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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MOC 5 5 5 TAVO. NUMEROEXTRAOR. D I N A R I O 20 C E N T S AÑO Y 1 GES 1 MOC 5 5 5 TAVO. IMPRESIONES DE ARTE NTRE las frondas siempre ve rae de la villa Borghese, t e n i e n d o tras de si. el maravilloso jardín de Venus, el c a s i n o Borghese alza su fábrica elegante ante una plazoleta semicircular, o r n a d a de estatuas de marmol. E r a este casino sitio de recreo y de esparcimiento, adonde los poderosos príncipes Borghese iban antaño a pasar la tarde en los largos días de verano, pues entonces aquel lugar estaba fuera de Roma y lejos de su caserío. LC Después, la ciudad fué acercándose, rodeó el jardín con sus edificios, y lo que fue sitio de asueto, convirtióse en parque púb co, se unió al Pincio por una vasta avenida, y boy rue; 1 an los automóviles y las carroselies sin cesar, bajo las bóvedas de las perennes encinas, y tollas las gentes disfrutan de aquellos parajes, que antes fueron tan sólo de unos pocos privilegiados mortales. E l casino encierra y guarda las colecciones de pinturas y esculturas que reunió el cardenal E s c i p i ó n Borghese, hoy del Estado italiano, y q u e son de las irás importantes de Roma. Están soberbiamente instaladas, en magníficos salones y galerías, con un lujo, y un esplendor de gus -o exquisito, -y continente v contenido forman tino de los más hermosos conjuntos que pueden verse. El salón de entrada o vestíbulo es una enorme escancia, donde se han recogido admirables esculturas gigantescas de la época romana. Calvezas colosales, de proporciones perfectas, de una serenidad y de un reposo olímpicos. Bajo un pórtico de pórfido, Sátiro ríe con el gesto insistente de los borrachos, mientras, en el suelo, las piedras menudas de un portentoso mosaico plasman combates de gladiadores y luchas de fieras, y, en el techo, las agradables figuras de un decorativo fresco reproducen un heroico hecho romano. Más adelante, dejando en su salón) a inmarcesible hermosura marmórea de Paulina Bonaparte, princesa Borghese, esculpí- SALÓN D E ENTRADA D E LA VILLA BO. RGHESE da. por Canova con el ligero atavío de las diosas paganas, se entra en la Galería de lo; Bustos, maravillosa sala, ornada de mármoles, de relieves, de estucos, de bron. ees y de pinturas, que forman un conjunto admirable y único. En el centro álzase el grupo de Plutón y Proserpina, que esculpió el Bernino en su adolescencia, y allí también se admiran las célebres mesas de pórfido, un baño de tan preciada piedra, los bustos de alabastro, y de ónix, y de ágata, y unos espléndidos vasos de blanquísimo Cárrara. E l techo, en bóveda, reproduce motivos pompeyanos y cubre dignamente aquel conjunto maravillosa En otros salones del mismo piso bajo admíranse muchas más esculturas, entre ellas el delicioso grupo de Dafne y Apolo, obra maestra de ese inmenso artista que se llamó Bernini. En el piso principal del villino están colocados los cuadros, que son abundantes, y muchos de primer orden, abundando los italianos, sobre todo de las escuelas p r i m i t i v a s También hay cuadros holandeses y flamencos muy interesantes, y algunos españoles. E l Dominiquino reprodujo a la Sibila de Cumas con el aspecto de una linda muchacha abrileña, de óvalo perfecto y rasgos bellísimos. Está ataviada con ricas vestiduras de estilo seudoriental, y u n turgente turbante aureola su cabeza con una tela, que se euro- lia. sujeta por bandas de sedosos bordados. La tapia de un jardín, tras la que suben las rectas ramas de un laurel y e I onduloso sarmiento de una parra, sirve de fondo a tan acicalada profetisa, quien, para mayor r e f i n a m i e n t o tiene junto a sí un instrumento músico, laúd o viola, de amor, cuyo astil, recurvado y labrado elegantemente, sube junto a las manos, blanquísimas, de la Sibila, que se ocupa en desplegar unos papeles de música. Es cuadro bellísimo, d e rico color y perfecto dibujo, eme. sin llegar a las cúspides de las obras maestras, es, sin embargo, deleite de la vista y recreo del espíritu, con lo que ya cumple grandemente su cometido de obra de arte. Marchita y enjuta la piel sobre los viejos huesos, La Magdalena, de Ribera, es lienzo admirable. E l maestro reflejó en él la figura ascética de una vieja consumida por los ayunos y las maceraciones. Algunos rr t cos dicen que la santa reproducida n e ¡c u y no es María de Magñala, sino la Egipci: ca, que también fué pecadora antes de sa tificarse en el yermo. Es igual sea una otra d. e ambas bienaventuradas. Ribera quiso, sin duda, repetir en esta. obra de la GaJ. ría Borghese uno de aquellos magistral alardes, maestros de luz y de sombra, -it cuerpos sarmentosos y arrugados, que tanto placían a su dramático pincel. Sobre el largo cuello descarnado, lleno de cartílagos y y
 // Cambio Nodo4-Sevilla