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A B C. S Á B A D O 3- 7 D E D I C I E M B R E D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G decidió el representante del Estado. L a s peticiones insignificantes, pequeñas, tropezaron con otro obstáculo: la realidad. L a s Compañías no estaban en condiciones de atenderlas. P o r otra parte, los representantes obreros hicieron ver que la solución no debía estar en el aumento de las tarifas. Se pensó en el aumento de los gravámenes por. ¡transporte y tampoco era bastante. E l aumento de los impuestos determinaba un aumento de tarifas. Después de reducidas las peticiones máximas de los ferroviarios- -respecto a cuya jus. ticia nada tengo que decir- -yo digo que es imposible tan sólo. Y por eso pido a los denostadores que nos den una fórmula, porque yo me declaro impotente. (Los radicales protestan y la mayoría los increpa, produciéndose un escándalo que la presidencia corta. U n a de las mejoras que implantó el señor Albornoz. fué la jornada de ocho horas de presencia, se juzgan como de trabajo. Eso hizo la República, Sr. Hidalgo, y tal me. jora sólo la tienen Grecia y los Países B a jos y Luxemburgo, con esos caracteres. E n los demás países sólo se aplica a los trabajos de absoluta continuidad. E s a jornada, aparte de una reivindicación, se traduce en un esfuerzo considerable económico por parte de la Compañía y del Estado. E n la del Oeste casi estatificada, esa jornada, sólo de guardería, representa dos millones de pesetas. Esto en los Andaluces se cifra en 3.800.000. E n el Norte 1.800.000 y en M a drid, Zaragoza y Alicante, r. 100.000. E s a es l a jornada de ocho horas para mujeres e hijas de ferroviarios, que aumentan. sus i n gresos de esa forma. L a más insignificante mejora económica, como podréis ver, supone un volumen de millones considerable. Otra concesión hecha por la República ha sido l a de equiparar en haberes a todo el personal de las distintas Compañías. Solamente en la Compañía del Oeste unas mejoras de tipo particular, han supuesto más de un millón de pesetas. E n el Norte l a readmisión de los obreros despedidos del año 17- -llevada a cabo por la República- -ha costado 8.700.000 pesetas al Estado y a la Compañía, por aumento de personal, ya que se estableció la jornada de ocho horas, importa 2.800.000 pesetas. Y los descansos quincenales y seguros de Maternidad, se elevan a 13.904,000 pesetas. Esto lo ha hecho l a República. Sumadas todas las cifras tenemos que en el Norte el total de mejoras s ¡e eleva a 23.000.000 de pesetas. S i esto es así, ¿puede decirse que hemos permanecido inactivos ante las peticiones ferroviarias? Esto no es mío; es del ministró anterior; no quiero adornarme con galas ajenas. Luego examinaremos mis propias culpas, ya que he de hacer confesión. Y o no voy a defender mi gestión personal. V o y a desarmar a los que van por ahí de tribuna en tribuna, de periódico. en periódico, injuriando a la República. (Voces radicales) ¡A l Gobierno! (L a mayoría aplaude al Sr. Prieto entusiásticamente) El MINISTRO D E OBRAS PUBLIC A S D i g o todo esto para salir al paso de las repercusiones que esto tiene, no sólo aquí, sino en otros, sitios donde se combate a la República, no al Gobierno, que de eso ya hablaremos. Gran escándalo (Los radicales protestan violentamente, diciendo que eso no es cierto. Entre radicales y socialistas se reproducen los ataques y la presidencia encarece a todos que guarden silencio. Sólo se logra durante algunas minutos y tiene que agitar la campanilla. E l Sr. L A R A radical: H e protestado contra las imputaciones del Sr. Prieto, que E l Gobierno- -prosigue- -prometió traer fórmulas adecuadas y nada hizo, n i trajo al Parlamento. N i ley- es articuladas- -como p i diera el Sr. Tornes Campaña- n i fórmulas que abordaran el problema en toda su magnitud. L a agitación entre el personal ferroviario y el malestar. son extraordinarios. Y o no puedo publicar la responsabilidad de este estado de cosas a que ha dado lugar l a fórmula última, que concede un pequeño aumento, cuando los últimos Gobiernos de la Monarquía, y eso está en la mente de todos, tenían propuestas de mayores concesiones. Pedir que se conformen con lo que ahora se les da, me parece excesivo. N o se explica que el, Sr. Prieto permanezca cruzado de brazos ante un problema así. (Como, en efecto, la postura del ministro era esa, e inmediatamente echa abajo los brazos, la Cámara ríe a carcajadas. Sigue el orador su discurso, y- dice que a nadie puede extrañar que l a oposición, ante un problema de esta magnitud, aborde el asunto. L o s ferroviarios- -dice- -merecen la atención de 3 a Cámara y su apoyo decidido. E n sus manos hay muchas cofras, y lógico es que se satisfagan sus aspiraciones, ya Júe les exigimos lealtad y buen comportamiento. Pide, pues, que el límite sea una fórmula para acometer el problema en toda su magnitud. N o olvidéis que el elemento ferroviario tiene mejoras morales. Y o comprendo perfectamente su gran campaña defendiendo a las Compañías. E l l o demuestra que es un gran patriota, ya que, al defenderla, defiende al Estado; pero si se las defiende, ¿por qué no defender a los empleados? ¿P o r qué no cumplir los ofrecimientos que todos hicimos a los ferroviarios, cuando laboramos por la República? E l ministro no sólo se ha limitado a l a pasividad, sino que los ha exacerbado. H a publicado un decreto, que el ministro, n i el Gobierno, no tienen derecho a hurtar a la Cámara. M e refiero al de Incompatibilidades, que afecta a más de 2.000 funcionarios, en su mayoría modestos, que tienen otros puestos, modestos también, en el Estado, en la D i p u tación, en el Municipio. N o hay derecho a borrar de un plumazo lo que tanto les costó conquistar. E l decreto debió traerlo el ministro a la Cámara. Eso es lo que se debe hacer en un régimen parlamentario. Propone que el tres por ciento de aumento de las tarifas se extienda a todas las percepciones de las Compañías. También se podría dedicar a- aumentar los sueldos el total del importe del Seguro ferroviario, que ahora se destina al Patronato del Turismo. Pide que la Cámara apruebe la proposición, que no implica censura al Gobierno, sino invitación a que aborde el problema en toda su magnitud. (Aplausos radicales. Queria decir que m i extrañeza era la de que, estando ante un conflicto, cual el que ha reseñado el Sr. Hidalgo, una minoría de tipo gubernamental eche leña al fuego. Voces radicales: Vosotros echáis la leña desde el banco azul. (Entré socialistas y radicales se produce un choque. L a campanilla del presidente es insuficiente para acallarlos. E l P R E S I D E N T E les ruega que no hablen todos para que se entiendan. E l ministro de O B R A S P U B L I C A S anuncia que se expresará con claridad y serenidad. A mí no me arredran las, interrupciones. E l Sr. B E S T E I R O Pero a mí, sí, señor Prieto. E l ministro de O B R A S P U B L I C A S E l problema es lo suficientemente trascendental y grave para que perdamos l a serenidad. E l partido radical se ha golpeado y contradicho con su conducta. (Nuevas interrupciones. Y o no niego crédito a las manifestaciones del Sr. Hidalgo. Cada uno que sepa cuál es su responsabilidad. Y o no quiero creer que esto pueda ser una maniobra política despreciable y desdichada, encaminada a poner a un ministro socialista frente a un grupo proletario. Y a digo que no lo creo. E s lícita, desde el punto de vista parlamentario. N o es lícita, si se trata de hostilizar y poner en pugna a los ministros de un partido frente a una clase obrera determinada para tener al país en zozobra. N o creo, pues, que sea una maniobra; pero sí constituye una enorme torpeza. L a actitud de la República con los ferroviarios Hemos de fijar la actitud de la República con respecto de los ferroviarios De esos quince meses de inactividad, el Sr. Hidalgo lia debido de no omitir los ocho meses en que el partido radical estuvo en el Poder. Desempeñando l a cartera de Fomento el Sr. Albornoz, se constituyó una Comisión para estudiar el problema con las debidas representaciones Todo se examinó, y principalmente el crecidísimo número de ferroviarios que existen. N o pudo llegarse a un acuerdo definitivo sobre nada, porque las representaciones empataron y quedaba patente que no se podía acceder a subir los jornales ante los millones que se precisaban. Se buscó la fórmula de las mínimas aspiraciones, y también hubo empate, que D i s c u r s o del ministro de O b r a s Públicas E l ministro de O B R A S P U B L I C A S (señor Prieto) N o obstante estar curado de espanto, no puedo por menos de señalar la extrañeza que me produce esta proposición de los radicales. M i extrañeza y m i sorpresa es que un grupo que pugna por parecer gubernamental, de tipo francamente conservador... (Grandes protestas y contraprotestas de radicales y mayoría. E l Sr. M A R T Í N E Z B A R R I O S Señor Prieto, eso, como decía el Sr. Largo Caballero, no lo admitimos nosotros. E l Sr. P R I E T O Y nosotros lo comentamos. (Grandes aplausos, de la mayoría e imprecaciones de los radicales. E l ministro de O B R A S P U B L I C A S L
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