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EXTRAORDINARIO venido a menos, sino porque las ambiciones de éste son ahora mas limitadas. N o pretende ya, como. Balzac, guiar su producción por la luz de aquellos dos grandes faros que fueron la Religión y la Monarquía, ni sorprender, como Zola, el mecanismo patológico de una sociedad. Se contenta con explicarse ciertos fenómenos de psicología individual, que condicionan casi siempre nuestro destino. L a técnica de un Marcel Proust o de un Jules Romains esffc tan distante de la de un Balzac o un Flaubert como el estilo de un André Gide de la manera de componer de un Flaubert. E n la novela de nuestra época lo individual está sobre lo colectivo. Solamente algunos escrit o rusos, mitad por el legítimo prurito de reflejar la acción de las masas en la política y mitad por servir designios de propaganda, que han aceptado, asocian lo colectivo a lo individual en la trama de sus novelas. Pero en los demás países de E u r o pa, tan socavados como Rusia por las nuevas doctrinas filosóficas, políticas y económicas que se disputan el gobierno de la Humanidad, el novelista parece más atraído por el drama que nos plantea la vida en el interior de la conciencia, que por el flujo y reflujo de las agitaciones sociales. Pues, qué, ¿acaso no ha sido uno de los intentos revolucionarios más audaces el realizado por un D H Laurence en su novela El amigo de ladv Chatterleyf E l que un gran novelista se lance, en fas postrimerías de su existencia a proclamar la licitud del naturalismo más escabroso, con tal de que no traspase los límites de lo verosímil, es un alarde de independencia intelectual que expone al escritor a las sanciones más duras. E n esa novela, publicada a principios de este año, se reivindica para la obscenidad el mismo derecho que tiene el pudor a manifestarse como uno de los resortes de la pasión. T a n fuerte ha parecido en Inglaterra la pretensión de Laurence, y tan ofensiva para la moral, que la obra no pudo i r libremente a manos del lector. E l medio intelectual francés, menos timorato, la ha acogido sin grandes aspavientos, perdonando al escritor las libertades de expresión que se permite en gracia de la honda belleza de la novela. Y o creo, sin embargo, que ese libertinaje de vocabulario es nocivo para la obra y merece nuestra reprobación. S i a las intimidades del amor se las despoja de su misterio pierden una gran parte de su nobleza y el sentimiento, que es el eje de la vida, degenera en una repulsiva promiscuidad sexual. E s como hablar del amor libre. Toda sociedad que lo acepte degenerará moralmente, cayendo en la abyección. P o r fortuna, ni en la misma ¡Rusia ha conseguido arraigar. Sobre eso como sobre las normas de gobierno de los pueblos, yo me atengo a las opiniones de Berdiaeff; una sociedad sobre la que no proyecte la Cruz su sombra, tutelar es una sociedad que se disuelve para convertirse en una horda... E l gran acontecimiento literario del año en Inglaterra no ha sido la publicaron de una novela, sino el premio Nobel discernido a John Galsworthy, el ilustre autor de A man of Devon, Riding ni a Mist, The 1 cland Pharisees, The man of Property y de l a serie de los Forsyte, que vienen a ser en la galería humana de Galsworthy la equiVfdencia psicológica de los Rougon M a quart en la obra de Zola. Las diferencias que separan a los dos escritores son, sin embargo, de mucho bulto para que se les pueda emparentar sin hacer grandes distingos y salvedades. Realistas y pesimistas los dos, las analogías de escuela están, pese al aire de familia, atenuadas por causas temperamentales, que suelen ser decisivas en arte. E l naturalismo del novelista inglés no se complace, como el de su colega, en aquella especie de fatalismo patológico que articula las aventuras pasionales de los per- DE A B C DE AÑO NUEVO. P A G 35 sonajes de Zola. Galsworthy no adopta, como espectador de la tragicomedia humana, los prejuicios morales del realismo francés. E s un observador escrupuloso de las costumbres de su tiempo, que no se paga de ilusiones, pero que no cierra los ojos, como Zola, a los aspectos honestos y consoladores de la vida. S u ironía rara vez deviene sarcasmo. E s el humorismo, poeo ácido, del que no ha perdido del todo la fe en el progreso moral de los seres. E n su novela más notable- -El propietario- -se hace visible una intención satírica templada, aleación de burla y de buena fe, que no desmerece nada, pero que tampoco lo acepta todo, con la adhesión del egoísta a sus privilegios de linaje o de posición social. E n el fondo de la literatura de Galsworthy palpita una filosofía sin negruras, que, reconociendo todo lo que hay de imperfecto en el mundo, presiente que el mañana puede ser mejor que el hoy. De esos dos naturalismos, el de Zola y el de la mayoría de los escritores ingleses- -excepción hecha de un Thomas H a r d y- el segundo está, en mi sentir, más cerca de lo real. E s más relativo y más honrado, pues reconoce el inevitable risum et dolare miscebitur que es la vida. E s también menos crudo en la expresión. De un Galsworthy a un Zola hay, en ese respecto, la distancia que separa a un Rabelais de un Fielding, y eso que, cuando el glorioso precursor de la novela inglesa se proponía ser verídico, no reparaba en la procedencia de su vocabulario. E n Francia la producción novelesca es más abundante que original. E l género se renueva poco. ¿Qué rutas siguen los escritores? André Therive, autor de Arma, que acaba de aparecer, se mantiene en la línea de los realistas que quieren intelectualizar la novela. E s una tendencia muy extendida en el país vecino, a partir de Proust y aun de antes. Pero en Atina esa pretensión se acusa menos, como si el escritor la subordinase a la combinación de los acontecimientos que integran su obra. Therive arranca de un anécdota h u m i l d e e l encuentro de A n n a con Bournazel, a quien no conoce, en un camino, y ese trivial suceso será, por decirlo así. la piedra angular de su destino. S i n esa relación fortuita y circunstancial de una mujer vulgar con un hombre adocenado, del que se separa sin amor y sin remordimiento, pues no ha habido entre ellos nada de culpable, la imaginación de A n n a no se caldearía hasta el punto de conducirla a confesar lo que no ha hecho. E n ese rasgo lo inconsciente decide el desenlace de la aventura, y la pobre mujer sucumbe por haber pecado con la fantasía. peramento y la que surge de la combinación de los sucesos y de las cosas que nos son ajenos aparentemente, disponen en absoluto de nuestro destino. E l ser humano se traza su rumbo en la vida, sin saber a qué indicaciones obedece, y luego es juguete de sus pasiones y de los acontecimientos, que lo llevan, casi desarmado, a donde él no se propuso ir. E s l a tesis griega de una Némesis apostada en nuestro camino, e inexorable en sus decisiones. Algunas veces, al sentir la mano de ese poder misterioso, reaccionamos pasajeramente, hasta que, persuadidos de que nada tiene remedio, nos entregamos a las fuerzas de lo desconocido. ¿Por qué sucumben el príncipe de Vetere y Juge? Porque la fría coquetería de A d r i a ha desencadenado una tempestad en el débil cerebro de Guarnerio; esto es, por algo que está fuera de la voluntad de las víctimas. ¿Y por qué se suicida A d r i a? S u tragedia personal carece de explicación razonable. L a novela tiene actualmente en Italia cultivadores más interesantes, en m i opinión, que en Francia. Bruno Cicognani, autor de Beatrice, es un psicólogo penetrante y u n estilista notable, que ha llamado la atención de la crítica. La vianda eterna, de Ercole Rivalta, es un espléndido alarde de humorismo, y Terra di Lupi, de María L u i s a Fiumi, novela de costumbres fincada en l a Umbría, resiste victoriosamente la comparación con las mejores obras de Grazia D e ledda, la escritora sarda que con tanta propiedad ha reproducido la vida impulsiva y pintoresca de su rincón natal. Otros literatos, como M a r i o Puccini, Antonio Baldini y A r t u r o Marpicati- -por citar los más conocidos- han proseguido su carrera fecunda y brillante; el primero con La Prigime y Rittrato d adolescente, dos obras que afirman el dominio que ya ha demostrado el ilustre escritor de ese mundo secreto que todos llevamos dentro y que acaso no sea sino la pugna de nuestros antepasados por dirigir nuestros pasos en la tierra. E s a era la creencia de Emerson, filósofo poeta, que ha explorado el misterio espiritual con sorprendente sagacidad. Antonio Baldini nos ha dado con Amici alio Spiedo, nó una novela, sino una serie de tipos intermedios entre la realidad y la caricatura. E s un ironista lleno de gracia, cáustico a ratos y no exento de una indulgencia razonable cuando él caso, lo justifica... MANUEL BUENO. L A IGLESIA EN 1932 Se abre e inicia el año católico en la Ciudad del Vaticano, solar de la fe, con la promulgación de la encíclica sobre el Saldrá de los recientes concursos liteConcilio de Efeso, conmemoración quince rarios el gran novelista que reanude las tradiciones del género, renovándolo y enrique- veces centenaria, que evoca en la cristiandad el magisterio infalible del Pontificado ciéndolo con nuevas experiencias psicológiy reafirma el dulcísimo y consolador dogcas y originales interpretaciones de la reama de la Maternidad de la iVirgen. Sigue lidad? Los premios otorgados han sido este luego en orden de preeminencia el admiraaño: el de la Academia Goncourt, para Guy ble documento Chántate Christi compiúsi, Mazeline, talento austero y autor de cuenacerca de la devoción al Corazón de Jesús, tos admirables: el premio Lasserre, para los que no podrá dejar de conmoverse a las hermanos Marins y A r y Leblond; el premio plegarias y sacrificios de l a Iglesia SubFémina, para Ramón Fernández, joven penraya de nuevo el Santo Padre los grandes sador, que ha alcanzado ya autoridad por males de la época: l a codicia, el egoísmo la lucidez de sus juicios, y que, según connacionalista, el ateísmo y las Sociedades fesión propia, se ha preocupado de fundir en su obra La apuesta la novela de cos- secretas Merecedores son también de recuerdo acaecimientos tan singulares como tumbres con la novela psicológica, lo cual es la concesión de culto universal al sabio abarcar el género en toda su plenitud. doctor San Alberto Magno, l a visita de E 1 Italia el movimiento literario no ha Mussolini al Papa, qu e sancionó pública y sido nenos copioso. La vida y la muerte de autorizadamente el reconocimiento y hoAdria y de sus hijos, de Massimo Bontem- menaje al Poder espiritual; la alocución p d l i es, como novela, inclasificable. N o está pontificia, transmitida por radio, alentando ni en L tradición realista de los sicilianos a los que sufren persecución por l a causa ni recuei da la manera d annunziana, mezcla de Dios, dirigida a los fieles con ocasión de sensualidad frenética y de lirismo fastuo- del martirio en China de la misionera franso. O yo no he comprendido el pensamiento ciscana Asumpta Pallalte; la creación de del autor, o éste se ha propuesto sencillauna nueva provincia eclesiástica en P a r a mente demostrar que la fatalidad interior guay, verificada juntamente con la consay exterior, l a que se forja en nuestro tem- f
 // Cambio Nodo4-Sevilla