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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S 1 MOCTAVO 30 CTS. N U M E R O DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGÉSIMO CTAVO 10 CTS. N U M E R O FUNDADO E L i DE JUNIO; D E 1905 POR D. TORCUATO L U C A D E TENA EL OCASO DE UN SIGLO H e pensado muchas veces, y he dicho no pocas, que los viejos tontos lo son porque lo fueron siempre, excepción hecha, naturalmente, de aquellos para los cuales l a senectud 110 fué piadosa por las lesiones patológicas con que entenebreció su pensamiento. E n casos distintos, los cerebros avispados mantienen, a pesar de los años, libre su juego espiritual. L a vejez en ellos avanza lentamente de abajo arriba, con l a asidua terquedad del sitiador que abre paralelas. Primero flaquean las piernas; luego, el pulmón acusa con la disnea la razón que tiene para no sufrir en silencio tan pesada l a bor de fuelle; más tarde, el corazón empieza a. tropezar; la marea sube, pero allá en la acrópolis del cráneo a ú n brillan los fulgores de una serena y noble inteligencia, que en vez de amortiguarse fortaleció el largo vivir. ¿P o r qué digo esto? Fácil es adivinarlos sabiendo cuál es el autor del libro cuyo t í t u l o encabeza estas lineas. E m i l i o Gutiérrez Gamero, quien hace ya tiempo dejó a t r á s sus primeros ochenta años, y entró briosamente en su segunda ochentena, asistido de una lozanía mental que muchos j ó venes quisieran para lucirla en días de fiesta. Este y los otros libros últimos de nuestro autor, los que dedica a cosas vistas y oídas, son un servicio prestado a la historia contemporánea. Que no cause extrañeza tal afirmación. Recuérdese que hay diversos modos de escribir la Historia. N o siempre se asoma CIío con rostro de seria meditación a las páginas impresas. Bueno es el coturno para andar a lo largo de pasados siglos, pero estorbaría al corretear al través de los campos de la época presente. Cuando l a musa lo intenta le conviene ser de llaneza simpática, desprovista de énfasis y dotada de franco sentido expansivo. A pesar de todo, de difícil manejo, pues son pocos los que saben utilizarla. Gutiérrez Gamero la conoce bien, y asida, de la mano la conduce familiamente a los bastidores de la vida p ú blica, l a hace asomar a algunos rincones de l a privada y la obliga a escribir al dictado. ¿Q u i é n se atreverá a negarle maest r í a en tal trabajo? El ocaso de un siglo abarca quince a ñ o s corto período, al que preñó la desgracia para hacerle fecundo en desastres. Empezó con la muerte de un Rey y terminó con la desaparición de nuestro poderío, colonial así se c e r r ó una epopeya de cuatro siglos. Nació con el cólera de y al no conoció la cólera de los españo es contra sus propias torpezas. Gutiérrez Gamero ha sabido ser un verídico. cronista de aquellos tiempos sin mojar su pluma en tintas obscuras; con ella subraya el siniestro para saltar por encima de él en busca del episodio alegre, de la anécdota chispeante y del rasgo espiritual, que es a modo de delicado arabesco escogido para adorno. E l autor vivió dentro de esos años y vio cosas que pasaron casi ocultas o poco s a bidas, y trató a personajes que maniobraron en la sombra o en ella quisieron maniobrar. Pudo ser así testigo avizor y hasta parte interesante de algunas tramas, desempeñando su papel a maravilla. P o r los treinta y seis capítulos de su libro se. ven atravesar figuras y. hechos desvanecidos, que al conjuro de la memoria salen de nuevo a aa a cbr luz. Manejos parlamentarios: movimientos a Inglaterra, a Francia, a Italia... ¿C u á l populares, ¡por los que la conciencia nacio- era la procedencia de ese dinero? ¿D ó n d e nal parecíp. despierta, siendo más bien sose encontraba? Estaba en los bolsillos de los n á m b u l a itrapisondas políticas, chismes de ciudadanos, en las cuentas privadas de los las tertulias ministeriales, marrullerías del Bancos. E l Gobierno norteamericano dio, a viejo pastor, como llamaban cariñosamente cambio de esos miiíoues de dólares, papel a Sagasta sus adeptos; trapacerías del pollo que, no sólo reconocía el valor íntegro del antequerano, ya con cresta y espolones; terdinero prestado por los particulares, sino quedades ide Cánovas y sus mohines históun interés de beneficio. ricos; exquisiteces de Moret, errores de Aclarado este punto, bien se comprende Martos, que le impidieron llegar a la meta que el Gobierno de Washington no pueda ansiada; corazonadas de M a r t í n e z Camtener el rasgo de generosidad que los arbipos todos; los títeres v artificios del tinglado tristas de aquende el Atlántico echan de mepúblico durante la Regencia se ven allí. nos. E l l o significaría decir a los tenedores Y entre episodios e intrigas, encaramándode ese papel: L o que os, di a cambio de se por el relato o colgando de él cual caivuestras monedas no vale nada. H e decidireles de paramentos vistosos, siluetas de l i do perdonar l a deuda a quiénes entregué teratos y artistas, de hombres de mundo el producto. Lógicamente se concluirá que y toreros, con aderezo de interés y vestido el Gobierno norteamericano no puede prode fina galanura. Ese es El ocaso de un siceder así. Porque el dinero no es suyo, porglo, que Gutiérrez Gamero ha escrito para que no se trata, repetimos, de deuda de tesolaz del lector y a fin de que éste sepa sorería. Sus ciudadanos tienen todo derecómo se puede llegar a los ochenta y ocho cho a reclamar. ¿A q u i é n? ¿A los Estados años con la frescura jugosa de un ingedeudores? De ningún modo. E l papel de renio al que la edad no agobia ni sofoca. conocimiento de la deuda no está garantizado por ellos, sino por el Estado norteamericano. Pero, aun si lo estuviera, el resEL CONDE D E GIMENO ponsable seguiría siendo éste. Porque nadie ignora que un empréstito extranjero necesita la autorización del Estado para su negociación, es decir, que, en cierto modo está avalado por el Estado nacional. N o quiere decir esto que si desaparece el valor del empréstito acordado venga obliApostillas a una discusión gado el Estado nacional a reconocer los compromisos del Estado extranjero. P o d r á L a reclamación de la deuda de guerra por acusársele, con mayor o menor razón, de los Estados Unidos en este vencimiento ha ligereza en la autorización para que fueprovocado varias crisis gubernamentales. Cora negociado el empréstito, porque es implímentaristas de todos los bandos y de todas cita su obligación de velar para que los ciulas gamas intervinieron en la discusión para dadanos no sean víctimas de expoliaciones. saber si los países deudores podían o no Eso es todo. Los tenedores del papel depreadoptar esta o aquella conducta. De una ciado o sin valor han corrido un riesgo manera general, fueron m á s numerosas las inherente a esta clase de operaciones. L a devoces (claro está que en Europa) que conpreciación o el anulamiento es ajeno a la sejaban una respuesta a s í N o pagamos voluntad y a la conducta del Estado nacioY en apoyo de esta tesis, reducida a t é r m i nal éste se encuentra ante un hecho connos simples, agregaban: Qué puede pasumado. Movilizará diversos recursos para sar? E s decir, ¿qué puede hacer Estados defender el interés de sus ciudadanos con Unidos? E n efecto, Estados Unidos no pola eficacia que puede resultar según circunsdría cobrar la deuda por la fuerza, no entancias y momento. E n todo caso una obliviaría a Europa una escuadra ni un E j é r gación ineludible de ese Estado es consercito para cobrar la cuenta; pero... L o s arvar todo su valor a la deuda contraída por bitristas de la fórmula no han pensado en lo el Estado extranjero. Así lo entendió siem. demás. pre Francia respecto de las deudas del zaExiste una confusión a la que contriburismo. Pero fijémonos bien: en el caso de yó mucho el cuerpo de exégetas en la maahora se pretende que el Estado norteameriteria movilizados por Francia. Consiste en cano adopte una posición totalmente inverequiparar las deudas de guerra con las deusa, es decir, que en lugar de defender todo das de reparaciones. Y la diferencia es esencial. L o primero, pues, es conocer en q u é el valor de la deuda proceda a anularlo. Y esto aparece m á s imposible si se piensa consiste esa diferencia. que no es deuda emitida en NorteamériLas deudas contraídas por los Estados ca con sólo la g a r a n t í a de los Estados deubeligerantes respecto de su asociado, Estadores, sino con la del propio crédito de la dos Unidos, para la empresa de la guerra, Unión. no son deudas de las llamadas de tesorería, esto es, no fué, como pueden imaginar Sentado esto, vamos a ver qué ocurriría algunos, un préstamo hecho de Estado a E s si el Estado norteamericano perdonase, aletado. M á s claro: el Gobierno norteamericagre y generosamente, lo que deben ciertos no no sacó de una caja millones que tenía países europeos. Pues que tendría que pagar sin destino o en excedente para prestarlos el capital y los intereses, so pena de decía- rar su quiebra, o, por lo menos, falta de cumplimiento a un compromiso tan sagrado pueda estatal. Y El público debe leer diariamente como esto no serlo dtro de deuda Estado hacomo parece imposible, el nuestra sección de anuncios por bría de pagar, repetimos, capital e intereses. Pero, ¿quién es el Estado? E l Estado, ya palabras clasificados en secciones. se sabe, no tiene una caja llena de oro, de la que sacar cuanto, necesita. E s a caja se En ellos encontrará constantemen- nutre de las aportaciones por distinto concepto de los ciudadanos. Quiere decir, pues, te asuntos que pueden interesarle. que los contribuyentes norteamericanos ven- DEUDAS Y DEUDAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla