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ANGELES Y PASTORES entó la noche. L a nieve azotaba a las débiles florecillas de los campos, y con el frío se aterían las pobres bestias de los rebaños. Y había pastores en la misma tierra que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. En un portal humilde, también frío y desamparado, se obraba a aquella santa hora el mayor de los prodigios. Nacía de una Virgen el Mesías que había, sido anunciado para redimir á los hambres. Y tuvo. por cuna las duras tablas dé un pesebre; por pañales, las más endebles telas, y por calor, el sutil aliento de una muía y de un buey. L a grandeza sobre todas las grandezas, la potestad sobre todas las potestadas, el poderío sobre todos los poderíos, así venía al mundo en brazos de la pobreza y de la humildad. Para enseñar a los hombres que nada hay más sublime que la humildad y que la pobreza, frente a la ciega pasión del orgullo y al desenfreno de las riquezas, que son polilla del corazón. Un ángel del Señor llegó hasta los pastores vigilantes de los ganados, anunciándoles la realización del prodigio. Y todas las luces de la aurora, y todos los resplandores del sol, y todos los brillos de los rutilantes luceros acompañaren al ángel en su misión venturosa. Mas viéndose los tristes pastores cegados por la claridad de Dios, sintiéronse asombrados. Pero el ángel les dijo: N o temáis, porque he aquí, os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy en la ciudad de D avid un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os será señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre. Y con el anuncio todo se- llenó de alegría el cielo y la tierra, ios pastores y sus rebaños, las florecillas y el agua de los arroyos. Huyó el frío y la tiniebla, el temor y la desesperanza. Porque acababa dé nacer la Luz que habría de iluminar por siempre el corazón de los hombres, y el Fuego que había de calentar por una eternidad ios pechos humanos, y el Redentor que ya no era una promesa. Todo se llenó de la gracia vivificadora, y de todo irradió el- más dulce efluvio de delicia y de felicidad. Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales que alababan a Dios y decían: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Cantad, poetas de todos los pueblos y de todos los tiempos, ésta, la más sublime poesía que dijeron labios de ángeles. Repetid, sabios, de todas las latitudes, ésa, la más honda y la más verdadera de todas las filosofías: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Gloria a Dios, único poder creador y única fuente de la más estricta justicia. Paz a los hombres de buena voluntad. Porque no hay mayores delicias, ni más ricos tesoros, ni más estimables riquezas para el corazón que la que le ofrecen los 1 M ...Y p a z e n i a t i e r r a a l o s h o m b r e s d e b u e n a benditos frutos de la paz, que es gracia de Dios y la mayor ventura del hombre. Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad: a los que creen y esperan, a los humildes v misericordiosos, a los llenos voluntad. del gozo de la pobreza y a los limpios y sanos de corazón. Ellos sean los bienaventurados. J. MUÑOZ S A N ROMÁN
 // Cambio Nodo4-Sevilla