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Dos bodas en Madrid. La bella señorita María Luisa V squeü. Ochando contrajo matrimonio ayer mañana, en la iglesia de la Concepción, con el distinguido joven D. Maximino Cortés. (Foto Cernerá. Que me disculpe m i amigo Aniomorrobles, que tan graciosos cuentos para niños, escribe. E s t á interrumpiéndose la tierna tradición de la literatura infantil, y en España con más prisa que en ninguna parte. T a l vez nunca se han distinguido los españoles por el culto al n i ñ o aquí no se concibe el caso de Anderson, que llega a la mayor celebridad escribiendo solamente unas narraciones infantiles; tampoco se concibe aquí la aparición de tipos de niño como Tuanito como P i n o c c i o ni menos la creación genial de Caperucita Encarnada A l es: pañol le da como v e r g ü e n z a el estado de niñez. Pasa porque le llamen bruto, analfabeto, pero no admite que- le acusen de ingenuidad. Obsérvese cómo el madrileño castizo ha inutilizado, ha matado dos hermosas palabras del Diccionario sólo porque se refieren a sentimientos poéticos y candorosos lila y primavera. Cuando un pueblo, para nombrar al tonto, recurre a dos ideas tan sublimes como la flor y la estación juvenil del a ñ o es que hay en su alma muchas cosas que deben purificarse y ennoblecerse. Supongo que las nuevas teorías pedagógicas tenderán a suprimir la superstición de las hadas y los enanos prodigiosos. Q u é clase de cuentos le contará a los niños un pedagogo reformista? S i al niño hav que instruirle en el secreto de la concepción, es claro que no debe consentirse que crea en las hadas. Pero el niño sabe defenderse; a pesar de todas las pedagogías, él mantiene EL MUNDO DE. L O S N I Ñ O S E l comercio (cualquiera puede observarlo) se ha echado a la calle Vendedores ambulantes, en un número fabuloso, toman posesión de las aceras y exhiben las mil y una mercancías que antes eran patrimonio, exclusivo del tendero: corbatas, pañuelos, jabones de tocador. Pero en este momento las aceras se han llenado de j u guetes. Juguetes para los niños. P a r a los regalos de Navidad. E s la única vez que uno, apresurado o preocupado transeúnte, se digna atender a los vendedores ambulantes y contemplar sus pintorescas mercancías, invadido por esa r á f a g a emocional que el solo nombre de la niñez despierta en el alma de todo hombre que no sea un malvado. Pero bien; ¿qué vamos a hacer ahora con los niños? Nos hemos preocupado. de los hombres y de las mujeres, de los agricultores y los menestrales, del capital y del trabajo, de los cementerios; de todo. T a m bién hemos pensado en las escuelas y en la instrucción de los niños. Pero hay algo más en la remota e imponderable intimidad de la infancia. Play un mundo secreto que queda en la sección inefable del alma i n fantil y que no puede, no debe tocarse m á s que con un temblor de pura esencia religiosa. Los derechos del hombre. L o s derechos de la mujer... ¿Y los derechos del n i ñ o? Aquí me atrevería yo a exponer esta aparente arbitrariedad el niño tiene derecho a su ignorancia. Es decir, a su candor, a su superstición, a sus ingenuos mitos. Y a anda por ahí operando una cruel pedagogía que propugna la supresión de las ignorancias i n fantiles; que pide que se descorran los velos trascendentes y se le ofrezca al niño el verdadero panorama de la v i d a que sea iniciado en los misterios del amor; que lo conozca todo anticipadamente. Esta escuela aspira a matar al niño en el alma del niño, para asi prepararlo mejor para la vida. Antes necesitaríamos esclarecer en toda su profundidad el sentido -de la v i d a si la infancia, con todo su candor, sus m i tos y su visión ignorante y fantástica de las cosas, no ierre derecho a considerarse como una parte esencial, acaso la más esencial, Otra boda. La de la bella señorita María Teresa Achalandabaso con D. Javier Castillo y Caballero. El matrimonial enlace se verificó en la iglesia del Santísimo Cristo de la Saiudj (Foto Duque- y, desde luego, l a m á s encantadora y sagrada, de la vida. ¿Q u é les traen hoy a los niños los Reyes Magos? Pero los modernos pedagogos no están conformes con la permanencia de ese mito pueril. N o hay Reyes Magos, n i Noel, ni padre Christmás. ¿E s mejor, entonces, hacerles entender a los niños que los j u guetes provienen directamente de un conceja! del Ayuntamiento? ¿O de la comisión de señoras pro infancia E l niño hubiera deseado que intervinieran los Reyes Magos mejor que un concejal bigotudo o una señora con gafas. Y que un mensajero misterioso, vestido con un traje fantástico, viniera de los estupendos países orientales con la exclusiva misión de poner junto a sus zapatos una caja llena de soldaditos de plomo. De semejantes cuentos se fabrica la vida real, auténticamente real, del niño. Tan real y verdadera como puede ser, por ejemplo, la vida de un afiliado al partido radical- socialista. intacto su mundo maravilloso; vive un mundo distinto del nuestro, con personajes propios. L a s cosas y las personas nuestras no le dicen nada. Quiere hadas, enanos, Reyes Magos para su vida especial. Quiere otras realidades, las suyas. Nuestro mundo y nuestra realidad le parecen ininteligibles. S i n embargo, no es muy dichosa su sitúación en la época actual. Basta ver ios juguetes que les construyen para comprender que los niños no han salido ganando excesivamente con el progreso de las costumbres. Se les b a ñ a con m á s frecuencia que antes, se les pegan menos palmetazos, conocen el secreto de la concepción; pero les han quitado los juguetes antiguos a cambio de los modernos juguetes mecánicos, y les han arrebatado el derecho a creer convencidamente que las hadas son seres reales y que los Reyes Magos pueden venir expresamente de la A r a b i a para traerles una caja de soldaditos de plomo. JÓSE M S A L A V E R R I A
 // Cambio Nodo4-Sevilla