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¿Q u i é n los lanza? i Quién los propagar ¿Q u i é n los cunde? ¿Con qué intención? ¿Con qué provecho? Y menos mal si, como en ios momentos actuales, se limitan al presagio de unos acontecimientos que la realidad por sí sola se basta a desmentir. Y a lo advertía el Sr. L e r r o u x la otra tarde en los pasillos del Congreso, con la auMÁXIMO toridad que le concede su dilatada experiencia política: Estoy habituado a interpretar los acontecimientos actuales al mismo ritmo que lo hacía en épocas anteriores. Veíamos entonces que de cien veces diez se producía lo esperado, y que de es L a Dirección de Seguridad se- ha creído tas diez sólo una echaba humo Verdad. e i l el deber de explicar en una referencia Jlenditos sean los rumores por alarmantes oficiosa el verdadero alcance del servicio que sean si no tienen m á s base que el propracticado por l a Policía, en la madrugada nóstico de un acontecimiento que podrá o del miércoles, al detener en las proximidano sobrevenir. Pero ¿y cuando se basan des de Getafe tres automóviles que venían en l a inexacta interpretación de un hecho hacia M a d r i d por la carretera de Andalucierto, cuando tienen por fundamento la cía, E l hecho no tiene nada que ver con existencia aparente de un sucedido que se cuestión alguna de índole política n i soda por real? Recuerdo los días luctuosos cial. Se trata, sencillamente, de l á identide nuestra guerra de Marruecos, la intranficación de unas personas en un. asunto re- quilidad de las gentes, l a zozobra constanlacionado con un intento de estafa. Esto te de las pobres familias que tenían sus y ño otra cosa- -dice rotundamente la verdeudos entre las tropas de avanzada. E n sión oficia! -fué lo ocurrido en l a madrutraba un día un hombre en un café con el gada de ayer. rostro radiante de satisfacción. Claro está que en cualquier otra cir- ¿Qué hay? -preguntaban al verle los cunstancia esto no hubiera tenido la mecontertulios de la mesa. nor trascendencia. Realizado el servicio y- -Grandes noticias- -gritaba el alborotramitada la denuncia, l a noticia habría zado- N o s han matado un general, dos quedado reducida a los términos escuetos y corrientes de una modesta gacetilla en l a sección de sucesos locales. N i merecía otra cosa ni nadie se hubiera preocupado de: ello, n i l a Policía se habría visto obligada a venir con rectificaciones, que, m á s qué a puntualizar hechos concretos, tienden a desvirtuar rumores alarmistas, que habían acogido torios ios periódicos de la m a ñ a n a ai coincidir en que se trataba nada menos que del fracaso de un complot extremista. Y no eran sólo los periódicos. E l rumor, en sus revoloteos, llevó la. i n tranquilidad a todas partes, y en los pasillos del Congreso fué el tema preferí te de las conversaciones. E l propio señor L e r r o u x no tuvo inconveniente en acogerlo, y al ministro de la Gobernación le sirvió de motivo para desmentir, indignado y enérgico, la falsa imputación de unas declaraciones que se! e atribuían. Afortunadamente, no iia sucedido nada, Fracasado, abortado o inexistente el temido complot, se ha quedado en la modesta categoría de un Tumor alarmante. Pero he aquí que, restablecida la tranquilidad, los periódicos ministeriales, los mismos periódicos que el día anterior, al publicar la noticia, la comentaban satisfechos, como un triunfo ele la previsión de las autoridades, vinieron después protestando, airados y violentos, contra el falso rumor. ¡G u e r r a al rumor alarmista! salió gritando, enfurecido, El Liberal. M á s templado en apariencia, pero en el fondo mucho m á s enérgico, El Sol Con el sorteo que se se indignó también contra esta interferencia demasiado estúpida, que, repetida siscelebró el lunes se temáticamente, induce a pensar en un deha inaugurado el signio de paquear la República, ló cual ennuevo edificio de latra ya en los límites de lo intolerable. N o Lotería Nacional, en se puede consentir el rumor. H a y que acala calle de Montalbar con él, emprendiendo, si es preciso, una bán. El salón de sorinvestigación hasta dar con su origen. U 2 Z agotados éstos, con créditos exteriores. P e r o ahora se aprende que los créditos exteriores de cmerra no son de hecho reembolsadles, cuando rebasan ciertas cuantías. Sépase y ¡anótese. E s posible que esta convicción haga en pro del desarme m á s que todos los Conclaves eminentes de Ginebra... E L F A N T A S M A D E LOS RUMORES coroneles, diecisiete oficiales y mil quinics tos individuos de tropa. Si de ésta no cae el Gobierno ya no cae nunca. ¡Hombre, sí! -comentaban los demás satisfechos- Gracias a Dios. Y el rumor trascendía y volaba, sin que nadie le pusiera coto. No se trataba entonces de paquear un régimen, sino, sencillamente, de debilitar a un Gobierno para que fuese remplazado por otro, que en la conciencia de las gentes iba a proceder en la capipaña exactamente igual. Lícito o ilícito, patriótico o antipatriótico, el rumor ha sido siempre un arma de combate en los procedimientos de la política española; ha existido siempre, existe y existirá mientras no se modifique nuestro pobre concepto de la responsabilidad ciudadana. Es un vicio congénito, algo así como una especie de excrecencia hereditaria, que se va transmitiendo de generación en generación. No hay médico que la cure ni cirujano que la extirpe. Si para combatirlo se aplicase, como El Sol prepone, la ley de Defensa de la República, todas las posesiones españoles serían insuficientes para contener a los deportados. Empezando, naturalmente, por los congresistas de la F. N I. R que acaban de acordaí la huelga revolucionaria ante el rumor d que España va a entrar en una guerra. 1 PEDRO MATA El nuevo local déla 1o te ría. M u y justa la indignación de El Sol. ES rumor, en política, es, en efecto, tan pernicioso y delictivo como el rumor en las finanzas. Lanzado en momentos delicados, en que toda la atención del Gobierno es necesaria para una meditación constructiva, reviste caracteres de alto delito público, que es preciso sancionar tan duramente como el delito de alta traición. Completamente conformes. L á s t i m a que esta admirable, auténtica, sana y patriótica teor í a no se haya defendido siempre por los que ahora tan sinceramente la proclaman. Porque los rumores han existido siempre, siempre fueron un nial endémico, contagioso e incurable en los tristes anales de la política española. teos, bastante mayor que el antiguo de la Casa de la Moneda. Los aparatos están montados así. Parte del mecanismo de los bombos desaparece del estrado; y. una especie de carretilla penetra y sale de aquél. (Fotos Zegrí.
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