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Las f i g u r a s de Belén, de A n t o n i o G a r r i g ó s P e r o aquella industria, no o b s t a n t e ser bien a c o g i d a por el comercio e s p a ñ o l y extranjero, f r a c a s ó ¿P o r q u é? nos preguntábamos m u c h o s de los que t r a t á b a m o s a G a r r i g ó s de cerca. Y la respuesta saltaba en seguida; P o r q u e Antonio G a r r i g ó s era u n artista sobre todas las cosas, y amaba a sus modelos con tan cordiales ímpetus, que le repugnaba ese signo de explotación, de mercacbiflería, a que habría de obligarle el sentido industrial i n mediato. Y A n t o n i o G a r r i g ó s inutilizaba los moldes apenas obtenidas las figuras o limitaba la reproducción a veces hasta dos o tres, que regalaba a sus íntimas amistades, a aquellas p e r s o n a s que él e n t e n d í a que pudieran a p r e c i a r lo que de pureza emocional y p o é t i c a había en sus esculturas. Mas no estaba a ú n allí, en a q u e l l o tan grato, tan digno y tan lleno de b u e n a r t e Antonio G a r r i g ó s o, por m e j o r d e c i r la LA DELICIOSA FUENTE D E BETHANIA CON verdadera p e r s o n a l i MUJERES MATRONILES EN E L PASMO E V A N dad de Antonio G a GÉLICO D E L COMENTO BÍBLICO r r i g ó s E l entonces, se limitaba a animar la industria, a infundir en la obra lo que p u d i é r a m o s llamar el espíritu de genialidad: proyectaba los modelos y después los iluminaba con un colorido- inefable, realmente encantador, cuyo secreto sólo supieron las finas irisaciones marinas y las porcelanas crepusculares. Quien completaba l a obrai con la paciencia y minuciosidad de un miniaturista; quien animaba las figuras en contornos preciosos de proporciones exactas, de líneas puras; quien conseg u í a aquel ritmo, aquellas formas poéticas de tan bella plasticidad era Clemente Cantos, este hombres como la noche, enfermo de l u natismo, que come sólo avellanas y ajos y que una tarde huyó de M a d r i d porque allí no encontraba las panetas sobadas que en los hornos murcianos se c o c í a n un gran artista que, a l desdén de Murcia, respondía con la frialdad polar de su silencio reconcentrado, como dormido en hondas y sublimes concavidades filosóficas. Pero Antonio G a r r i g ó s N e r v i o y l l a m a vibrante siempre en ardores a r t í s t i c o s hecho de sol y de barro murciano, como sus íerracottas; imaginativo, insosegable, rebelde siempre, pero con í m petus nobles... y bohemio hasta en lo cobrizo de su tez y en ese a f á n irresistible de andar y andar por los empolvados caminos, frente al silencio maravilloso de la Naturaleza, iba entonces forjando, en el crisol de su espíritu, su verdadera personalidad a r t í s tica, preparando este gesto magnífico de superación de ahora. P r e p a r á n d o l o con l a observación, con el estudio, con la tenaz experienciej repetida y lenta, buscando en el pastoso y frío amorfismo del barro aquellas líneas que estaban en él ocultas, pero destinadas a ser halladas por sus manos, sabias exploradoras de ocultos tesoros de arte. Y una vez vino a decirnos: Quiero que venga usted a ver las figuras de Belén que estoy terminando, y el boceto del paso El regreso del Calvario N o s quedamos perplejos. Pero ¿e r a posible? ...Se vestían de oro los álamos de l a avenida cuando llegamos a su domicilio: una escalera sombría, angosta y pina, y al final una h a b i t a c i ó n fría y desmantelada, como esa decoración inevitable del primer acto de Bohemios que las malas compañías nos presentan siempre. Anterior a ella, una terraza abierta sobre la huerta: sobre un ancho trozo de huerta, entreverada de ciudad, con urbanización de campanarios, almacenes de frutas y altas y solemnes palmeras conventuales. Allí, sobre un cajón por escenario, fué dándonos l a revista de guiñol de sus figuras y grupos. Primero, en barro a ú n el boceto del grupo pasional: en el fondo, l a cruz sobre la cumbre pelada, LOS REYES MAGOS TIENEN DENSIDAD Y PESO D E COSA MONUMENTAL C ONOCEMOS a Antonio G a r r i g ó s luchando siempre contra viento y marea. S u vida es un largo acarreo de contrariedades. Como la de todo buen artista. Incomprensión, desdenes, ingratitudes... M u r c i a correspondió siempre con frialdad al calor de sus efusiones espirituales. Y él, no obstante, allá, en su almacén de los Pasos de Santiago, primero; en su casa del paseo de Corvera, hoy- -siempre buscando el fino y hondo panorama huertano- fué puliendo y perfilando su obra: figuritas menudas, graciosas, llenas de ternura y de emoción típicamente murcianas. Creó, en fin, una industria genuina cíe íerracottas primorosas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla