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íar con el aire de la entonación el peso de l a idea sombría. Pero el religioso torna en veras lo que salió con intenciones de ironía H a s t a hace pocos años no se conocían bien estos cementerios de los primeros cristianos; bien pudo ser que un infeliz pagara con la vida su deseo de visitarlos. Nosotros mismos no nos aventuramos a recorrer por completo las catacumbas; piensen en que, sumadas todas las descubiertas hasta hoy, dan unos m i l kilómetros de galería, en los laberintos de revueltas y pisos distintos bajo el suele de R o m a Luego, vuelta su memoria hacia los pobres despojos, añade para consuelo de su anima y del anima que acaso vaga por estos lugares: N o podemos decir que si ello ha ocurrido de este modo fué un desventurado, porque vino a tener fin en donde lo habían tenido tantos ustos Pero su consuelo vuela sobre nuestra cabeza, y se pierde en las sombras de las bóvedas al- Valencia. Un a t e n t a d o más. Bilbao. Una ceremonia. tas. y se apaga sin iluminarnos, el pensamiento tanto como esa Iucecilla que nos guía. Sentimos angustia de espíritu que se nos acongoja y de cuerpo que se nos estremece, como nunca la sentimos ante las necrópolis con cielo azul sobre las inscripciones funerarias, y árboles con coro de pájaros e iris de flores sobre la palidez del mármol, porque allí nos parece posible renacer en pájaro, en. flor o en estrella, y bajo estas bóvedas negras, entre los muros de toba viscosa, nos imaginamos imposible la vuelta a otras luces, como lo fué, acaso, para esos pobres huesos perdidos que ahora descansan en un lóculi. Pero es este milagro de Santa Cecilia mártir lo que nos vuelve otra vez hacia caminos de esperanzas, como la luz del guía que enciende las sombras con resplandores vagos. Milagro de rosas y azucenas fragantes sobre la tumba en este lugar donde parece que se han de marchitar, sin sol y sin aire, hasta la intención de flor que surge del pensamiento o de los labios; milagro de piedra blanca y limpia del cuerpo yacente, entre tantas viejas piedras que tomaron ya el color de los huesos que cubren. Y oculto bajo estos dos milagros, el del cuerpo incorrupto, que fué descubierto por los días del 1599, y surgió de las sombras para mostrar a los hombres admirados la herida sangrante del cuello y! a actitud de la mano que muestra e l misterio de la T r i n i d a d Desfile militar ante el Ayuntamiento, después de la tradicional lectura de la Carta. I (Foto Amado. MARIANO T O M A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla