillo para ciones y chispazos v a recoger de él nuevos r i o p i n t o s y joyantes. motivos que incorpoE l público quedó m a rar a sus diarias de r a v i l l a d o de l a desOriente; excursión a cripción, ÍLS que- -dela sierra para buscar, cían algunos- -ni viénbajo los a l t o s p i n o s dola se percibe mejor del valle, y en la ansu belleza. Y no sacha y v e r d e c i d a e x bían, como no lo supo tensión de la v e g a casi nadie, que aquenuevas sugerencias líl l a tarde que García ricas... Ofrendas, i n Sanchiz fué a ver l a vitaciones... Rueda de l a Nora, é s ta, por h a l l a r s e los Y así, sin interrupcauces en monda, no ción, acompañado de funcionaba; era s ó l o amistades, desde l a un a r m a z ó n negro y, m a ñ a n a de su llegada sucio, de maderas viehasta el día siguiente jas y resquebrajadas, a media tarde, en que que se alzaba inútil y melancólico s o b r e el unos amigos- ilicitanos cauce exhausto... L o se lo llevaron en autoque el orador dijo de móvil a Elche, adonella iba dentro de él, de García Sanchiz va bien entendido y sedisiempre con el goce mentado por una intedel Sultán que tornaligencia intuitiva. E s ra a la ciudad reconta intuición inteligenquistada y en el que el te que le permitió exancho palmeral brinclamar l a noche de l a da inefables arrullos fiesta, a l d e c i r que a su alma, tan llena de Floridablanca era co atavismos árabes. mo uno de esos á r b o les de nuestra vega de RAIMUNDO frutos exquisitos y al que, como a ellos, deD E LOS R E Y E S Desde el camino que bordea la sierra, García Sanchis contempla un momentobíamos cultivar amola maravilla panorámica de la vega. (Fotos Mateo. Murcia. TI Federico Garda Sanchis, acompañado de las bellas seño- ritas que presidieron la fiesta- homenaje a Floridablanca, en la que actuó de mantenedor. (Foto Vidal.
 // Cambio Nodo4-Sevilla