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A J C. MIÉRCOLES 21 D E D I C I E M B R E D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A a i B e Iranzo se han negado a opinar. Se mantienen en una prudente reserva. S i su señoría, Sr. Maura, está decidido a votar o no l a proposición del Sr. G i l R o bles, ¿por qué reservarse l a opinión que yo I he pedido? Este es u n incidente minúsculo; pero que no puedo por menos de señalar a su señoría. H e de advertir de nuevo que el Gobierno, sin requerimientos de nadie, por estímulo propio, pensó y acordó anunciar estas elecciones. A h o r a ¡se plantea la cuestión por el Sr. G i l Robles; con arreglo a nuestros i n formes y criterio os preguntamos a la oposición. Esto es todo y nada más. N o creo que diga ninguna fantasea si declaro que a l a mayoría parí amentaría no. le interese grandemente que haya o no elecciones. A h o r a bien; si se decidiera celebrarlas, no creo que el Sr. Maura, que guarda reservas, nos regañara por eso. (Risas. E l Sr. M A U R A rectifica. Su señoría- -dice- -no tiene razón al quejarse como lo ha hecho. E s que tiene una habilidad muy peculiar: l a de recoger siempre de lo que oye lo que le conviene. E n la convocatoria de las elecciones, señor Azaña, hay una cuestión principal: l a oportunidad. Y elegir corresponde al Gobierno. N i en Jaén n i en Extremadura, n i en Asturias, dada la agitación reinante, podrán celebrarse elecciones por ahora; por eso, repito, que l a responsabilidad oportunista corresponde al Gobierno. guerra que nos hace temibles, porque nuestra industria no está organizada para procurárnoslo; nos faltan químicos especializados en la producción de elementos bélicos. Pero los presupuestos de Guerra y M a r i n a están ahí ya aprobados, macizos, indestructibles, inatacables, optimistas, matando nuestras pequeñas preocupaciones con el flit de sus cifras. ¡Bravas y marciales columnas de cifras con sus ceros redondos y fuertes como las ruedas de los cañones: de vosotras lo esperamos todo! E n vano el Sr. Peyré nos quiso alarmar, asegurando que con las ocho divisiones que componen el Ejército, únicamente podríamos cubrir el frente de cien kilómetros del país vasconavarro y asegurar su reserva de retaguardia. Detrás no quedaría más que una nación taquicárdíca. E l ministro de l a Guerra aniquiló. estos temores con una explicación irrefutable. E s e es, en efecto, el Ejército de ahora- -aclaró- Pero el de l a guerra consistiría en el desdoblamiento de tales divisiones. Peyré gritaba: ¡Sí no hay oficiales n i clases! ¿Cómo se van a desdob l a r? E l ministro seguía: E l Estado M a yor estudia y guarda en unos ficheros el plan de desdoblamiento. Y el otro: ¿Con qué jefes? ¡S i no los h a y! Y Azaña: Se desdoblará todo. Ahí están los ficheros. Pues claro que están. Y si no tuviésemos tales ficheros, ¿qué iba a ser de nosotros? ¿Por qué ser escépticos? Y o tengo fe en el sistema porque. el mismo, exactamente el misnio, se lo oí exponer a un amigo mío qué aspiraba a crear una revista literaria. E r a un poeta, pero ya se sabe que los poetas tienen intuiciones geniales, que bien pueden recoger, sin desdoro, los ministros de la Guerra. Aquel hombre quería fundar una revista y no tenía dinero para afrontar sus gastos. Cuando alguien se lo advirtió, repuso: ¿C r e e usted que no cuento entre mii conocidos con cien personas que se decidan a pagar la suscripción? -C i e n aí, ¿Y es muy aventurado suponer que esas cien dispongan a su vez de otros cien amigos a quienes rogar con éxito que se suscriban? Pues ya son doscientos. Doscientos, que por el mismo argumento hacen cuatrocientos. Cuatrocientos, que hacen ochocientos... Y detuvo sus cálculos, por modestia quizá, y cuando llegó a una cifra astronómica. Asimismo España dispone de ocho o nueve divisiones. E n caso de guerra es muy fác i l Ocho que hacen dieciséis; dieciséis que desdoblados hacen treinta y dos... Y podemos aplicar la magia de este procedimiento ai todo lo que se precise. U n cañón que hace dos; dos, que hacen cuatro... Y si queremos destruímos a la nación enemiga con el mismo truco del desdoblamiento. E l caso es causarle una baja, una sola baja. E n este empeño es en el que deb vo. f obstinarnos antes de que los gases asfixiantes se aprovechen de que carecemos de máscaras protectoras. Logrado un cadáver enemigo lo desdoblamos, y a l cabo de diez minutos ¡uno que hace dos, sesenta y cuatro que hacen ciento veintiocho, veinte millones que hacen cuarenta! habremos obtenido el resultado de que e l país agresor no es más que un cementerio. Todo esto bien vale 433 millones, y sería una pena que los socialistas lo hubiesen echado a rodar. Pero los socialistas- -ya lo ex- plicó el Sr. Moreno Mateo, inteligente dipu. tado- se vieron cogidos hábilmente en las redes del capitalismo. S i el capitalismo les hubiese planteado en l a Cámara esta cuestión: ¿Queréis que subsista el Ejército? ellos hubiesen gritado: ¡N o! L o que ocurrió fué que l a cauta burguesía les dijo sencillamente: ¿Queréis votar el presupuesto del Ejército? E r a un presupuesto, no era un ejército. E n el credo socialista ningún dogma se opone a l a votación de un presupuesto. Y lo votaron. L a burguesía es hábil y hace suscribir la inhumana, l a cruel, l a espantosa posibilidad de una guerra hasta a los que han de ser en ella sus más seguras y numerosas víctimas. S E l señor G i l R o b l e s retira Ja p r o posición E l Sr. G I L R O B L E S anuncia que retirará l a proposición en vista de que el jefe del Gobierno ha declarado que las elecciones tendrán lugar en marzo con las vacantes que produzca la ley de Incompatibilidades, con el voto de la mujer, y sin ley de Defensa de la República. E l presidente del C O N S E J O Y o no he dicho nada de eso. Y a el Sr. M a u r a me ¡acusa de hábil, y yo deseo que su señoría no incurra en igual defecto. De l a ley de Defensa de l a República no he dicho una sola palabra. E l Sr. G I L R O B L E S Pero espero, y he creído entender, que para entonces y a habrá una- ley de Orden Público. D e todas formas retiro l a proposición. Queda, retirada y se da por terminado el debate. GRAN. STORK P a r a s Ü ltfl Y. RAQUETAS u d e t o d o s m o d e l o s acreditadísima, m a r c a S p a l a i n g se v e n d e n a p r e c i o s d e l i q u i d a ción. C o n d i c i o n e s e s p e c i a l e s p a r a m a y o r i s tas y Sociedades deportivas. SPOHTO P i y SíargaU, 11. Quorum de para el presupuesto Gobernación E l P R E S I D E N T E manifiesta que. habiendo quedado pendiente el presupuesto de Gobernación de l a votación de una enmienda del Sr. Rodríguez V e r a que supone aumento, este diputado había pedido que se aprovechara el momento para votarla. A s í se hace, y comienza la votación nominal, quedando aprobada por 233 votos. Después se aprueban definitivamente varios proyectos de ley. Se aplazan las votaciones definitivas de otras enmiendas, y se levanta l a sesión, a la una menos cinco de l a madrugada. Acotaciones de un oyente Nuestros pasos son más firmes, nuestro corazón late más tranquilamente. Nada puede sobresaltarnos, porque desde ayer la defensa nacional quedó firmemente garantizada. Setecientos millones hacen cerco de oro a nuestro alrededor. N o tenemos armas ni municiones casi no existe la Marina, según ha reconocido su propio ministro; contamos con an solo avión de bombardeo; nuestros flamantes carros de asalto carecen del pequeño detalle que son los carros de asalto; adquirimos en el extranjero el escaso material de V é a n s e al final S 1 wásreae- ro, esa las gpágisias de Aún hay otra razón encomiada por el señor Moreno Mateo: según ese presupuesto, la tropa v a a comer mejor. N o sólo mejor, sino que estará perfectamente alimentada Y o tengo por el socialismo simpatías, que no he ocultado nunca. Puedo decir que soy un socialista, al que algunas discrepancias hacen heterodoxo. Pues bien: nunca había pensado en esta conmovedora distinción entre el soldado gordo y el soldado flaco. E l ogro que alimentaba a Pulgarcito y a sus hermanos para comérselos, no me era más simpático porque les ofreciese cordonices. A h o ra sé que debo rectificar ese juicio. Sé q u e el hombre de corazón, capaz de sentir el dolor ajeno y l a fraternidad humana, si se detiene en un campo de batalla no debe pensar en la estupidez, en l a crueldad, en lo monstruosamente injusto. e inútil de tantos sufrimientos. Más bien debe desabrochar l a guerrera del pobre soldado muerto y decir: -Y a no existe... Pero miren que pechuguita había logrado el picaro. Toquen aquí: hay bellos panículos de grasa. Gordo, ¿eh? Bien gordo. L o menos noventa kilos. Se come bien en ese regimiento. Tienen un cocinero magnífico. Antes era, una vergüenza. Mataban a un soldado y se quedaba ahí enseñando unas piernas huesudas que desprestigiaban a Ja nación... Aquello daba pena... E n cambio ahora... -W. Fernández Floreas v
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