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VELAzQüEZ. RETRATO D E L PAPA INOCENCIO peí donde Velázqiiez trazó la dedicatoria del cuadro, preso entre el pulgar y los otros dedos, medio ocultos por el pliegueciilo, la otra mano pende negligentemente, algo curvadas las falanges, que son finas y fuertes. En el anular verdea una espíen- dida esmeralda. Una capellina de raso rojo fulgura cual un fuego sobre los blancos lienzos finos que espumean de la cintura para abajo, orlados con un encaje. Sobre la batista del cuello vuelto muéstrase la cara del vicario de Cristo. Es un hombre yá viejo. Inocencio X fué elegido Pontífice cuando tenía setenta y un años, y murió cinco años después de ser retratado pp; r rVel ázfruez. A s i su rostro ofrece los implacables estigmas de la vejez: arrugas, carnes flácidas, ojos cansados, marchitas bolsas de. piel amarillenta y fofa. Una barba rala deja adivinar a su través la línea del mentón y de la papada blanducha, mientras el bigote sigue la línea de la boca, amarga y escéptica. Los labios se unen estrechamente, olvidados del sonreír de la juventud lejana; la nariz, grande y pesada, se abotarga, también roja, pendiendo sobre la boca, y los ojos, al saladizo abrigo de las cejas, parecen acechar, astutos y desconfiados, las intenciones posiblemente ¡hostiles de los otros hombres. Una muceta roja bermellonea sobre el cráneo, y, a su lado, la oreja, grande y de amplio pabellón, también es carne vieja, róocima ya a la muerte y a la podredumre. Y sin embargo, de modelo tan poco atrayente, Velázquez, tan grande es el poder del genio, produce una obra de tal modo maestra, que nadie puede olvidar, una vez. que lo ha visto, el faeies d e aquel viejo, que, rodeado de púrpuras, tan solo parece conservar de la vida el recelo y el temor a sus posibles asechanzas. MAURICIO L Ó P E Z Marqués de la Torrehermosa. ROBERTS
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