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lorosa formación de alineadas camas, en oue la salud y l a higiene tenían el rígido concepto del cumplimiento de un acto ordenancista. Los médicos militares pasáronse muchos años clamando contra aquel abandone, que ellos trataban de aliviar convirtiéndose en enfermeros y haciendo heroicos equilibrios con los módicos presupuestos y plantillas. E l soldado ganó el título de. enfermo bajo el amparo paternal de Gobiernos m á s comprensivos y la solicitud verdaderamente abnegada de los médicos militares. que, inspirados, además, por. altísimos ejemplos de amor hacia los humildes, han ido transformando aquellos hospitales militares en modernas y magníficas clínicas, donde nada falta a la ciencia médica y la higiene más exigentes. La mejor clínica militar del mundo Como. sucede en este hospital de Carabanchel, en el que, en un plazo dé doce a quince años, la mutación ha sido tan completa que pocos le conocerían de cuantos lo vieron levantar. El edificio no ha perdido su- primitiva fisonomía cuartelera, que le daba un carácter frío y adusto, sino que ofrece ia impresión de una espléndida y riente barriada de corte americano con sus cuidados paseos y floridas terrazas, sus artísticos y primorosos jardines, con toda la gracia de color y de línea que ha puesto en sus fuentes y bancos el típico y bello azulejo sevillano, jardines que son recreo de los ojos y bálsamo para cuerpos maltrechos y espíritus fatigados. Se han construido amplios pabellones, donde el sol entra a sus anchas y deja sin misión al médico. Magníficos quirófanos, luminosas y confortables salas de operaciones donde todos los días se realizan dos y tres intervenciones quirúrgicas a militares y sus familiares, que acuden en peregrinación de todas las guarniciones de la Península a buscar la salud en ésta que, m á s que clínica; parece una ermita milagrosa por l a fe que traen los enfermos y los resultados prodigiosos de la mayor parte de las intervenciones médicas. Se han instalado cómodos y capaces ascensores, para traslado de operados gabinetes de consulta de todas las especialidades. H o n r a n este hospital dos magnas y novísimas instalaciones: una de radioterapia profunda y la otra (tomen ustedes aliento) de telehiperestereorradiografía, por medio de la cual puede estudiarse en relieve el esqueleto humano; gabinete éste que no disfruta ninguna clínica en E s p a ñ a L a escuela de reeducación, con sus talleres de imprenta, forja, carpintería, zapatería y otros, donde el inválido de guerra halla él oficio apropiado después que se han reconstruido sus miembros en. los talleres de ortopedia, del que salen brazos y piernas artificiales. Los laboratorios, salas de masaje, espléndidas terrazas para curas de sol, l u josos gabinetes de lectura, amplias y bien orientadas galerías, que hacen, en suma, de esta gran casa de salud para el soldado el mejor hospital militar del mundo, confirmado este juicio por gran número de autoridades médicas que lo han visitado. herida de guerra. ¡Como si estos hombres de guerra ¡so tuvieran derecho a ponerse enfermos! Pero viene a ser lo mismo. Díganme Ustedes si no es otra herida de. guerra tener un riñon con cálculos después de llevar cerca de veinte años bebiendo el agua sucia de Marruecos. M á s de me- día vida entre moros, sometido a aquel sol abrasador en contraste con la terrible humedad de las noches africanas, sin tregua en la lucha ni para dormir y comer, es para tener cálculos en el corazón. Quien, como este militar, estuvo seis veces herido por caricia enemiga, alguna en trance de muerte, tenía perfecto derecho a sentirse enfermo, aunque sea ese pobre enfermo a que aludía Muñoz Grande cuando nos hablaba, glosando una célebre frase del general Gureaud cuando, comentando éste, hace años, la actitud de una parte de la Cámara francesa que se oponía a la concesión de pensiones a los mutilados, decía el glorioso manco, francés que los heridos gloriosos pronto habrían de convertirse en pobres y. olvidados- enfermos, un estorbo para l a p a t r i a De algo m á s grave que de estorbos (de bandidos) venía a calificar hace meses a las glorias y caudillos militares un ilustre camaleón español que dedicábase simultáneamente a fundir el pío- mo de su prosa en honor de la España d i versa y desgarrada... A l g o de esto comentábamos con M u ñ o z Grande, con este modestísimo y benemérito soldado que ha regresado de Marruecos, donde le- ha puesto enfermo la paz: pero, entiéndase bien, no esa paz que se traduce afortunadamente en reposo de las armas y ausencia de víctimas, sino la inacción que supone siempre retroceso; e paz sin planes de mejoramiento cultural y avances colonizadores, que es un peligro para la paz misma, porque sin esos elementos de progreso y trabajo ya estaban bien los moros con su barbarie. JOSÉ Y en este esfuerzo gigantesco para lograr esa milagrosa transformación han destacado médicos militares tan eminentes, cuyos nombres; repiten con veneración una buena parte de la juventud española que hubo de sufrir en Africa algún grave arañazo, nombres que sería injusto callar porque ya muchos de ellos traspasaron las fronteras Gómez Ulla, Bastos, Augusti, Boutelier, Sánchez Vega, Zumagallo, M u ñ o z Cortázar, L a Rosa, Capa, Franco, Nogueras... y otras tantas glorias de la Sanidad M i l i t a r española. La séptima herida de Grande Muñoz A algunos de estos médicos le sorprendió saber que iba a ser operado Muñoz Grande por una afección que no era una ASENJO Uno de los talleres de la clínica de reeducación, donde los inválidos practican. (Foto Mayos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla