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Informactonai? raporlajas Una vlslla a l a grran Clínica Cafabanctielí Milita Í 7 c de tos gabinetes de radiografié Moderna instalación Evocación de ios años de guerra telehíperestereonadhgrafia julio, recuerde a Muñoz Grande un poco que éste. parece haber huido avergonzado abatido por la fiebre y perdida su leve figu- ante la soberbia transformación- sufrida por; E n cuanto supimos que el teniente corora en la muelle cama de un lujoso y coneste hospital, que es, sin duda, uno de losí nel Muñoz Grande había estado enfermo fortable cuarto de este hospital, que parece mejores centros sanitarios del mundo. en el hospital Militar de Carabanchel de la pulcra y coquetona habitación de un horegreso de África, hicimos el propósito de tel de moda, y- le hubiera, visto, como nosLos que fueron conventos y cuarvisitar a este modesto y heroico militar, otros, hace ocho años, allí, en África, tenteles cuyo nombre va unido a la época más acdido como un harqueño m á s bajo la misetiva y gloriosa de nuestra actuación en rable tienda de campaña moruna, entre el N o tan magnifico en los años que evoÁfrica. abigarrado círculo de moros, perdido entre camos, en que el imperio avasallador de l a aquel revuelto montón de chilabas, entre Hablar de Muñoz Grande, de Carabanguerra hubo de convertirlo en hospital de cuyos andrajos difícilmente podían descuchel y de su magnífico hospital, es evocar sangre, en puesto de socorro, donde lo p r i brirse en nervudas y atezadas piernas y rosaquellos trágicos años en que España demordial era atender a las víctimas que iban s a n g r á b a s e por su grave herida abierta en. tros morenos de temible traza, igualados toamontonándose en dolorosa espera hasta Marruecos, cerrada ya por fortuna, que. dos en el sueño por un mismo atreszo de llegar a invadir los sótanos u Ocupar los cama (el bendito suelo y el típico morral aquí, en éste que pudiéramos llamar barrio huecos de otras que eran evacuadas a los de cartuchos por toda almohada) habríale extremo de Madrid, hallaba su alivio o su improvisados hospitales de las ciudades del. ganado en admiración esta sencilla conviremedio más eficaz. Esta amplia y progreNorte. Él grave y, tradicional abandono en vencia del jefe con sus soldados, sobre todo siva ciudad sanitaria de Carabanchel, dónque el Estado español llegó a tener a los al advertir que un vendaje mugriento, en de la juventud caída en Á f r i c a- h u b o años hospitales militares, aquellos viejos caseroel que la sangre se había ennegrecido, cuque llenaba sus calles, salas y quirófanos nes y ruinosos convenios, regidos por una bría uno de jos brazos de este jefe abneentre ensangrentados y aparatosos vendajes, administración arcaica, inspirada por una torpes muletas y recompuestos, cabestrillos gado que prefería los riesgos y molestias norma estrecha y cuartelera, llegó a, alcande una herida, agravados en aquella vida y aquel ir y venir de camillas- en dolorosa zar en parte a este centro de Carabanchel, procesión a las puertas de la gran urbe nía- inquieta de enconada lucha y misteriosas que brillaba solamente por la magnificencia drileña un tanto olvidada en sus luchas y- emboscadas en aquel duelo a muerte entade su fábrica y la valia de sus cuadros de blado con el propio cabecilla a las puertas rencores políticos. médicos y especialistas, condenados a ver de T á n g e r en cuanto se hacía de noche en cómo su ciencia no aprovechaba, a la juvenAquí, en este hospital que hembs vuelto el campamento de Reg aia, a la vida plácitud dolorida por falta de instrumentos de a visitar, vimos hace años a este sufrido da, recogida, e inútil de un hospital de la trabajo. soldado malcurando de sus heridas, porque Península. con ellas abiertas huyó más de una vez Tuvo que ocurrir la guerra de Marruepara ocupar de nuevo su puesto en la lucha Por eso no podíamos suponer, que quien cos con todo su. trágico cortejo, -yunque alisin tregua eme sosteníamos en África, llatantas, veces había vertido su sangré de muviado por aquel resurgir piadoso, fraternal mado unas veces por la voz íntima e i n chacho, que es decir generosa, y apenas su y patriótico de pueblos y ciudades, en favor excusable de un exagerado pundonor, otras espíritu sencillo e inquieto halló refugio ele nuestros soldados heridos, para que campor sus propios moros harqueños, que no momentáneo en las salas de un hospital, biara la faz. y el régimen interno de estos acertaban a combatir sin la guía y el abneocupara solemnemente una cama como sim- centros sanitarios, de un sentido rígido y gado ejemplo de su valiente jefe, entonces ple enfermo en esta hermosa clínica camilitarizado, como si las enfermedades pucasi r. i. muchacho todavía, por su figura rabanchelera en donde Muñoz Grande casi dieran curarse a la voz de mando, y para menuda y juvenil, su aire animoso y su, puede decirse que ha nacido, por llevar el dejar paso a- ideas m á s modernas y humanas traza sencilla y simpática, que no perdía la nombre aquélla de su pueblo natal, del que que las que por incuria del Estado regían en r- jrenidad ni- su alegre continente aun en es hijo predilecto, y en el que cuenta con aquellos hospitales, donde el eufenno no ¡os momentos más apasionados y culminanuna simbólica calle, aquella que conduce de era más que una cifra colocada a la cabecetes de un combate. Quien, en el pasado la carretera a la mansión del dolor, de la ra del lecho, un soldado m á s en aquella do:
 // Cambio Nodo4-Sevilla