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HÓCELA DE ZANE G R E Y TRADUCIDA POR L A SEUORITA ¡SABEL LACASA (CONTINUACIÓN) las. Del pomo del arzón colgaba un viejo sombrero de anchas había tenido la intención de empezar inmediatamente a persuadirle, alas. De la pared, un poco más arriba, pendía una lámpara, que con todas sus fuerzas, de que volviera con ella a Nueva York, O, se apoyaba en un rollo de cuerda, que Carley supuso sería un lazo. cuando menos, durante aquel mismo año. Pero la tosca cabana de Bajo un estante, en el que había una maleta, vio Carley unas madera la había hecho dominar su impulso. Comprendió que quizá fuera contraproducente el apresurarse. cuantas prendas de vestir de tosco aspecto. Carley observó que su retrato y la maleta eran las únicas- -Glenn Kilbourne, ya te he dicho por qué he venido a verte pruebas de la relación que tenía la vida de Glenn con el Este. al Oeste- -dijo alegremente- Bueno, puesto que aún sigues queAquello le hizo un efecto inesperado. Qué se había imaginado? riendo a la novia que dejaste en Nueva York, deberías de enDespués de haber pasado revista nuevamente a la habitación, abru- tretenerla un rato antes de empezar a hablar de asuntos de negocios. mó a Glenn a fuerza de preguntas. Glenn le enseñó la fuente que- -Muy bien, Carley- -contestó Glenn riéndose- ¿Qué quieres tenía delante de la casa y el banquito, sobre el cual se encontra- que hagamos? Tienes todo el día a tu disposición. Ojalá estuviéban el barreño y el. jabón. Carley dio muestras de un gran ramos en Junid. Si no te enamorabas entonces del West Fork, asombró al ver la empapada toalla que: tenía Glenn. Se sentó en las había que reconocer que no servías para nada. banquetas y se tumbó en el diván, y revolvió el contenido del arma -Glenn, yo me enamoro de las personas y no de los sitios rip. Echó leña al fuego, y, finalmente, cuando hubo terminado sus- -contestó ella. investigaciones, se sentó en una banqueta y se quedó mirando a- -Y a lo recuerdo. Y ésa es una de las cosas que no me Gíenn con respeto, admiración e incredulidad. agradan en ti. Pero, no riñamos. ¿Qué quieres que hagamos? ¡Glenn, es posible que hayas vivido aquí! -exclamó. -Podemos pasear por los alrededores hasta que me entre el- -Desde el otoño último, antes de que empezara s nevar- -con- apetito. Después, volveremos aquí, y me prepararás la comida. testó él sonriendo. ¡Magnífico! ¡Oh, ya sé que estás muerta de curiosidad de- ¿A nevar? ¿Nevó de verdad? -preguntó la muchacha. ver cómo lo hago. Bueno, quizá se quede usted muy sorprendida, -Y a lo creo. Estuve una semana entera bloqueado por la señorita. nieve. -Vamonos- -insistió Carley. ¿Por qué elegiste un sitio tan solitario y tan lejos de Lodge? ¿Quieres que me lleve el fusil o la caña de pescar? -preguntó Carley lentamente. -No quiero que te lleves más que a mi persona- -contestó Carley: i Qué papel hace una muchacha yendo con un hombre, si éste- -Quería estar solo- -contestó Glenn brevemente. ¿Es como una especie de tienda de campana para pasar la tiene ocasión de cazar o pescar? noche cuando estás en el monte, no? Salieron juntos y cogidos de la mano. L a mitad del cielo que- -Carley, es mi hogar- -contestó el. muchacho con voz dulce y cubría sus cabezas estaba lleno de grises nubes, que avanzaban enérgica. rápidamente. E l resto estaba azu! pero iba ensombreciéndose lentamente, adquiriendo un aspecto tormentoso. ¡Qué frío era el aire! Carley no le había oído hablar nunca en aquel tono. Carley sabía ya por experiencia que en cuanto se ocultaba el sol Esto hizo que permaneciera silenciosa durante algún tiempo. se enfriaba considerablemente la atmósfera. Glenn la condujo por Se dirigió hacia la puerta y contempló la enorme muralla, que le pareció más bella y más aterradora que nunca. Sus ojos se llenaron un camino que bajaba hasta el río. A l llegar a la orilla la cogió de lágrimas. No comprendía a qué se debía aquella emoción, y se tranquilamente entre sus brazos, aparentemente, sin la menor sentía avergonzada de ella, ocultándoselo a Glenn. Había un te- dificultad, y cruzó lentamente la corriente, besándola media docena de veces antes de volver a depositarla sobre el suelo. rrible abismo, que le separa de su. amado, y comprendía que no- -Glenn, ló has hecho con tanta facilidad, que sospecho que era él el que tenía la culpa. Aquella cabana, que Glenn calificaba de hogar, le produjo un desconcierto que no se podía analizar lo practiques de cuando en cuando- -dijo la muchacha. -No. Pero es que eres linda y dulce como lo eras hace en un momento. Finalmente, se volvió hacia él con una exclamación de alegría. Trató de apartar de su imaginación la idea de cuatro años. Me has hecho trasladarme a aquella época. -Gracias. Eres un encanto. Me siento un poco maliciosa, y que aquella cabana, tosca y primitiva, tenía un poder inescrutable sobre una parte de su ser, que nunca había adivinado poseer. desearía que tuviéramos que cruzar el río muchas veces. Aunque la atmósfera era primaveral y fresca, ni la tierra de Hasta las piedras del hogar parecían hablar de un remoto pasado, y el dulce e intenso aroma de madera quemada la hacía estreme- color parduzco, ni los árboles, estaban muy verdes. Los bosques cerse liasta los huesos. ¡Qué poco se conocía! Pero tenía la sufi- de algodoneros tenían un color verde claro, y parecían llenos de ciente inteligencia para comprender que en ella había una mujer, plumas. L a larga hierba era de un tono blanquecino, y junto a un ser femenino, y que a eso se debía, precisamente, que los la tierra aparecían nuevas briznas diminutas de vivo color verde. leños y las piedras le produjeran aquella sensación, que le habían Vieron unos árboles pequeños que parecían rodeados de una funda. Tenían muchas hojas, y se veían en ellos restos de ramas muerlegado las mujeres de otras épocas. Aquella emoción, aquel apresuramiento de los latidos de su corazón, aquel recueido vago que la tas. Glenn dijo que eran cedros, y aunque eran grotescos, a Carley perseguía, como si tratara de alguna aventura infantil ocurrida le gustaron. Se podía uno aproximar a ellos, pues no eran majestuosos y enormes, como los pinos. Además, olían de una manera hacía muchos años, aquella sensación de miedo, todo aquello persistía e iba en aumento, mientras trataba de mostrar a Glenn lo muy dulce, y, sobre todos los demás atractivos, tenían el de proorgullosa que estaba de él y de decirle lo graciosa que le parecía tegerle contra el fuerte viento. A Carley le agradaba más descansar que andar. También le parecieron interesantes los enormes su cabana. Glenn trató de abordar la cuestión de su trabajo en el Oeste peñascos de roca roja que habían caído de la montaña. Sobre una o dos veces. L o hizo titubeando, y con voz en la que se re- todo, le agradaba mucho su aspecto cuando el sol aparecía durante flejaba la ansiedad. A l menos, eso le pareció a Carley. Pero la algunos instantes, dejando ver su verdadero color. Le divertía muchacha deseaba estar con él un rato sin tratar de asunto, des- andar por encima de los troncos de los caídos pinos. Glenn anagradables. Estaba completamente convencida de que no le agra- daba junto a ella, y le daba la mano. Carley buscó en vano flores daría el trabajo gue llevaba a cabo su prometido. A l principia, Se continuará, 13
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