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hace veinte años. O, mejor, a u n a prueba aerostática de fines de siglo. ¡Un público vario, mezclado de soldados, espontáneos, amigos de los novios, fotógrafos de todos los diarios y hasta dos camera mans contemplan cómo evoluciona una avioneta con una curiosidad y un asombro encantadores. Después llega; el trimotor, y se celebra mucho que tome tierra en el campo encharcado. U n futurista se come unas pastas antes de que lleguen los novios, tomándolas del pabelloncito donde está dispuesto el lunch. A este mozo le tienen sin cuidado los hermanos Montgolfiers y Leonardo, precur- sor mágico de Lindbergh. Por fin, llega un auto con los novios. Simpática pareja. N o ha hecho mella en sus espíritus el cine americano. Son algo muy español, muy madrileño, sean o no de M a drid, que no lo sé. E l l a viene vestida de blanco, con una gran cola que la llevan dos niños metidos en monos de aviadorcitos. E l a cuerpo, luce un smoking y se cubre la cabeza con un sombrero hongo. L a concurrencia les rodea con entusiasmo. Pel i g r a el hongo y la cola. L a simpatía por esta pareja enamorada llena de barro las mejores galas y no les deja andar. Los fotógrafos disparan sus placas y dan voces con las que pretenden inútilmente imponer un orden. Cuando intentamos entrar en el avión comprendemos lo ingenuo de nuestro intento. Toda esta gente es tan alegremente de- mocrática que creen que el avión es elás- tico, igual que el tranvía de la Fuentecilla. E l piloto se i r r i t a a mí me hace cisco un pie un energúmeno cargado de alegría, y un señor quiere subirse encima de una niña, a cuyo padre le han arrancado- los botones del impermeable. A duras penas nos colocamos en el avión las siguientes personas: el novio y la novia, el juez municipal suplente del Hospicio, don Aquilino Sobrino: el secretario, D. Santiago de la Escalera; el Sr. Alyarez Buylla y se: Y, en efecto, desde el pórtico del templo de Santa Bárbara, el presbítero de esta parroquia, D. Francisco Barrutieta Calvo, rodeado de un grupo de fieles que salen de misa, bendice el aparato de los aviadores. Foto Zegrí. ñora; el redactor de Informaciones señor Portóles, un fotógrafo y yo. E l avión parte, corre, asciende y no hay modo ya de distinguir al caballero que ha perdido los botones de su impermeable. Volamos sobre Madrid. N o ha subido el sacerdote. E l matrimonio religioso no se ha podido conseguir entre nubes. Se procede ahora al matrimonio civil, y la simpática pareja irá después a la Catedral de Sevilla. E l nuncio ha dado facilidades para ello, A l pasar sobre Santa Bárbara, sabemos que un sacerdote, desde el atrio, bendecirá nuestro vuelo. E n tanto, formalmente, nos hemos intentado poner todos de pie, y el juez, Sr. Sobrino, vistiendo la toga, les pregunta con solemnidad si quieren, en efecto, contraer matrimonio. Cualquiera de ellos podrían haber contestado: ¿Cree usted que después de todo lo pasado era una broma? Pero ellos contestan un S í luego otro S í y firman en el libro de matrimonios número 66, el acta 145, después de haber escuchado el artículo 56 del. Código civil. Como testigos hemos firmado el acta, con temblona letra aviadora, el Sr. Buylla y este que se llama César González- Ruano. ¡Y a está! Volvemos a Cuatro Vientos. Nuevo barullo. Pocas cosas hay tan incómodas como la alegría de más de diez personas juntas. Pero no se puede uno quejar. Todo es un homenaje a esta pareja encantadora que ha pretendido encontrar la originalidad nada menos que en el matrimonio. Salimos, en autos hacia Getafe. E l trimotor se ha ido ya. Y en Getafe la noticia desalentadora. ¡N o se puede volar hacia S e v i l l a! E s la una y acaba de llegar el parte, que nos deja a todos un poco melancólicos. Elisita, contrariada, está más mona. Y este simpático novio, que es E m i l i o Copano, se limpia filosó- fiéamente la suela de los zapatos, llena de arcilla, contra el estribo del avión que no ha de salir: U n espíritu crítico, encarnado en un señor desconocido que luce una magnífica capa, comenta: ¡Estos campos de aviación españoles se ponen asquerosos cuando llueve... M e despido de l a joven pareja que ha querido mezclar el azar y el riesgo con los azahares. M e aumenta la simpatía hacia ellos, porque acaban de dar a la aviación, sin darse cuenta acaso, un perfil madrileñísimo y castizo. Esto me ha recordado, no sé exactamente por qué, La verbena de la Paloma. Sí, La verbena de la Paloma en aeroplano. A l g o naturalmente, encantador que me mueve al aplauso con mis votos por la fe licidad de los nuevos señores de Copano. ¿N o se dice así? CÉSAR G O N Z Á L E Z R U A N O Yá se ha celebrado el matrimonio civil. Los novios descienden del trimotor y se disponen a partir para Getafe, desde, donde han de continuar, también por vía aérea, a Sevilla. En la Catedral sevillana iba a tener efecto la ceremonia religiosa de la boda: Pero ha habido que aplazarla un poquito. Es imposible volar. El tiempo se ha puesto de un cariz de todos los demonios. (Foto Díaz Casariego.
 // Cambio Nodo4-Sevilla