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NOVELA; DE- ZANE QREY (CONTINUACIÓN) dejando ver a través de aquel velo gris pendientes cubiertas de- -Aquella línea estrecha y verde de algodoneros que ves allí blanca nieve. es el río del Pequeño Colorado- -decía Fio- Debe de estar aLas herraduras de los caballos se hundían en la ceniza. Una unas sesenta millas de distancia, siempre bajando la pendienráfaga de aire penetrante inundó las aletas de la nariz de Carley. te de la colina. E l Desierto Pintado y el territorio navajo emDe repente, cuando aún parecía que les faltaba por recorrer una pieza allí. ¿Ves las fajas blancas, rojas, amarillas y negras que tercera parte da la pendiente, desmontaron Stanton y Fio, y em- hay en el terreno? Son escalones del desierto, que se prolonpezaron a andar, conduciendo sus caballos por las bridas. Car- gan durante millas y millas. Ese pico negro tan agudo se llama ley no tuvo más remedio que hacer otro tanto. En un principio Gato Montes. Está a unas cien millas, de aquí. ¿Ves el desierto, sintió que el andar a pie era un gran alivio; pero bien pronto que se extiende hacia la derecha y parece cubierto por un velo al perderse en la lejanía? Nosotros no conocemos aquellos paraempezó a pesarle la blanda ceniza. Cada paso que daba retrocedía uilas cuantas pulgadas, característica muy desagradable de jes; pero, en todo caso, conocemos. los nombres de todos los pilas ascensiones. Tenía las piernas como muertas, y se detuvo cos de la región norteña. Mira aquella cordillera, semejante a para descansar un poco. L a última parte de la ascensión, tenien- los dientes de una sierra. Los indios la llaman Echo Cliffs. Por do que recorrer unos cientos de yardas de cenizas más sueltas ago- el extremo más lejano muere en el río Colorado. Lee Farry está tó completamente la energía que aún le quedaba. Tenía calor, es- alíí, a unas ciento sesenta millas. Aquel desfiladero negro y escarpado es el Gran Cañón. Parece una hebra de hilo, ¿verdad? taba empapada y casi no podía respirar. E l corazón trabajaba violentamente. Sus esfuerzos parecían chocar contra una mala Pues, Carley, puedes creerme; es un agujero enorme. Hacia la suerte irrazonable. Solamente su ridicula vanidad hizo que re- izquierda ves la terrible muralla que se yergue y llega hasta sistiera. Quería agradar a Glenn; pero aquel deseo no era lo aquí, después de haber dado muchas vueltas. Es la muralla Norbastante intenso para que se hubiera decidido a escalar aquel te de la cañada. Acaba en un risco enorme- -Greenland- Point- monte pelado de terribles cenizas. Carley no se preocupaba por Mira la franja negra que hay sobre la faja de oro. Es un cinsu debilidad; pero le desagradaba enormemente que aquellas gen- turón de pinos. Está a unas ochenta millas a través del ruinoso tes del Oeste la consideraran débil. En su consecuencia, resistió desierto de piedra... Ahora vuélvete y mira de frente, esforzando los ojos en la contemplación del Gato Montes. Fíjate en el dolor que le producían las ampollas que se le habían hecho y 2 a sensación desesperante de arrastrarse bajo una carga de plomo. la cúpula purpúrea. Fuerza la vista. Me alegro de que el día Observó varias veces que Fio y Stanton se encaraban, de- esté claro y de que haga sol. Pocas veces podemos ver lo que teniéndose, pareciendo discutir con bastante violencia. Por lo contemplamos en este momento... Esa cúpula purpúrea es la menos, el rostro enrojecido de Stanton y sus expresivos gestos montaña de los navajos, que está a más de doscientas millas, de atestiguaban que, cuando menos, él estaba muy excitado. Fio es- distancia. taba, evidentemente, cansada de discutir, y contestó a un enérCarie dominada por una fuerza y un poder extraños, adegico reproche que le hacía Stanton: lantóse lentamente hasta llegar al borde del abismo. ¿Qué era lo que confundía su vista? Una pendiente, desierta, que bajaba- -Desde luego, he cambiado desde que vino. Stanton respondió con un rápido y apasionado estremecimien- más y más- -color, espacio, distancia- E l viento que le azotaba el rostro parecía tener tras de sí la intemperie del mundo to, como si hubiera sido herido por aquellas palabras. Carley reaccionó a su manera ante aquellas palabras, que no entero. Frío suave, seco y vivificante hablaba de la enorme expudo evitar oír. Interiormente, por lo menos, sus sentimientos tensión de aquel paraje. Los recuerdos que tenía Carley de los debían de ser muy semejantes a los de Stanton. Olvidó el ob- Adirondacks palidecieron hasta convertirse en pastorales; las jeto de aquella ascensión y miró hacia la verde llanura que ha- imágenes de los paisajes europeos le parecieron decorados de bía a su derecha sin verla realmente. Sintió que le dominaba el opereta. No tenía nada con qué comparar aquel espacio ilimitado. ¡Oh, América! -dijo, rindiendo aquel tributo inconsciencorazón una vaga tristeza. ¿Iba a haber, acaso, un conflicto de te a su país. destinos y voluntades, y un cruce de amores? L a confesión franStanton y Fio se habían acercado, a ella. El joven se echó á ca de Fio no podía ser tomada a la ligera. ¿Quería decir aquello que amaba a Glenn? Carley empezaba a temérselo. ¡Otra razón reír. -Vaya, miss Carley; no podía usted decir más de lo que ha más para que persuadiera a Glenn de que volviera con ella al Este! Pero cuanto más se acercaba a plantear aquella cuestión, dicho. Cuando estuve en el campamento entrenándome, para cuanque sabía erizada de dificultades, más dominada por el temor do me mandaran a Europa a combatir, me acordaba de esta se sentía. Aquel rudo y tosco Oeste quizá la hiciera hacer fren- escena. Y. me parecía que era una de las cosas por las que iba te a una situación que se sentía incapaz de dominar. Y mientras a luchar. No, me agradaba la idea de que los alemanes se apoarrastraba sus pesados pies por las cenizas, -levantando peque- deraran de mi Desierto Pintado. No crucé el mar para luchar ñas nubéculas de negro polvo, -sintióse invadida por un resen- por él, pero lo hubiera hecho muy a gusto. -Ves, Carley; ésta es nuestra América- -dijo Fio suavetimiento, que ella misma comprendía era irrazonable, contra aquellos habitantes del Oeste y su mundo aislado, cerrado e ilimitado. mente. Carley no había comprendido nunca el significado de aquella- -Carley- -llamó Fio- ven y mira, como dicen los indios. Aquí tienes el Desierto Pintado de Glenn, y me parece que vale palabra. Parecía como si hubieran puesto ante ella la inmensidad del Oeste. L o que contemplaba su vista, a pesar de lo i l i la pena verlo. mitado y vasto de su extensión, no era más que un punto del Carley se quedó sorprendida al ver que estaba en la cumbre de la colina, y cuando miró hacia el vacío que pudo distinguir, mapa. ¿Vive alguien allí? -preguntó, haciendo un movimiento de repente se sintió dominada por la inmensidad de algo que se lento con la mano. sentía incapaz de comprender. Dejó caer las bridas y contempló el- -Unos cuantos tratantes blancos y algunas tribus indias. paisaje lentamente, como absorta en lo que veía, oyendo al mismo tiempo la voz de Fio. (Se continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla