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DOVELA OE ZékUE GREY: TRADUCIDA POR Lñ SEÑORITA ISABEL L A C A S A (CONTINUACIÓN) H a c í a tiempo que era de. noche cuando volvió Carley a Lodge, poder. Iba d e t r á s de sus amigos, atravesando un bosque de cedros, y a pesar de lo desagradable que era el frío, el aguanieve que que. conducía a un lugar llamado Deep Lake. estaba cayendo, el fuerte viento que azotaba su rostro cuando suH a c í a varias horas que había emprendido l a marcha, y Carley bía por. el camino, fué u n día completamente inolvidable. Glenn no había podido a ú n d a r s e cuenta de l a belleza del paisaje que le había mostrado plenamente el amor que hacia ella sentía, con recorría, n i del placer de su paseo a caballo. toda clase de atenciones. H a b í a sido camarada, enamorado; todo E n primer lugar, no veía a su alrededor m á s que cedros r a q u í cuanto ella podía desear. Y aparte de aquellas e x t r a ñ a s palabras ticos y rocas de color pardusco. E n segundo lugar, aquel potro que dijo respecto al trabajo y a. los hijos, rio habían hablado de indio que montaba había descubierto que no era una experta amanada serio. ¡U n día de asueto e n s u cañada y en su cabana! zona, y se aprovechaba del tíecho. A Carley no le; consolaba la idea ¿P e r o se sentía, satisfecha de sí misma acaso? Su espíritu se de que Glenn le había aconsejado que rio montara aquel potro; sintió invadido por una sensación vaga. y desconcertante. E n cambió, F i o había aprobado. la. elección de. Carley, y M r s H u t ter hizo, otro tanto riéndose a carcajadas y diciendo: CAPITULO IV- -D é j a l a que monte en el caballo que quiera. P o c o t a r d ó Carley en comprender a qué venía la risa de T o m A principios de- mayo hizo dos días. seguidos de buen tiempo, y Hutter. Aquel caballo era terriblemente indómito. M r s Hutter decidió que, en vista de ello, convendría subir al E l joven pastor que lo había ensillado le había dicho cuál desierto para echar un vistazo a sus rebaños de corderos. Naturalera su nombre. mente, Glenn iría en su compañía. -N o tiene u nombre muy bonito- -dijo riéndose y r a s c á n n- -Carley y yo seremos también de l a partida- -afirmó F i o dose la cabeza. -M e parece muy bien- r- asintió Hutter con un movimiento de -Todos le llamamos Spülbeans (i) cabeza. ¡H u m! ¡Q u é nombre m á s poético! -exclamó Carley- Pero, Su mujer opinaba asimismo que a Carley le entusiasmaría la según Shakespeare, el nombre es lo de menos. L e montaré. vista del bellísimo desierto que había alrededor de Sunset Peak. Hasta aquel instante no había sido necesario completar aqueGlenn, sin embargo, no parecía muy seguro. lla frase. Pero después de subir cinco millas atravesando el bosque- -Carley, será una excursión muy penosa. T ú eres débil, y te de cedros, pensó que quizá no avanzara mucho m á s Spülbeans r e n d i r á el cansancio, pues tenemos que montar a caballo y dormir había marchado bastante bien hasta que llegó a una extensión de teen tiendas de campaña. Sería mejor que fueras acostumbrándote rreno cubierta de larga hierba, que se agitaba movida por el viengradualmente. to. Entonces manifestó tener hambre, y mostrándose completamen- -H o y recorrí diez millas a caballea- -contestó Carley- Y no te insubordinado, acabó- por dar señales de la m á s absoluta hostime cansó mucho. Aquellas palabras no reflejaban absolutamente la lidad. Carley había tratado de hacerle andar tirando de las rienverdad. das y dándole terminantes órdenes. Pero todo había sido en vano. -Carley es sana y fuerte- -protestó F i o- Se. cansará, pero Carley le golpeó en los flancos con el pie, y S. pil- lbeans dio un eso no la va a matar. brinco que la hizo saltar d e l a silla. E n el. momento en que v o l Glenn clavó en F i o una mirada penetrante, y dijo: vía a caer, saltó nuevamente de aquella manera tan extraña, yen- -Puedo llevar a Carley en el coche. do a su encuentro. L a muchacha creía que aquellos brincos iban a -E l coche no puede pasar por las llanuras de lava, ni rodeardislocarle todos los huesos de su cuerpo, a juzgar por los dolores las siquiera. T e n d r í a m o s que mandar caballos desde varias millas qué sentía. Pensó en lo ridículo de su aspecto, y, además, comde distancia en vuestra busca. De i r no hay m á s remedio que prendió que Spülbeans no era un caballo a quien se pudiera llemontar a caballo. var l a contraria. Cuando deseaba comer hierba, se detenía, y, en- -Claro que iremos a caballo- -dijo F i o- Carley es mucho su consecuencia, iba Carley siempre detrás de los. demás, cosa que más valiente que la muchacha que estuvo aquí el verano pasado. no la desagradaba. A pesar de sus genialidades, no parecía que- -Eso me parece á. mí también. Y- así lo espero, porque, ya Spülbeans quisiera. perder de vista a los demás caballos. recordarás lo que le pasó a miss Spencer después de haber ido F i o esperó varias veces a que Carley les cogiera. i a caballo a L o n g Valley- -contestó. Glenn. -Se está burlando de ti, Carley. Debías, de, haberte puesto es- ¿Q u é le pasó? -preguntó Carley. puelas. C o r t a una rama y pégale. -C o g i ó un enfriamiento muy fuerte, se le peló l a nariz y A continuación, golpeó el flanco del caballo con las riendas toda la cara y, tuvo unas agujetas enormes de. montar a caballo. del suyo, y aquel castigo hizo que Spülbeans empezara a trotar. Se estuvo dos días en la cama. Durante, el resto dé su estancia Carley estaba convencida de que a ella no le h a r í a ningún caso, aquí, no t u v o ánimo para nada, y no volvió a montar a caballo aunque le pegara. Y, los golpes de F i o y de Glenn hicieron que ni una sola vez. Spülbeans. se mantuviera al trote durante un par de millas. Car- ¡O h ¿e s eso todo? -contestó Carley con fingida sorpresa- ley decidió que el trote de un caballo era la cosa m á s molesta D e su tono deduje que miss Spencer había tenido que s u f r i r del. mundo. Su incomodidad iba en aumento, y empezó a sentirse grandes incomodidades a consecuencia de su paseo a caballo. completamente dolorida. Poco a poco fué haciéndosele inaguanM i r a Glenn, aunque no estoy acostumbrada a estas cosas, no table. Pero el orgullo la hizo resistir, hasta que. de repente le soy ninguna niña delicada de esas que se cansan en cuanto dan pareció que alguien le había dado una puñalada en el costado. un paso. Aquel dolor tan intenso e inexplicable debía ser lo que Glenn ha- -Querida mía, me doy por vencido. -contestó Glenn riéndobía llamado el pinchazo que le da a uno en el costado cuanse- E n realidad, estoy encantado con la idea. Pero si ocurre do no tiene costumbre de montar a caballo. Carley estuvo a punalgo, no me eches la culpa a mí. Tengo l a seguridad de que una to de dejar escapar un grito. H i z o que ei potro anduviera al paso, excursión larga a cabailo, en primavera, y por el desierto, te h a r á y se hundió en la silla hasta que desapareció el dolor. ¡Q u é llegar a conocerte a ti misma muy a fondo. A l día siguiente, por la tarde, se encontró Carley montada (Se continuará! en un pequeño potro mesteño, voluntarioso e indomable a m á s uc (1) Spülj tirar: teans, judias. 19
 // Cambio Nodo4-Sevilla