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DIARIO ILUSTRADO. AÑO Vi G E SI M O C T A V O 10 CTS. N U M E R O FUNDADO DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O VJ G E SI M O C T A V O 3 0 CTS. N U M E R O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U C A D E T E N A Y DEUDAS ACREEDORES El Parlamento francés ha decidido, por mayoría de votos, no pagar su deuda de guerra a los Estados Unidos. (La Prensa. EXTREMISMO Y BANDIDAJE Resurge, pues, por lo visto, el peligro de andar por las carreteras para las gentes pacíficas. Informaciones. LA GRAN LIQU I DACIÓN E l gesto. de la Cámara francesa. Todos sabemos por experiencia cómo se resiste la gente a pagar lo que debe. A la hora de liquidar sus deudas, el m á s puntual se empereza refugiándose en el calendario. D i g a usted a. ese hombre que vuelva en tal día... Contestamos al doméstico que nos transmite la factura. ¿Q u é piensa de la Humanidad el cobrador que va a domicilio? Su filosofía debe ser un poco desolada. E l cargo es difícil Es menester que concurran en el que pretenda (se iw. mrlo ron buen éxito cualidades de astucia y de energía de carácter, que rara vez reúne el hombre. A l deudor moroso hay que sitiarle desplegando la misma habilidad que para la toma de una fortaleza. H e conocido tipos de petardistas de una elegancia en la insolvencia digna de admiración. U n grande de España, ya desaparecido, había encontrado un método casi infalible, si no de liquidar, de aplazar, por lo menos indefinidamente, el cumplimiento de sus obligaciones, transformando al acreedor en amigo. Apenas contraía una deuda, se apresuraba a visitar al proveedor, y si éste caía enfermo, se informaba de las alternativas de su salud con una diligencia conmovedora. E r a un modo de desarmarle. Otro, también aristócrata venido a menos, se ponía tan malo al recibir al cobrador, que había que avisar al médico. H a y también el insolvente digno, que considera su palabra como una garantía i n superable de lo que debe. U n amigo mío se ofendía tanto de la insistencia del acreedor, que en más de un caso le mandó los padrinos. Yo arreglé una de sus diferencias con un alfombrista, convocando un Tribunal de honor que declaró intachable la caballerosidad de mi amigo. E n el fallo no se hablaba para nada de las alfombras. E r a n tiempos felices en que con un poco de romanticismo y otro poco de picardía, se podía hacer frente a las situaciones m á s difíciles. ¡P a g a r! Terrible verbo apenas admisible teóricamente. ¿N o habrá llegado el momento de reformar el Padrenuestro? E l perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores plantea un problema de conciencia que todos resolvemos separándonos de la Iglesia. ¿N o será cosa de consultarlo al Círculo de la Unión Mercantil? Pero le estaba reservada a nuestra época el asistir al curioso, espectáculo de un pueblo negando su deuda colectiva en pleno Parlamento, H a sido la formación del frente único ante el acreedor. Ese gesto instaura una nueva moral destinada a repercutir en las relaciones privadas. De hoy más, cada vez que nos presenten una factura, convocamos al partido político a que pertenecemos para que él resuelva. L a tesis americana es ésta: E n días críticos para la nación, -Francia nos pidió dinero y no solamente se lo dimos, sino que le prestamos, además, el concurso, aún más valioso, de nuestra sangre. MANUEL BUENO E n la carretera de Francia, traspuesto el pueblo de E l Molar y a pocos kilómetros del sitio en donde fué atracado el automóvil del conde de Riudoms, se ha intentado un nuevo golpe de la misma índole y por igual procedimiento, Falló el propósito porque al advertir el conductor del coche que en la carretera se hallaba parado otro obstruyendo el camino, tuvo serenidad y tiempo suficientes para dar marcha a t r á s y eludir, si no la persecución, por lo menos, el efecto desconcertador de la sorpresa que en tales casos suele ser decisivo. Con esto y la providencial llegada de otro coche, que atemorizó a los asaltantes, se evitó afortunadamente el atraco. L o que ya no se puede evitar de manera tan fácil es la intranquilidad que la repetición de estos hechos produce en las gentes pacificas que se ven obligadas a transitar por carrtera. E l que más y el que menos, por sereno y arriesgado que se juzgue, en el momento de ponerse en camino tiene que sentir la natural zozebraque- nuestros antepasados sufrían en los tiempos famosos. del bandolerismo pintoresco cuando para viajar era preciso ir pertrechado como para una guerra y acompañado de una escolta de leales servidores armados hasta los dientes. Y: no vale arg- üir, para sosiego de los timoratos, que éstas son exageraciones alarmistas ni mucho menos que tales acaecimientos ocurren en todas partes como consecuencia inevitable de la precaria situación del mundo. Ahora mismo- -no faltará quien diga- -en Chicago han resultado ocho personas muertas en un encuentro entre (jansters y policías, como respuesta a la decisión dé las autoridades de limpiar la ciudad de bandidos. E n todas partes hay bandidos. Verdad. Pero los bandidos de otras partes no son como los de aquí. Los de Chicago, por ejemplo, son claros, perfectos, auténticos, inconfundibles, bandidos. V a n a su negocio sin inmiscuirse en otras complejidades. Los de aquí no sabemos todavía cómo son ni en qué casillero social debemos clasificarlos. A u n no hemos pedido averiguar si son ideólogos políticos que en sus ratos de asueto, para resarcirse de la ruda tarea que a diario les impone la acción y la propaganda, se entretienen en desvalijar al prójimo para atender a las urgentes necesidades de la vida, que de otro modo están incapacitados para satisfacer, o, por el contrario, los ataques a la propiedad no significan otra cosa que un medio, en su conciencia, incluso perfectamente legitimo, para proporcionarse recursos con que contribuir al desenvolvimiento de la causa, a la propaganda de sus ideales y a la práctica ejecución de sus doctrinas. Extremismo y bandolerismo- -comentaba la otra tarde un periódico- -han venido a. confundirse gradualmente en ciertas mentes revolucionarias. Ojalá. L o peor sería que no hubiese tal confusión y todo ello obedeciera al desarrollo ele un plan preconcebido y meditado. 1 N o h a b r á contribuido; seguramente el gesto de la Cámara francesa a, auin eutar la confianza internacional desdeJel- í, punto l. ds. vista financiero. Francia rep. udia 1; sus- déu- das políticas, aunque por principio y no por insolvencia. Inglaterra ha pagado ayer, pero con reservas, y se duda de que haga lo mismo cuando el próximo vencimiento, en junio o dentro de un año. Alemania ha pagado cuanto podía y debía pagar, y seguramente no volverá a reanudar los pagos, aunque sus acreedores traten de dar nueva vida al plan Young. H a llegado ía gran liquidación de la guerra y pronto llegará también la de la época de la postguerra. L a Plumanidad ha gastado locamente, lo mismo los Gobiernos que los M u n i c i pios, las Empresas y los particulares, conio si viviésemos en un mundo de riquezas i n agotables. Y todavía hay quienes siguen preconizando como remedio un ensanchamiento de la confianza, cuando precisamente lo que estamos sufriendo son: las consecuencias de la inflación de créditos. L a s r e p a raciones y las deudas interaliadas no se pagarán, esto es ya un hecho; pero có ri ello no van a terminar las complicaciones. Con la política de avestruz que s é s i g u e se o l vida voluntariamente l a existencia, de; las; deudas comerciales. ¿Quién y cóniQ las. pag a r á? Parece que todos los bii tes que circulan en Rumania son insuficientes para liquidar la deuda de los particulares- con. los Bancos. E l n ú m e r o de los Estados, -que han suspendido el pago de sus deudas exteriores es ya superior al de aquellos. que todavía siguen pagando. Los créditos congelados se convertirán pronto con carácter oficial en créditos perdidos. ¿Y- q u é capitalista va a recomenzar la experiencia que le ha proporcionado tanta amargura? Y o por mi parte, estimo que- do que está ocurriendo será, al fin y ai cabo, un bien, si no para todos, por lo menos- parü IQS elementos sanos del mundo. L a inflación crediticia sólo ha servido para prolongar la existencia de lo que está condenado: mor i r Empresas parasitarias, bienestar ficticio, países artificialmente creados. E l mundo no puede vivir de billetes de Banco y cheques sin cobertura ni valor; ha de contentarse con lo que tiene realmente. Claro está que, una vez terminada la gran liquidación, reduciremos necesariamente nuestro alto nivel de vida. L a única salvación consiste en el regreso a los sanos principios de la economía clásica: el mundo no es rico. Comprendo que los estadistas no se atrevan a enunciar esta verdad: temen el despertar de los pueblos engañados. Pero, también es probable que muchos de ellos confíen todavía en que vuelvan los tiempos fáciles y felices de la despreocupación y de la confianza ilimitada. N o saben que la inflación, de créditos está condenada por la realidad. Nadie va a prestar a pequeños países que creen tener derecho innato a un Ejército, una casta de políticos, una representación en el exterior. L a megalomanía de entidades y particulares ha de cesar para siempre. Dios ha creado e! mundo para gentes razonables y 110 para insensatos. ANDRÉS REVESZ PEDRO M A T A
 // Cambio Nodo4-Sevilla