Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ocasión del magnífico brindis del general Buat. Y entre nosotros... Ningún buen artillero de España habrá podido olvidar las tardes decembrinas, frías y claras, con sus festejos cuarteleros, la cena bulliciosa y regocijada de la tropa y el toque de silencio que se prolonga... y la alegre diana floreada del día 4... E l regimiento de gala- ¿recordáis, artilleros... rojo airón de las forrajeras, aspas de impecable albura sobre el paño azul qué cubre los pechos fuertes... Brillo de dorados, condecoraciones... Luego, el desfile hacia la iglesia, la formación en orden de parada, el estandarte que llega con su escolta de sargentos, la mano del coronel tomándole de la mano joven del portaestandarte, los clarines que suenan tocando marcha, y en el templo, el órgano suena solemnemente, uniendo en el corazón de todos la espada y la cruz. ¿Recordáis, artilleros... B r i l l o de dragonas, y forrajeras. Tintineo de espuelas y medallas. Y la voz severa del orador, y la armonía de los cantos litúrgicos, y las notas triunfales de un himno... Como remate, el recuerdo a los compañeros muertos, la, misa de difuntos del día 5, patético homenaje de afectos y de unión a través de la muerte. ¿Os acordáis, artilleros? Todo tiene hoy una emoción irremediable, y un hombre c i v i l que ni siquiera tuvo el honor de ser soldado, oirá mañana la doble misa de un domingo, en que también es fiesta íntima, dé l a que fué Patrona de los artilleros. Dicen que nadie se acuerda de ella hasta que truena... N o lo sé. Y o sí me acuerdo. E s la tradición sentimental de un honor colectivo y católico que nadie puede pretender quitar de la intimidad insobornable del artillero. ¡Santa Bárbara bendita, que- en el cielo estás escrita... Y a no eres Patrona de nadie, Santa misteriosa, Señora de las tormentas, V i r g e n de Monteleón y de los, héroes de San G i l Y puesto que también la tristeza tiene sus jerarquías, sus oficialidades, y el dolor su orden, vuelve hacia mí, aunque sea el último que miren tus ojos militares, prietos de exacta pena, y déjame llorar, Santa Bárbara, detrás de los cañones que nunca fueron míos. Como a un soldado, menos aún, como a quien ya no es soldado siquiera, mírame tú llorar, madre de los artilleros, con el llanto civil y clandestino del amante taciturno que llora la ruina por la que nadie puede compadecer como arruinado... CESAS G O N Z A L E Z- R U A N O
 // Cambio Nodo4-Sevilla