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Amontonando insidia sobre insidia, llegó hasta nuestra contemporaneidad una falsa madama de Maintenon, depravada, pueril e intrigante. S i su actitud forja una mala intención en los protestantes, Saint- Simon acaba ¡a difamación en sus injustas Memorias. S u obra consiste en las Cartas de madame de M a i n t e n o n que publicó L a Vallée en diez volúmenes el año 1853, donde se puede apreciar, junto a l a finura de su sensibilidad y buen juicio de pensamiento, u n elegante estilo. E n 1 26 se había p u blicado otra colección de cartas suyas sobre l a educación de las jóvenes, en ¡las Memorías de la Sociedad de Arqueología de Ginebra. Y aun, en 1752, L a Beaumelle p u blica una correspondencia amorosa de la marquesa con L u i s XIV introduciendo v a riaciones malignas de pésimo gusto. E l l a había destruido sus cartas de amor, y cabe pensar que n i siquiera exista una remota autenticidad en esas cartas publicadas por L a Beaurrielle y que contribuyen a la de formación, moral de su imagen. Qué cartas serán ésas, subastadas ahora, a los doscientos trece años de su muerte? ¿A la luz de qué graves candelabros escribió su mano fina, con letra segura, los plieguecillos amarillentos, creando fantasmas de sombras con l a pluma de ave sobre los viejos damascos de su camerino real? ¿Serán cartas de aquellas didácticas y encantadoras cartas escritas para l a educación de las doncellas nobles de F r a n cia? ¿Serán cartas de amor de los que escaparan del auto de fe que la marquesa h i ciera siendo muy vieja ya, en la calma idílica de la abadía de Saint- Cyr? N a d a sabemos desde este rincón de la m a r c a hispánica donde nos visita su sombra, lánguida de encajes y blanca de luna histórica, que acude al concilio de una noticia que no h a tenido aún el calor de u n comentario. F r a n c i a juega con frecuencia a los ensayos de rehabilitación. Se h a conseguido presentarnos a Gilíes de R a i z como a un burgués de la E d a d Media, como a un fantásmilla municipal del señorío de T i fauges. ¿Y de la Maintenon? ¿Cuándo merecerá el honor de que le devuelvan su honor, a ella, la redimida Reina L u n a de F r a n c i a? ¿Qué caballero pide lanza erudita y escudo de amor v i v o para rescatar su sombra del poder del dragón de los negros rencores? CÉSAR GONZÁLEZ- RUANO LUIS X I V POR NOCRET a PompadouT desde el corazón de L u i s X V ¿Y el motivo de este odio? Descartando la envidia, l a obstinada cruzada de la marquesa por todo l o fundamental en F r a n c i a por la ortodoxia católica y l a tradición imperial, es bastante. P r o tege, en efecto, a los oficiales de la Corte eni su lucha con el protestantismo. Se i n dispone con el obispo de Noailles, a quien ella misma le había hecho obispo, porquu éste se inclina a l a herejía. H a y un momento en la vida políticorreligiosa de Francia e n q u e ta figura con la que ha de tropezar el jansenismo es l a de la marquesa d e Maintenon, a l a que, mientras se denigra en la Corte, el pueblo inocente llam a la madre de los pobres, existiendo m o tivos para ello, y a que de las noventa y tres mil libras que el Rey la señala como pensión, ella destina sesenta mil a limosnas. Organizadora d e e s cuelas, fundadora de instituciones, propagadora continua de la fe católica. E l l a misma enseña el catecismo a los niños pobres de la aldea de A v o n adonde expresamente con tal propósito se traslada desde Fontainebleau. LA CALLE QUINCAMPOIX, E N GRABADO D E L A ÉPOCA, P O R A. HUMBLOT
 // Cambio Nodo4-Sevilla