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DIARIO DO. ILUSTRA- DIARIO DO. 10 ILUSTRAVI G E- AÑ O VI GE, NUMERO FUNDADO E L i. D E JUNIO AÑO GTS. S. I M O C T A V O 10 G T S SI M O C T A V O NUMERO D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E T E N A E l ansia de dinero, desatentada, loca, estableció su sede en. l a opulencia histérica de una ciudad americana. Desde allí se pulsaba l a economía universal y se dictaban leyes financieras. Y todo, en aquel sitio, hasta los rascacielos simbolizaba la nueva T o rre de Babel. D e la orilla del Eufrates- -viejo procer fluvial- -a la margen del Hüdson- -el río rastacuero- -había muchos siglos de distanc i a pero de insensatez a insensatez no mediaba un segundo entre los babilonios y los hombres actuales. Babilonia se hundió con lo que fué su poderío inmenso, y la v i gésima centuria de otra E r a asiste al hundimiento de otra admirable civilización. Porque Jehová castiga siempre la codicia, y más si es la soberbia quien la mueve. Y así vemos ahora cómo el Señor, ante la nueva Torre, ha enviado también el desconcierto y la desavenencia, y lo que antaño fué barullo en él lenguaje, es hoy horrible confusión política. N i entonces ni -ahora lograron entenderse. H a y una diferencia sin embargo, y ésta es en contra de l a Babel actual. L o s constructores de la antigua diéronse por vencidos y renunciaron pronto a- continuar las obras y hasta se dispersaron. para recomenzar sus vidas. N o acontece l o propio en la Babel contemporánea, donde nadie desiste de colocar ladrillos y argamasa, n i mucho menos, se resigna al recomienzo de un v i v i r más acorde con los preceptos evangélicos. Cada cual, eso sí, expone su criterio y propugna su fórmula, encaminada únicamen- te a que no le quiten lo suyo... y ver, de paso, si. carga con lo ajeno. Y mientras unos siguen aferrados a sus valores, a. sus monedas, a sus títulos de propiedad, a todos esos bienes que han, traído, el desequilibrio y l a ruina del mundo, los otros tiran a desalojar a los unos de sus p r i vilegiadas posiciones y quedarse bonitamente con Ja edificación por el bello sistema de la tortilla en l a sartén. Nadie se pone en lo que sea justo. Todos vociferan a un tiempo, y, desnudando con cínica impudicia la seca intolerancia de su espíritu, exponen sus anhelos, sus protestas y las grandes ventajas de sus ideologías L a c o n fusión es épica, espantosa, terrible. Y se hundirá de nuevo l a Torre de Babel bajo l a enorme. pesadumbre de tan desorbitadas apetencias. Y en su mortal caída, arrastrará a los pobres gusanillos que, otra vez en la Historia, trataron de escalar el espacio infinito para tomar unas alturas prohibidas por Dios y empleando unos medios muy poco fraternales. Y otros gusanos comenzarán de nuevo. Y pasaránlos años y los siglos... Y... ponsable de su boda. Se habían conocido en San Juan de L u z no encontrándose luego en España, porque E l v i r a fué a Bilbao, país de sus mayores, y Paco a León, donde poYo, pecador... see bienes solariegos. Llega l a primavera y a. mí se me ocurre anunciar una charla A C o n c h i t a M o n t e n e g r o en- -habla, en adelante, por si no lo sabes- -Hollywood. en el teatro Victoria, a la sazón de la R e i na Victoria. Humo de opio se titulaba el Fué en aquella casita tuya standard, con espectáculo oral, y era de carácter benésu pequeño garaje, su torta de césped, su fico. Sí, recuerdo: la sala, abarrotada, y, coquetón: aparato del teléfono, junto a la detrás de la decoración, sentado en una caja guía que reventaba de gorda; su radio con lucecitis. multicolores; los muebles, y la ar- y con su puro, jacinto Benavente. Paco y E l v i r a asistían al acto, y como Dios prequitectüra en él estilo de las misiones franmia las buenas obras, de aquella velada, en ciscanas, y hasta con una piscina, y hasta con que mutuamente se recuperaban, salieron la placa de porcelana y un ojo allí represennovios. L o demás ya se supone: el camino tado; ló. cual quiere decir que pagas a la P o licía para que vigile especialmente tus do- sabroso hasta el lugar donde Íes esperaba un; obispo con l a Epístola de San Pablo. minios. Y ahora, navegan conmigo, que no les Nos hallábamos de sobremesa en ese baconocía, habiéndome convertido las circunsrracón de juguete, donde aguardas el motancias en un padrino que sólo aparece en mento, de trasladarte a un palacio de Beverlas ocasiones decisivas. Iniciación del noly H i l l y tener por- vecinos a M a r y y a viazgo, viaje de l a luna de miel... V o y Douglas, a John Barrymore y a Carlitos adelantándoles experiencias y avisos, ayuChap iu, pues en la colina ya no es Charlot. dándoles a resolver sin dificultad l a armoY o era tu invitado del almuerzo. Asistían nía de los distintos caracteres, cumplientambién tu hermana y un muchacho de veindo, en fin, Ta misión del tutor, del maestro. te años, rubio, guapo, enamoradísimo de t i Así navegamos. entre focas y ballenas Pero no sirve, porque es. demasiado joven icebergs y. glaciares. Todo muy lindo y y quizá demasiado guapo. Puede dar perfecpropicio a las. alegorías literarias y- a l K o tos besos de un primer plano; es decir, de dak. L o malo es que, por último, llegamos los que se ensayan... a la frontera de los hielos eternos, en los L a víspera había hablado yo en la U n i ochenta grados, a témpanos fusionándose vesidad, figurando tú en el auditorio, entre con témpanos, él desierto blanco. De ahí estudiantes y profesores. Te gusta oír hablar. no se puede pasar, y, én efecto, retroceP a r a mejor escucharme, en la sobremesa a dimos, rumbo a Spitzberg, a Ta isla de los que aludo, y acaso no sin un poco de maligOsos, a Noruega. Doña E l v i r a no comprennidad, echaste el busto en el mantel de cuade, gstá, recelosa ante mi silencio. Pero, dros blancos y amarillos. T u rostro, con su ¿cómo decirle que los hielos eternos, a vematiz duriverdoso y sus ojos casi malayos, ces, son la. imagen suprema de la vida adquiría una picante tirantez, que entreabría conyuga! tus labios, con lo que descubríanse los dienFEDERICO GARCÍA S A N C H I Z tes, de una blancura azulada. Y el torso alardeaba de flexibilidad. Precioso y terrible espectáculo. Mareante. Y a todo esto, eí blondo doncel quedaba a tu espalda, impeTORRES D E BABEL cable, en su corrección. L a señorita jugaba Y sucedió que, en Babilonia, los habitancon los dos, con el niño y con el hombre. tes del valle de Senaar, buscando acaso Acordándome del mechón de canas que cohacerse célebres, o tal vez con l a mira de mienza a nublar mi sien, agarré de un modo salvar la existencia si hubiera descargado paternal tu busto, volviéndolo hacia el galán bisoño. Y seguí mi discurso, triste y gootro diluvio, procedieron a erigir junto al zoso a ün tiempo, porque era la aceptación Eufrates una torre que tocase en los cielos. voluntaria de, la ley de la vida. Pero el Señor, que no puso límites al es- pació, no se los quita nunca a la ambición Desde entonces, Conchita, la adorable del hombre, y así como castigó la soberbia star, han ido empeorando las cosas. N o sólo del megalómano Luzbel hundiéndolo por procuro los noviazgos, ajenos, sino c tte he siempre en los abismos, así también quiso acabado en casamentero. Y siempre con ayuatajar la loca empresa de aquellos babiloda de las palabras. ¡Válganle el insigne antenios estableciendo diferencias lingüísticas cedente del libro que leía Francesca de R i para que no pudieran entenderse, y llevanmini con su cuñado! do a tal punto el desconcierto, que la ediE n la babel de a bordo figuran cuatro esficación fué interrumpida y puestos los i l u pañoles, v dos matrimoniaron hace unas sesos en el trance de abandonar su Torre y manas. E l l a responde al dulce nombre de su designio. E l v i r a y él se flama, como quien 110 dice nada, Paco, o Paquín, si es. la esposa quien Y desde allí se dispersaron todos. le consulta, por ejemplo, si se decidirán por Y transcurrieron años... siglos. el lenguado o por la langosta, en la lista de Y sucedió que otras generaciones fueron la cena. O h ésa es una pregunta poética ocupando la Tierra. en la luna de miel y al arrullo del sexteto Y estas generaciones cifraron su destino del barco, tan alemán. tan sentimental! Doña en el afán de acumular tesoros. E l v i r a morena y pálida, tiene unos bellos Y diego a tal extremo la codicia, que iba ojos árabes, y su marido, fino, espigado, tola especie humana, precipitadamente, detrás davía luce con gentileza sus ropas le soltede unas monedas, con olvido absoluto para ro, deportivas, como los militares pueden, al muchos cuidados de un orden espiritual. retirarse, vestir con todo derecho su uniforY quienes no podían hacer grandes esme. Gallarda y simpática pareja, vertical en fuerzos, o no se daban maña; para triunfar la adiposa horizontalidad del resto del pasa- -en cacerías tales, padecieron con mayor r i je, tan alemán o germanizado rr y ¡os múgorismo el encarecimiento y la escasez a sicos. que las demasías de los otros empujaban al mundo. Pues, señor, resulta que yo soy el res- LISTA D E CORREOS RAMÓN LOPEZ- MGNTENEGRO l M Í! ABC EN ROMA Pilludo del Tíber H a c i a su desembocadura, cuando curva su corriente en abrazo para- acariciar y envolver las ruinas de Ostia, el Tíber se puebla de barcazas y de gentes de mar. T a m bién hay gaviotas y olas, que vienen desde las aguas libres, con temblores blancos de alas y de espumas; aquéllas, rasgan el azul con l a parábola violenta de su vuelo, y tornan al espacio sin. fin; éstas, titubean y se. apagan sobre las rocas, porque la fortu-
 // Cambio Nodo4-Sevilla