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NOVELA DE ZAUB GREY T R A D U C I D A P O R L A SEÑORITA I S A B E L L A C A S A. (CONTINUACIÓN) do las nubes. E l sol brillaba intensamente sobre l a tierra, blanca de escarcha. N o corría viento alguno. Carley se levantó y, después de cepillarse el pelo, se puso las botas. L e pareció que los sufrimientos que había tenido hasta entonces no eran nada en comparación de los dolores que sentía aquella mañana. ¡Cómo odiaba aquella tierra fría, pelada y desnuda del bosque y su soledad, rudeza y crudeza! S i aquellos sentimientos se hacían más i n tensos, comprendía que acabaría por odiar á Glenn. S i n embargo, aquéllo no alteró su resolución de seguir adelante, ver el baño del ganado y seguir montando aquel endemoniado p o t r o hasta que diera fin al viaje. E l montar a caballo y emprender l a marcha casi le produjo mareos aquella mañana. Glenn y F i o comprendieron el estado en que se encontraba y l a dejaron sola completamente. Carley agradeció l a comprensión de qué habían dado muestras. Parecía proclamar el respeto que hacia ella sentían. Otra cosa que le llenó de alegría fué el descubrimiento sorprendente de que a l cabo del primer cuarto, de hora, que fué verdaderamente terrible, empezó a sentirse más a sü gusto. Transcurridas varias horas no sentía ningún dolor especial, aunque se sentía dominada por l a debilidad. Por ultimó, el terreno devastado concluyó en un bosque de frondosos pinos. E l caminó lo atravesaba dirigiéndose hacia el Sur y hundiéndose en una ancha y profunda cañada. Carley vio un río a través de los árboles, verdes prados, largas empalizadas, cabanas y humo azul. Oyó el ruido, producido por una máquina de gasolina y los balidos de las ovejas. Glenn esperó a- que le alcanzara, y d i j o -C a r l e y éste es uno de los ranchos de ganado de Hutter. N o es un sitio muy agradable. N o te gustará ver el baño de las ovejas. A s í es que creo que debías esperar aquí. -Es inútil, Glenn- -interrumpió l a m u c h a c h a- -P i e n s o ver todo lo que ocurra. -P é r ó querida mía, los hombres, l a manera que tienen de manejar las ovejas, no, en realidad no. te agradará el espectáculo -dijo torpemente. ¿P o r qué no? -preguntó Carley, mirándole. -Porque, Cárley, ya sabes que no te gusta ver la parte desagradable de las cosas... ¡Y el mal olor te producirá náuseas! -V a m o s a ver, Glenn- -dijo ella- Supongamos que es asi. ¿N o me tendrías en mejor concepto si lo resistiese? -H o m b r e claro que sí- -contestó Glenn a regañadientes y con tina sonrisa- Así es. Pero quería haberte evitado el espectáculo. E l viaje ha sido penoso. Estoy orgulloso de t i Y Carley, puedes llevar tus esfuerzos demasiado lejos. N o basta con el valor. Simplemente te será imposible resistir esto. -í Glenñ, qué poco conoces a las mujeres! -exclamó la muchacha- V e n conmigo y veamos el famoso baño de las ovejas. A caballo llegaron hasta el otro lado del bosque y entraron en un valle abierto, que hubiera sido pintoresco de no haber sido estropeado por él trabajo del h o m b r e U n a empalizada de madera rodeaba aquel espacio y un dique de barro contenía una gran charca de agua maloliente, pegajosa y verde. Cuando se fué acercando, los balidos de las ovejas eran tan fuertes que apenas oía lo que le decía Glenn. Algunas cabanas de madera, construidas toscamente y grises por el tiempo, se erguían dentro del cercado. Detrás se veían corrales de gran tamaño. Desde el otro lado de aquellos corrales llegaban las toscas voces de algunos hombres, el ruido de herraduras de caballos, el producido por cuerpos pesados al caer al agua, el sonido de l a máquina y el incesante balido de las ovejas. A! llegar a aquel punto los miembros de la caravana de Hutter. desmonta- ron y ataron sus caballos a l a parte superior de l a empalizada de madera. Cuando Carley iba a desmontar, a su vez trató Glenn. de detenerla, diciendo que vería bastante desde donde se encontraba. Pero Carley desmontó y siguió a F i o Oyó que Hutter gritaba 3 Glenn: -O y e G l e n n Ryan tiene poca gente. L e echaremos una mancj durante un par de horas. Carley llegó junto a F i o y junto al primer corral Heno. de ovejas Formaban una masa compacta de lana bastante blanca y con una mancha de color de rosa. Cuando F i o trepó a l a parte alta de la empalizada todas las ovejas huyeron én niása a l a parte más alejada del corral. Algunos carneros viejos de cuernos anchos y. retorcidos se volvieron, y unas cuantas ovejas treparon sobre l a masa formada por el resto. A Carley le divirtió aquel espectáculo, no comprendiendo que pudiera haber en él nada de desagradable. E l corral siguiente contenía un número semejante de corderos, y algunos mejicanos que evidentemente les conducían por un estrecho camino, haciéndolos bajar por él. Carley vio cabezas de hombres, por encima de las empalizadas de oíros corrales v uri humo, espeso y amarillento que Salía de. por allí cérea. -C a r l e y ¿estás decidida a ver el baño- -preguntó F i o amable- mente, pero con u n aire un poco burlón. -Desde luego- -contestó Carley con ligereza. Tanto Glenn como F i o parecían tener el don de hacer que la muchacha saltara en seguida. F i o se echó a reír, pues le agradaba; lo decidida que era. Condujo a Carley a lo largo de l a empalizada de madera a través de una enorme puerta que estaba abierta, y después de atravesar un patio muy ancho llegaron a otra empalizada, que escalaron. Carley l a siguió, sin sentir ansiedad alguna por ver lo que ocurría ante sus ojos. U n olor muy pesado llegó a las delicadas aletas de la nariz de Carley. F i o l a condujo p o r u n c o r t o camino, y trepando a otra empalizada se sentó en l a parte superior de los iraderós. Carley se apresuró a subir, junto a ella, pero se quedó erguida apoyando sus pies en el segundo tablón de l a empalizada. De repente sintió Carley uh hedor terrible, que lé hizo el efecto de haber recibido un golpe en l a cara, y ante su confusa mirada apareció una masa de denso humo, corderos que corrían de un lado, para otro y hombres activos. Todo ello se destacaba sobre un fondo de barro. Pero l a primero que l a hizo cerrar los ojos y apretar fuertemente sus rodillas contra. el tablón superior de la empalizada para no caerse, fué aquel hedor. E n su vida había sentido unas náuseas, tan intensas. E l hedor parecía atacar todo su cuerpo. L a sensación de náuseas que había tenido hasta aquel momento no era nada en comparación con lo que entonces sentía... Carley respiró profundamente, apretó su nariz entre los dedos para evitar que el olor llegará hasta ella y abrió. los ójós. Bajo sus pies había un pequeño cercado, abierto por uno- de los extremos, y a donde era conducido el, ganado desde un corral de mayor tamaño. L o s pastores, gritaban. Los corderos que había en l a retaguardia saltaban sobre los de delante, forzándoles a que siguieran avanzando. Dos hombres trabajaban en aquel pequeño cercado. U n o de ellos era un musculoso gigante en camiseta y pantalones, que. tenía un aspecto sucísimo. Llevaba un trapo en la mano y se acercaba a la oveja más próxima! Rodeando el cuello del animal con el trapo, tiraba de él, arrastrándole con una facilidad que demostraba lo fuerte que era, y la arrojaba dentro de un estanque que había a uno de los lados. L a oveja caía dentro de aquél charco sucio y cenagoso y desaparecía. Pero de repente volvíanla aparecer su cabeza y su Jomo, Y empezaba medio a andar. SA c. ojiimmrá. y
 // Cambio Nodo4-Sevilla