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DIARIO SIMO 10 C T S ILUSTRAVIGÉCT A V O NUMERO DIARIO DO. ILUSTRAVI G E- DO. AÑO AÑO SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 POR D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A EL TURRÓN Este año se han vendido menos flores de regalo... V I N O S A L TÍO S A M L a Cámara de Comercio, de París, encarga a M r H a l l i s ex senador por el N e w Hampshire, una encuesta sobre los mercados que pueden ofrecer los Estados U n i dos a los vinos franceses. Noticia de Washington. A BABOR E l Sr. A z a ñ a quiere i r más a l a izquierda. VMenos: ésta es la palabra sacramental de hoy en día. Si un gran negociante en flores nos dice que este año se han vendido menos que nunca, lo mismo nos revelarán las es- tadisticas de los demás oficios e industrias. Puesto que estamos en la estadística del menos. ¿Y el turrón? ¿Cuánto de menos se ha vendido este año? ¿Puede el turrón l i brarse de la universal merma? Desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca; es decir, desde el gran duque al pobre talabartero, nadie se libra de la tiranía del menos. Decir en España menos turrón equivale a confesar menos felicidad. Porque (profundo sentido de las cosas) los españoles hemos asociado la idea de la felicidad y de la opulencia con la imagen del objeto más dulce que producimos. Antes, cuando no existia el feo concepto del enchufismo, la imaginación vulgar se representaba a los gobernantes y los poderosos como seres que podían hartarse de turrones- de todas las clases. P o r qué ese ensueño, ese ideal, esa ambición casi religiosa del dulzor más dulce? ¿Acaso por la acritud, por el desesperado amargor que hay en el fondo de la raza? A g r i o o no agrio, lo cierto es que el español ha creado la confitura más dulce y rica de cuantas se elaboran en el mundo. -No hay dulzor tan definitivo e imponente como el de! turrón. Pero tampoco hay nada tan indigesto. Como la mayoría de los más sabrosos guisos y encurtidos nacionales, el turrón necesita acompañarse del ricino y del bicarbonato. ¿Y qué le ocurre, después, de todo, a nuestra vida nacional entera? ¿Cjué le pasa a nuestra política, a nuestra sociabilidad, a nuestra misma cultura? ¿E s por defecíuosa preparación? 0 por exceso dé acidez del fondo? L o cierto es que (no hablemos del ricino, porque suena demasiado a fascista) en España no podemos vivir sin la ayuda del bicarbonato. Otras veces he hablado de la substancia española E l sol, la tierra, un sino providencial quiere que los frutos españoles alcancen una substancia y una virtud insuperables. L o mismo las inteligencias y los caracteres. Cuando la providencia histórica se propone crear el héroe perfecto, elige a Kspaña para producir el C i d cuando quiere crear el tipo de mujer más dulce y admirable, da vida a Santa Teresa. Pero ese esfuerzo de virtud creadora parece que necesitase pagarse con penosos sacrificios. Con una imponente abundancia de vulgo; con una muchedumbre de frutos ácidos; con este amargor de la vida que, pudiendo ser amena, nos resulta a todos regularmente agria. ¡A h! ¡S i lográsemos alguna vez afinar o c i v i l i z a r nuestro dulzor original! E l turren, ápice de la mayor dulzura, debería servirnos de. símbolo. Gustoso como nada en el mundo, resulta, sin embargo, inabordable para un estómago civilizado. E s cuestión de afinar la obra; de poner espíritu en el trabajo. D e inteligencia y civilización, naturalmente. JOSÉ M 1 A ú n no asamos y ya pringamos. Todavía no es un hecho la abolición de la ley seca en los Estados Unidos, y ya Francia, previsora siempre, piensa en un nuevo mercado para sus vinos. Francia sabe que para el yanqui alegre, ni el diurético whisky de Escocia, n i la marinera Ginebra de H o l a n da, n i siquiera sus variados chateaux, pueden tener el mismo valor del champaña, disimulo de borrachos, elegante, inodoro y vaporoso. Porque hay vinos graves, como el negro borgoña, y cervezas filosóficas de Baviera, y alcoholes tristes, como el pálido aguardiente, y sólo un vino, de oro, tiene la alegre sabiduría: el vino de champaña, que conserva libre el estómago, claro el cerebro y lúcidas las ideas. V i n o espiritual y ligero, es el único que pue de acompañar, de principio a fin, sin intervención de otro alguno, los guisos variadísimos de la bonne cuisine francaise- -la p r i mera del mundo- -y el indispensable para las grandes solemnidades: nacimientos, noviazgos, bodas, divorcios y aniversarios. V i n o del pecado galante y de los bautismos paganos, al impulso de una mano femenina rompe en burbujas de ópalo su panzuda botella en el casco del navio que por vez p r i mera se lanza a la esperanza de la mar, y bebido por ellas las enciende de amores, como en los versos inolvidables de Rubén: Cuando m i r a vierte v i v a luz extraña, se asoma a sus húmedas pupilas de estrella el a l m a del rubio cristal del champaña. Ahora, cuando se cumple el 250 aniversario del descubrimiento por Dom Perignon de la mousse de Rcims, de la cual vuelve a nacer Anadiomena como en el mito griego, Francia se apresura a darle salida. L o malo será que todo se vuelva política y que los Estados Unidos se acuerden de la deuda y se olviden de Lafayette, y quieran cobrarla en oro líquido. Y ahora, se le ocurre al cronista, nosotros los españoles, que nada le debemos al yanqui, ni siquiera gratitud, ¿no hemos pensado de un modo positivo en mercado nuevo para nuestros vinos? P o r que, si no tenemos champaña, tenemos Jerez, que produce también un vino único en el mundo, oro, miel y caoba, optimista y cantor y bailarín, que enciende las venas de juventud y aclara de optimismo el espíritu, y entre los cuales hay uno salado, y no hay otro en el orbe, con sal de gracia, la flamenca manzanilla, que nace junto al mar amargo, allá en la p l i y a de Sanlúcar. Pero acaso los españoles hayamos caído en la cuenta de que una vez suprimida la ley seca, no habiendo prohibición, no habrá atractivo, y el consumo de vino en los E s tados Unidos habrá de ser desde ahora mucho menor. Porque si no es para contravenir la ley seca... ¿para qué va a beber el yanqui, que no ha leído a Horacio n i a Gonzalo de Berceo? FELIPE SASSONE A quienes suponían que el agudo izquierdismo de D. Manuel Azaña fuera exclusivamente un forzado producto del medio gubernamental en que se mueve- -tres ministros socialistas y dos radical- socialistas- -se ley habrán caído los palos del sombrajo al ver que en esa Junta celebrada para constituir la Federación de Izquierdas se ha pronunciado el jefe del Gobierno por acentuar más aún el sentido izquierdista. E s decir, que cuando la opinión general- r- de la que forman parte autorizada los republicanos históricos -están clamando a voces contra el zurdismo exagerado que lleva la actual política, cuando ortodoxos tan conspicuos como son los Sres. Lerroux, M a u ra, Unamuno, Sánchez Román, Ortega y Gasset (J. se duelen del tono agrio en que se desenvuelve, juzga oportuno el presidente del Consejo extremar la acritud y seguir apretando las clavijas hasta unos límites que nadie sabe a dónde alcanzan ni a qué violencias pueden conducirnos. N o deja de ser esto un grave error de perspectiva. Se ha dicho muchas veces que, si algún riesgo corre la República, no está por la derecha- -como los gobernantes quieren hacernos ver para justificar sus arrancadas de izquierdismo- sino que viene claro y tumultuoso por la margen opuesta. De ahí que el Sr. Azaña y sus secuaces incurran en patente ingenuidad ai pretender curar las convulsiones izquierdistas con el tan socorrido similia similibus. Nada han de conseguir por este medio. E l verdadero pueblo calla siempre; hasta para llorar. Quienes hablan por él son los agitadores. Y los agitadores nunca se conformaron con las p i l trafas que quisieran echarles los comensales del festín. E s lo que ahora acontece. Matrimonio civil, secularización de cementerios, expropiaciones sin indemnización, responsabilidades por el golpe de Estado, propietarios en V i l l a Cisneros... ¿Por qué nos vamos a engañar? Nada de esto les importa un comino a los agitadores de las zonas extremas. Nada de esto puede calmar sus convulsiones. Y D Manuel Azaña debe saberlo bien, porque en sus días de guerrillero antimonárquico ocurría lo propio. N o no se trata de conseguir esta mejora doctrinaria o la otra. N o se trata tampoco de obtener las ventajas sociales o económicas que fueren de razón. S i por arte de magia pudiera este Gobierno (u otro) convertir en nababs a todos los ciudadanos españoles, la agitación no cesaría. Y no por odio a la República. C o n Monarquía o con sindicalismo sucedería igual. E s el Poder lo que se busca. E s el Poder, con todos sus resostes. L o demás no interesa. L a salud de la Patria, las mejoras del pueblo, las reivindicaciones sociales, las conquistas de la Libertad... ¡Bah! Todo eso no pasa de ser los confalones necesarios para poetizar un poco la negra ambicioncilla del Poder. RAMÓN L O P E Z- M O N T E N E G R Q SALAVEKRIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla