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D O V E L A D E ZAHE GREY LA SE (CONTINUACIÓN) a que se dirigían los hombres. Carley, en cambio, no desaprovechó embargo, siguió agarrándose desesperadamente. L o que temía eá la ocasión de bajarse de Spillbeans para andar un poco. Sin embarvolver a experimentar aquel dolor, que se asemejaba a una pugo comprendió que l o que m á s deseaba era descansar, pero como ñalada, que la hería en el costado. H i z o su aparición, y la vida aquella cabana desierta estaba muy húmeda y obscura y llena de le parecía una cosa abyecta y monstruosa. Siguió avanzando, con; un desagradable nlor, no permaneció mucho tiempo e n su i n- las piernas rígidas y con las manos asidas rígidamente al arzón i terior. de la silla. E l dolor continuaba, y cada vez se hacía m á s intenso. Cuando el potro detuvo su trote, al llegar junto a los demás caEmpezó a caer lluvia y nieve, añadiendo a. lo desagradable de la perspectiva que tenía Carley ante sí. E l presente inmediato, sin ballos, había llegado Carley al límite de su resistencia. S i n embargo, cuando Glenn se le acercó, ofreciéndole una mano, siguió embargo, se hizo un poco m á s agradable a causa de una taza de ocultando sus agonías. F i o gritó alegremente: sopa caliente y un pedazo de pan que le llevó Cahrley, el pastor. A l cabo de algún tiempo volvieron Glerin y Hutter con F i o y todos- -Carley, has recorrido veinticinco millas con el día m á s destomaron algo para almor. xar. agradable que recuerdo en toda mi vida. Todos reconocemos ttí A Carley se le hizo muy corto el tiempo que estuvieron descanmérito. Y corifieso que nunca creí que resistieras el paseo. Spill- sando, y poco después se encontró de nuevo sobre el potro. Glenn beans es el bicho m á s innoble que tenemos y el que tiene marcha le ayudó a ponerse un trozo de lienzo impermeabilizado pegajoso más dura. que le rodeaba los pies alrededor de los estribos, y qce Carley consideró completamente abominable. S i n embargo, se alegró de comprobar que la protegía muy bien de la lluvia y del rudo viento. f o c o después se hallaba Carley sentada en un confortable s i- ¿A d o n d e vamos desde aquí? -preguntó Carley irónicamente. llón, ante un chispen- roteante fuego, que, afortunadamente, enviaGlenn se r i ó de una manera que la hizo comprender que sabía perfectamente lo que sentía l a muchacha. Aquella sonrisa le hizo de ba su acre humo hacia la chimenea. N o cesaba de reflexionar. Primeramente pensaba en cosas familiares, cuya revelación nuevo el efecto de un reproche. Se veía claramente que Glenn esera verdaderamente asombrosa. Bajarse. de un caballo que la había peraba que se hubiera quejado; mucho más n ó demostrando tener torturado, descubrir que tenía un apetito casi insaciable, descantanta fortaleza. Carley se mordió los labios. sar su dolorido y magullado cuerpo ante el agradable calor da A s í dio comienzo l a excursión de aquella tarde. Mientras iba un hermoso fuego, todo aquello eran cosas cuya delicia ignoraba avanzarlo, el cielo se hacía cada vez m á s amenazador; el vienCarley hasta aquel momento. D e repente se le ocurrió l a idea de to, m á s fuerte; el frío, m á s penetrante, y la lluvia cortaba como que para descubrir la realidad d é cualquier cosa eran necesarias: si hubieran sido t r o c i t o de afilado hielo. Azotaba el rostro de a veces una infinita comprensión y experiencia. ¿Cómo sentir Carley. N e v ó lo bastante para cubrir de un manto blanco los gratitud y alivio inmensos o el placer de satisfacer el hambre, o espacios libres. A l cabo de una hora comprendió Carley que el el dulce consuelo del descanso si no se había pasado por cirtrabajo m á s penoso de su vida era tener que llegar al fin de cunstancias que contrastaban grandemente con todo aquello? Tuvo aquel viaje. Nadie podría haber adivinado su desolación. Gletm que sufrir cruelmente montando a caballo para, poder apreciar lo la felicitó por su adaptación a condiciones tan desagradables, y agradable que era desmontar. S i no por eso, lo hubiera ignorado Fio, evidentemente, l a observaba para comprobar los sufrimiensiempre. Entonces se preguntó la verdad que podía haber en. tos que le causaba su debilidad y falta de costumbre. Pero aquel principio, relacionándolo con toda clase de experiencias. como Spillbeans había empezado a andar al paso pudo ocultar Aquello le daba muoho que pensar, pues había cosas en el mundo todas las pruebas de sus sufrimientos. Llovía, hacía viento, neen las cuales no había ni siquiera soñado en su filosofía. vaba, caía aguanieve y cada vez se hacía el frío más intenso. Carley se preguntaba si no. serían sus miras algo estrechas L o s pies de Carley se convirtieron en trozos de hielo. Cada paso al juzgar el ambiente dé vida distinto al suyo, cuando una ob- que daba el. caballo producía grandes dolores, q e se ramificaban, u servación de F i o hizo que interrumpiera sus reflexiones. extendiéndose por el magullado cuerpo de la muchacha. E n una- -A ú n nos queda ¡lo peor- -gruño la muchacha. ocasión, en vista de que estaba detrás de los demás jinetes y Carley pensó si aquellas palabras tan desalentadoras tendrían oculta entre los cedros, se bajó y anduvo un poco llevando de las bridas al caballo. S i n embargo, aquello no podía prolongarse, algo que ver con el resto de la excursión. Pronto tuvo la dolorosa convicción de qué así era, en efecto. porque comprendía que los demás le llevaban mucha delantera. -F i o ¿vais a dormir Carley y t ú dentro de la cabana? -preSe montó de huevo y siguió adelante, empezando a pensar que guntó Glenn. ya nada importaba, pues aquel viaje iba a ser forzosamente el- -Claro que sí. Afuera hace frío y hay mucha humedad- -confin de Carley Burch. Cómo odiaba aquel terreno, llano, frío y testó F i o triste, que cortaba el caminó interminablemente. L e parecía que- -Bueno; es que Félix, el pastor mejicano, me dijo que los tardaba horas enteras en recorrer una milla. E n los espacios abiernavajos habían estado merodeando por aquí. tos veía al resto de los jinetes, que avanzaban penosamente, se- ¿N a v a j o s? ¿T e refieres a los indios? -preguntó Carley muy parados unos de otros. E r a imposible que se divirtieran. Carley interesada. cerró los ojos, se a g a r r ó al arzón de su silla, tratando de sos- -Desde lueg o- -dijo F i o- Y a lo. sabía. Pero no te preocutener su peso. ¿Cómo iba a resistir una milla más? Desgraciaidamente, quizá tendría que recorrer aún muchas millas. De re- pes, Glenn. Carley, Glenn es muy aficionado a las bromas pesapente se. sintió dominada por un profundo terror. E r a simple- dlas, y l e gustaría que nos fuéramos a dormir en medio de la humente- que Spillbeans había empezado nuevamente a trotar. T i r ó medad. Hutter se echó a reír con carcajadas estentóreas. frenéticamente de las bridas; pero no consiguió lo que se propo- -Cualquier cosa es preferible a un enfriamiento muy fuerte. nía. A b r i ó sus ojos y vio una cabana que aparecía a gran dis- -Y o sé lo que son las dos cosas por experiencia- -contestó tancia y que, probablemente, seria el destino del viaje de aquel día, Carlejr estaba convencida de que no- llegaría aííí; pero, sin
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