Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
a los poetas sólo cuando duermen y no puede ser vista. Mientras se desangra 1932 en las copas de grueso labio, al costado de mi juventud paso revista de amor por los divanes. Nada. N o ha pasado el año, no se ha movido el tiempo. Aquí están, como figuras de cera, todos mis fieles amigos de los viejos cafés. Vienen por las tardes a la mesa larga la tertulia de D. Fidel, de D Lorenzo, de don Antonio... Todos recuerdan bien la guerra de Filipinas y de Cuba. Don Fidel tiene, no sé por qué, fama de malicioso. Se le ofrece un cigarrillo y dice: -Gracias, no tengo vicios pequeños... Y entonces D. Lorenzo carraspea malicioso y comenta: ¡Éste D Fidel siempre con sus cosas... 1 A mí D. Fidel me parece más inocente que una paloma, pero por lo visto 110 es así. Ahora es D. Lorenzo el que le pregunta: ¿Y cómo va esa salud. D Fidel? Y D. Fidel contesta; -Todavía soy joven y me encuentro mejor con las muchachas que con los amigos del ministerio... A D Antonio le toca ahora carraspear y dar unos golpecitos en el suelo con la contera de su bastón: -iEste D. Fidel tiene unas cosas... M á s allá está el Poeta desconocido. E l mismo se acabada por olvidar de su nombre si no firmara escrupulosamente cada una de sus p o e s í a s en las cuartillas de letra impecable. Y aquí veo a la muj e r c i t a p e q u e ñ a de grandes ojos cargados de geografía, que llega siempre antes que E l y que, mientras E l llega, no sabe qué hacer con las manos, nacidas para trenzarse con aquellas otras manos. Tiene algo de gatilla friolera; cuando E l viene abre su mejor sonrisa y se. aprieta a su lado, se pega como una calcomanía y recibe todas las tardes, con la misma graciosa tosecilla la primera bocanada de humo del pitillo que E l fuma. E l camarero dialoga con elía en cuanto Ta ve entrar. Siempre las mismas palabras un día y otro día: -Buenas tardes, señorita. Aún no ha llegado el señorito... Viene también a diario Miss Teléfono. L a llaman así porque todas las tardes habla con un amor desconocido de todos que no tiene nada que ver, naturalmente, con el amor que todos le conocen, COJI el que la acompaña en la tarde del café. Y vienen, en fin, muchas parejit: i. ¡que se pasan. las horas mirándose a los ojos y oyendo la buena tnúsica. Café de apacibles idilios y de violentos idilios también. No sallemos cuál es el papel que cada uno representa, ni siquiera quién es personaje de comedia ni quién de drama; ni quién, jugando a 16 recatado y a lo dulcemente clandestino, terminará oor dar a los repórters de sucesos su novela íntima, escrita día por día en estos divanes de rojo peloitche. En este café donde se ama, donde se odia y donde se escribe, me acuden a la memoria unas poesías juveniles y admirables de Juan Pujol. jCómo resumen la melancolía 3 e estos viejos rincones, propicios al sueño de lo irreal y al limbo amoroso de la dorada ilusión... I L l u v i a de l a t a r d e m u e r t a E n l a s a l a del café, tuna c l a r i d a d Incierta y u n frío, no sé de qué... Y e n l a s acera mojadas, temblor de lucen de gas. C a r a s borrosas, soñadas, que no veremos y a m á s Tarde para amar y para ser a m a d o j- p a r a que nuevamente nos b e s a r a l a m u j e r que se nos fué... y llorase y n o s h a b l a r a mimosa: ¡Perdóname! ¡Tardes encantadas y desencantadas del café, toda la vida española rueda por estos espejos en 1932 como en los das de Larra... 1 Se ve bien lo español, lo que es de España, desde estos reductos, Y se ve, en sus exactas luces, el cromo matritense y la novela madrileña del amor. Me gusta este escenario para representar el fin de año. Va a morir 1932, y aquí ni se apercibe siquiera. En 1933 estos espejos reflejarán las mismas escenas. En 1934 seguirá siendo la misma silueta la de esa mujer que espera de espaldas a mí y cuyo rostro me imagino, siendo todo un juego de poesía y crítica iría poniendo yo los ojos, í la nariz, la boca... De ¡moLf. lante de su vaso, la (l fina mano se posa sobre las horas perdidas. ¿Cuál será su Príncipe Azul, el que no llega? L a imagino los ojos grandes y negros cargados de estampas dulces y melancólicas; la nariz, española, pueril, alegre y sin estilo; la boca, grande, acentuada de rawge... Cuando vuelva la ca beza yo miraré para otro sttio. A la tertulia de D. Fidel, don Lorenzo y D. Antonio, por ejemplo. ¿Para qué la voy a ver, si la veo mejor así? A una de las cosas que ha enseñado el café es a cultivar el mundo de la imaginación, de la curiosidad, que no se satisface con la realidad; a cultivar, en suma, el mundo del sueño. Todos estos amores de café no son reales. Llegan a ser miríficos y admirables amores espectrales. Por eso se sobreponen al tiempo y parecen flotar sobre el espacio. M u e r t e de 1932. Obstinado y absorto en su limbo, el café romántico se niega a oír el canto de las sirenas de níquel. Los bares sueltan la voz de sus gramolas; otras mujeres, bien distintas a las novias de los espejos y los divanes, fuman cigarrillos en los altos taburetes del mostrador americano. Adormecido de valses marchitos y sentimentales, sólo el café resiste la seducción extranjera, huido del calendario, en la Edad de Oro de los idilios eternos. J w, S I E M P R E L L E G A A N T E S Q U E S U N O V I O t O S E S P E J O S l A C O N O C E N Y A C O M O L O S C A M A REROS Y L O S P A R R O Q U I A N O S (F O T O S DÍAZ C A S A R I E G O) CÉSAR GONZÁLEZRUANO
 // Cambio Nodo4-Sevilla