Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO ILUSTRA DO. AÑO Vi G E S 3 MOCTAVO 3 0 CTS. N U M E R O l i P áf DIARIO ILUSTRAm D O- A Ñ O VI fiE 1 LJI W S 1 MOCTAVO 10 CTS. N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A 8 DE DICIEMBRE. LA I N M A C U L A D A ¿P o d r á decirse que supera en fervores y entusiasmos la celebración del día de la P u rísima a la V i r g e n del P i l a r de Zaragoza? Son ambas advocaciones de la Virgen las que m á s hondamente penetraron en el alma nacional; pero ofrece cada una de las dos características distintas. Suena a clarín de guerra l a devoción a la Pilarica, que al través de la historia del cristianismo en Españ a evoca jornadas de conquista con el Apóstol Santiago, heraldo de la fe; sabe a mieles de limpieza y blancura del espíritu la veneración a la Inmaculada, que siglos antes de l a proclamación oficial del Misterio creíase y se pregonaba por nuestros padres, de tal suerte que Universidades y Academias, Municipios y Consejos, doctores y poetas, hicieron de esta creencia dogma popular. Cuando otras modalidades de la piedad sufren variaciones, ésta no se altera ni debilita; antes al contrario, con el andar de los días se aumenta, dándose el sorprendente caso de que en los actuales de concupiscencia desenfrenada aparécese a la vista y a la admiración de todos a V i r g e n M a r í a en el Misterio de su pureza como el gran símbolo de la restauración, ya que gana terreno el parecer de que energía y fuerza, individual y colectiva, tienen su nacedero en la castidad. P o r este motivo de universalidad hispana, a las naciones que vida de fe y c i v i l i zación hallaron en la nuestra, dicles también este sentimiento de amor a la Inmaculada, hasta el punto de que una de ellas, la República Argentina, ostenta en su bandera los colores azul v blanco, como queriendo expresar en el emblema de sus glorias la memoria de su origen y la descendencia de aquel pueble, que en estos colores puso el simbolismo de su devoción predilecta, la de la V i r g e n Purísima. Acaso de tal inclinación a la pureza encarnada en la V i r g e n procede el tono caballeresco que siempre distinguió a la raza. L a s leyes de caballerosidad mucho m á s refinadas y exquisitas, el respeto y galantería para con la mujer, fuertemente sentido; el amparo de la debilidad contra la opresión, el afán de enderezar entuertos y desaguisados, el horror casi instintivo a ia injusticia y villanía. ¿N o tendrán carta de naturaleza estas cualidades en el culto a la m á s alta representación de la Pureza, que es la Virgen? Prescindo deliberadamente de comentar Jas solemnidades que en su honor se celebran, ni hago que destaquen en singular relieve de evocación las que el A r m a de Infantería, antes, cuando podía, le dedicaba, porque habrían de enumerarse una por una todas las iglesias de la nación, hoy engalanadas, y h a b r í a de referirme a los m i llares de Congregaciones que desde la mañ a n a hasta la noche pasan las horas de este d í a en homenaje de rendimiento filial y en tributo de adoración. Señal de predestinación dicen algunos teólogos que es la devoción a la Virgen, y siendo así bien puede asegurarse que en el combate, cada vez m á s duro, entre la religiosidad y la indiferencia, entre aquellas dos ciudades simbólicas a que aludía San A g u s t í n para significar los dos mundos, siempre en oposición, el de Dios y el de Sa- tanás, la victoria caerá de parte de aquellos que a M a r í a tengan por Capitana. N i i m porta que en la hora presente de cielo encapotado sean las apariencias de abatimiento más bien que de exaltación y triunfo. Para la Iglesia, que mira y contempla hombres y cosas a la luz de la filosofía providencial de la Plistoria, los sucesos de hoy no son sino episodios pasajeros, trance que Dios permite para expiación y acrisolamiento de hombres y de naciones. I Os suenan a literatura de devocionario estas frases? N o es para sorprender a nadie que la frivolidad corriente y moliente califique de música desconcertante y excéntrica ésta que traspasar puede los oídos y resonar en el espíritu. L a civilización entera está en crisis, y cuando el entendimiento vacilante en medio de esta anarquía intelectual pavorosa mira hacia aquella región de los principios i n- mortales, antes fuerte en su profunda serenidad, donde habitaban las ideas madres, donde el genio hallaba la ruta de sus conquistas, donde descansaba el alma atormentada por los embates de la pasión, el ánimo- se acongoja al ver cómo los valores de la materia han aniquilado a los del espíritu, al contemplar que no desaparece de la vida el légamo de barbarie que dejó l a guerra, y hasta los entendimientos y las voluntades que han perdido la fe, pero que sienten su necesidad, atribuladas por el dolor, alzan los ojos al cielo como una oración y como un lamento, pidiendo que este crepúsculo, que parece de muerte, se convierta y transforme en espléndida aurora de resurrección. A m o r y pureza contra la deshonestidad, y el odio claman, levantando los brazos, como Moisés. L a ciencia está en bancarrota decía Bruneíiére en su tiempo, y hoy ha de añadirse que el fracaso va a l canzando a todos les instrumentos de gobierno individual y colectivo, porque se han relajado todos los vínculo. sociales. A m o r y pureza, que tienen su m á x i m a eficacia representativa en la V i r g e n Santísima. E l problema, que se puede llamar ontoíóg co- -dice Vázquez de Mella- el que trata de explicar toda la realidad de que nosotros formamos parte, no ha tenido m á s que tres soluciones contradictorias fuera de la Iglesia o contra la Iglesia: considerar a todos los seres como manifestaciones, emanaciones o evoluciones de un todo absoluto o de una materia informe y primitiva, que es la solución monista, o explicarlos como obra de dos principios coeternos y contrarios, que es la solución dualista, o como obra en parte o en todo de Dios, considerado como ordenador, pero no como creador del mundo, o como Creador, pero no providente, o como creador y providente, pero no revelador y restaurador, que es la solución deísta en sus tres formas. T o das son falsas, porque todas son contradictorias. Y ved aquí- -añade el insigne orador- -el encadenamiento del plan divino: L a culpa reclama del amor la Redención; la Redención supone la Encarnación, nue salva el abismo entre lo finito y lo infinito, y la Encarnación pide una naturaleza i n maculada, y esa naturaleza no puede to marse m á s que de un seno virginal, pues toda unión con el hombre pecador la mancharía. Así resulta, además, la correspondencia entre l a Redención y la caída, pues si el hombre y la mujer participaron de la culpa también participan en la restauración, y el segundo A d á n no t i e n e m á s padre que Dios, como el primero. Pero como se puede resistir a la gracia y hay la posibilidad de perderla, esas cumbres sirven para ver mejor la debilidad humana y la extensión del abismo que la separa de Dios. E l abismo, en cierto modo, se disminuye cuando se coloca sobre eiia una naturaleza Inmaculada que no ha necesitado desprenderse del pecado para ascender a l s i t i o m á s alto al que pueden llegar todos los seres, y el r. bismo se cierra cuando de esa naturaleza Inmaculada se toma una humanidad pura para unirla y asumirla en la persona del Verbo. Santidad, Pureza Inmaculada, Humanidad deificada, es decir, el santo, la Virgen, Cristo: ésa es la escala que. salva la antítesis suprema en que mueren todas las religiones y filosofías que ignoran o niegan el nudo de la Encarnación que ata el Universo a Dios. ¿P o r qué en estos tiempos dé creciente indiferencia religiosa y destacado positivismo la devoción a- la Inmaculada sigue en orden inverso al que naturalmente debía presumirse, atendida la corriente de las ideas? Cuando teda creencia y todo culto parecen haber decaído y reducídose a un n ú m e r o escaso de corazones que conservan el sagrado depósito, la creencia en los dogmas relativos a la Madre de Dios y su cuito se han avivado. ¿Q u é explicación puede tener un hecho tan sorprendente? Bien lógica, y terminante la da el esclarecido propagandista Sarda Salvany, partiendo del principio de que l a Historia no tiene sólo su filosofía, sino su teología también, y, por cierto, profundísima. Contra las negaciones que son esencia del dogma de la revolución contemporánea, negación del necado original, de la divinidad de Cristo, de la autoridad de l a Iglesia, de donde resulta independiente y como divinizada la razón, levanta y sitúa la afirmación del dogma católico de la Inmaculada, que sintetiza las tres afirmaciones contrarias, de suerte que en torno a la lucha personificada en las doctrinas revolucionarias o en la doctrina católica se han agitado de nuevo las dos banderas, aquellas mismas de las que hablaba San Ignacio en una de las meditaciones de sus inmortales ejercicios. P o r estas razones cada contendiente va fijando cada día con m á s claridad sus posiciones, y entre los que adoptaron la católica, el dogma de la Inmaculada y la profesión de los principios en que se asienta resplandece con vivos fulgores en esta época de espiritual decaimiento. Estrella de luz en la obscura noche, el amor a la V i r g e n Inmaculada, que en peores tiempos guió hacia la victoria los pasos de su nación preferida, puede apartarla ahora de ios caminos de perdición. Puede, porque es, al decir de los teólogos, Omnipotenüa suplex, omnipotencia suplicante. Quiere, porque es madre. Pero este poder y voluntad requieren para su plena eficacia la cooperación, la cual implica a su. vez una reforma en las ideas, una rectificación en los procedimientos, un cambio en la conducta. E l catolicismo no es sólo una creencia, una l i turgia; es, sobre todo esto, una vkh. J. P O L O B E N I T O
 // Cambio Nodo4-Sevilla