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I l DOVELA DE Z A N E TRADUCIDA QREY POR L A SEÑORITA ISABEL L A C A S A (CONTINUACIÓN) ni sus músculos. Las piernas le Saquearon. Estaba a punto de caerse. U n pánico terrible, helado y angustioso dominó todo su cuerpo. Aquella enorme silueta gris se acercó a la rhuchacha, que, a pesar del zumbido de sus oídos, oyó el ruido que producía el animal al andar. E l animal dio un salto y Carley se quedó completamente petrificada. Después vio que aparecía la obscura silueta de un hombre que echaba a un lado una especie de abrigo color gris. ¡Glenn! ¡Carley, qué miedosa eres! -dijo Glenn quejándose risueñamente. La muchacha cayó entre sus brazos. E l alivio al ver que. no corría peligro alguno la impresionó tanto como el terror que la había, invadido. Empezó a temblar violentamente. Sus manos recobraron la fuerza suficiente para agarrarse a Glenn. E l corazón y la sangre parecieron librarse de aquel poder helador del miedo. -Creo que te asustaste realmente- -continuó dicieedo Glenn, inclinándose- sobre ella. ¡Asustarme! -balbució la muchacha- ¡No puedo expresar por medio de palabras mi estado de ánimo! Fio volvió corriendo hacia donde estaba Carley, riéndose alegremente. -Glenn, te tornó por un oso. ¡Noté que se quedaba rígida como un poste! -i J a! ¡J a! ¡J a! Caley, ¿te gusta la vida de campamento? ¡Oh! ¡Os burlasteis de mí! -exclamó Carley- Glenn, ¿cómo has podido hacer semejante cosa? ¡H a sido una broma terrible! No me hubiera importado que me hubierais hecho algo razonable. ¡Pero esto! ¡Oh, no te lo perdonaré nunca! Glenn dio pruebas de arrepentimiento y la besó delante de Fio de un modo que la consoló un poco. -Quizá llevé la broma demasiado lejos- -dijo- Pero creí que el susto no te duraría más que un momento, lo bastante para hacerte dar un grito y que en seguida comprenderías de qué se trataba. Me puse una piel de carnero sobre las espaldas y empecé, a andar a gatas. -Gleen, yo te tomé por un monstruo prehistórico: un dinosauro o cosa por el estilo- -contestó Carley. Cuando volvieron junto al grupo de los que estaban alrededor del fuego del campamento, resultó que todo el mundo estaba al corriente de aquella broma y que se divirtieron grandemente con lo ocurrido. -Eso le hace más nuestra- -dijo Hutter genialmente- Todos hemos tenido algún susto. Carley se preguntó si su constitución no le. permitiría resistir aquella clase de bromas. En lo más profundo de su corazón sentía el haberse visto forzada a dar pruebas de su cobardía; pero después comprendió que en realidad nadie se había dado cuenta del estado en que se puso limitándose a encontrarlo divertido. Poco después de aquel accidente empezó a silbar Hutter. Aquella era la señal de acostarse, y Carley, siguiendo las instrucciones de Fio, se sentó en la cama, se quitó las botas, dobló el abrigo y el chaleco de lana, poniéndolo bajo su cabeza, y se deslizó bajo las mantas. ¡Qué cama más extraña y más dura! Sin embargo, Carley se sintió invadida por la sensación más deliciosa de alivio y descanso que había experimentado nunca. Se rumbó sobre la espalda y pensó que nunca había apreciado en su verdadero valor el lujo que representaba el estar echada. Carley, sin embargo, no podía dormirse. Tenía demasiados dolores; todavía le duraban los efectos del susto que se había dado; y la negrura de la noche, las ráfagas de frío viento que azotaban su rostro y el terrible desamparo que sentía en aquella cama, eran sensaciones tan nuevas y desconcertantes que le era imposible dominarlas en seguida. Estaba con los ojos muy abiertos mirando fijamente las densas sombras grises que rodeaban las vacilantes luces que había sobre los cedros. Por fin decidió que por una vez en la vida merecía la pena sufrir todas aquellas penalidades para contemplar lo- -que contemplaba en aquellos momentos. ¡Qué concesión para el Oeste de Glenn! En lo más secreto de su imaginación no tuvo más remedio que confesar que si su vanidad no hubiera sido tan burlada y humillada, quizá lo hubiera pasado mejor. Sin embargo le parecía imposible sentir emociones, placeres y exaltaciones teniendo ante sí tantas incomodidades, privaciones y aquella vaga sensación de temor. Ninguna mujer podía pasarlo bien ni hacer nada útil cuando su físico estaba menos bello que nunca. Carley pensó que le agradaría llevar a Fio Hutter a Nueva York, a una atmósfera desconocida y difícil y ver cómo iba haciendo frente a todas aquellas cosas desconocidas que se le irían presentando incesantemente. L a imaginación de Carley siguió trabajando de esta suerte hasta que acabó por dormirse a su vez. Una voz la despertó de sus sueños en que se veía en su hogar, rodeada de calor y dé comodidades. Una cosa afilada, fría y fragante le rozaba los ojos. Los abrió y vio a Glenn. que, inclinado sobre ella, acariciaba su cara con una ramita de cedro. -Carley, hace tiempo que ha amanecido- -dijo alegremente- Queremos empaquetar tu cama. ¿Quieres hacer el favor de levantarte? ¡Hola, Glenn! ¿Qué hora es? -contestó la muchacha. -Son cerca de las seis. ¡Qué dices! ¿Pretendes que me levante a una hora tan absurda? -Ya estamos todos en pie. Fio está desayunando. Me temo que tengamos un mal día. Y queremos preparar todo y emprender la marcha antes de que empiece a llover. ¿Por qué se les ocurrirá a las muchachas marcharse de sus casas? -preguntó Carley con aire trágico. -Naturalmente, para hacer felices a los pobres diablos- -contestó él sonriéndole. Aquella sonrisa consoló a Carley de la desagradable sensación de músculos doloridos y entumecidos que le invadía. Le hizo avergonzarse de no poder lanzarse a aquella aventura con todo su corazón. Carley trató de sentarse. ¡Me temo que se me haya desconectado toda mi anatomía! Glenn, ¿estoy muy fea? No se le hubiera ocurrido nunca hacer aquella pregunta de no haber sabido que podía resistir que la inspeccionaran aún en un momento tan inoportuno como aquél. -i Estás muy bien! -aseguró Glenn con ardor. -Tienes buen color y me gusta tu cabellera revuelta. Siempre debías de ir peinada de esa manera. Ahora, date prisa, Carley. En vista de lo cual Carley hizo lo que pudo, a pesar de aquellas circunstancias adversas. Cuando llegó el momento de calzarse las botas, rechinaban los dientes y se dirigía a sí misma palabras halagadoras. Le pareció que las botas estaban húmedas y que se le habían hinchado los pies. Además tenía los tobillos doloridos. Sin Fio se acostó junto a ella como una hermana. y dijo: embargo consiguió metérselas á costa de muchos dolores y sin dejar- -No te tapes la cabeza. Si llueve me despertaré y echaré por de lanzar exclamaciones más enérgicas que elegantes. Glenn le ncima de nosotras el lienzo impermeabilizado. Buenas noches, Hevó agua templada, cosa que mitigó grandemente su situación. L a Carley. A los pocos naojnentes, pareció fluedarse. dormida. Se continuaré.
 // Cambio Nodo4-Sevilla