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EXTRAORDINARIO íermedades que se transmiten por vía feménina. L a esterilización femenina, basada en consideraciones económicas, debe ser objeto de una importante campaña en contra por parte de los profesionales, porque priva a la sociedad de- una masa hereditaria de gran valor para la conservación y mejoramiento de la raza. P o r último, la Medicina ha experimentado en este año muchas pérdidas sensibles, sólo recordaremos la muerte de H Küttner en Alemania, director de la Neue Deutsche Chirurgie. E n Francia, la de Chauffard, que tantas generaciones médicas habían formado; en Rusia, la de V o n Oppel, renovador de la terapéutica quirúrgica de las artritis, y en España, las de Pulido v Sanchís B a nús, el amigo de todos, modelo de cordialidad e inteligencia profesionales, que en plena madurez, y cuando más se podía esperar de sus extraordinarias dotes, desaparece de nuestro lado, igual que en años anteriores José Segovia y Pedro A z n a r como si la muerte se propusiera hacer con la M e dicina española una selección a la inversa. EUSEBIO OLIVER DE ABC DE AÑO NUEVO. P A G 39 I Lea usted al final de este número j ¡nuestra sección de anuncios p o r palabras. LA C O N F U S I Ó N C O M O CARACTERÍSTICA D E L FESTEIO TAURINO L a característica del festejo taurino en este año que acaba ha sido de confusión. Y de confusión será su comienzo en el venidero. N o es para extrañarse. N o podía substraerse este reflejo popular a la confusión de la vida española. Precisamente por popular, y más todavía por lo que el festejo tiene de nacional. Solamente se puede salir de los laberintos con serenidad y orientacicn, que no sería difícil lograr si antes se lograse la armonía. Pero no se puede contar con ella en los estados pasionales. L o peor de nuestro festejo es el derrotismo de los interesados en mantenerle. Se va al combate vencido. Los empresarios hacen declaraciones imprudentes respecto de los toreros, y sin darse cuenta estimulan al público a participar de sus recelos, que suele traducirse en retraimiento. L a Prensa, entregada a recoger otras aficiones deportivas, apenas si dedica a nuestra fiesta espacio generoso, pues es frecuente ver debajo de una información el hierro en U de la Administración. Y es que se ha tomado el toreo como un negocio, del que todos quieren participar. Y no es un negocio. E s una afición que puede llevar a la consecuencia de un negocio como todo lo que es espectacular; pero que tomado como negocio sin contar con la afición, se va a la quiebra del negocio y de la afición. A l g o parecido al cuento de la gallina de les huevos de oro. j Con qué regusto dicen que la gente no va a los toros los más interesados en que vayan! E n cuanto el torero, no es de su parroquia. Mejor les estaría estudiar las causas y corregir las deficiencias. Que alcanzan a todos: toreros que no interesan, empresarios que no saben organizar, comentaristas un poco ligeros. Nos preocupamos mucho en discutir un sueldo de un torero, y un aumento de precios de una corrida extraordinaria, y no caemos en la tentación de examinar los i m puestos onerosos. Nos parece absurdo que el que trabaja, y expone cobre en relación al riesgo, y aceptamos- -puesto, que no replicamos- -que se cobren tributos sobre localidad no vendida. Esto sí que es absurdo que tribute lo que no produce. Pero como esto cae fuera de la órbita pasional, no i n teresa n i casi a los interesados. Señalamos la confusión como la dolencia característica de la fiesta, aunque el diagnóstico nos parece perfectamente acondirio- nado a l a vida española. Nunca se hizo la fiesta tan nacional o nunca lo nacional tuvo tanto parecido al espectáculo de las plazas de toros. E s de todos los días el ver agresiones sin sanción. E s de todos los días, al formular una opinión dispar, oír- la cantinela de que se ataca a la República. Esto es lo más taurino que yo conozco. U n a vez había en una plaza de toros un individuo que se dedicaba a molestar a los lidiadores. A tanto llegó su impertinencia, que un torero le replicó. Entonces el individuo se volvió al tendido, buscando amparo, y d i j o -E s t e torero se está metiendo con el público. Y el torero contestó: -C o n el público, n o con usted, que es un grosero. ¿N o es esto lo que hacen ahora frecuentemente los impertinentes de la República? Confusamente acabó la temporada, de la que se salvaron únicamente Ortega y Barrera. Empresas en quiebra; nuevas Empresas que vienen a substituir a las fracasadas, ya veremos con qué prejuicios y con qué orientaciones, y con qué fortuna. Grupitos de toreros. Monopolios de Empresas. Dictaduras taurinas. Reflejo de una vida nacional, en el que no falta nada, n i el tiranuelo. Así acaba una temporada y así empezará la otra. Y a veremos adonde vamos. E s posible que a buen término. Y o lo deseo. Pero no me gusta el camino. G. C O R R O C H A N O 1 1 aquéllas, al doctor D. Gregorio Marañón, recibido doctor honoris causa en sesión solemne por el Claustro universitario de la Sorbona; a los pintores Picasso y Sotomayor, que presentaron sendas Exposiciones; a las cantantes Conchita Supervía y Mercedes Campsir, esta última ausente de París desde 1919, y a dos intérpretes de la más pura coreografía nacional: Antonia Mercé y Encarnación López. L a Argentina constituye, con Falla y con Pablo Picasso, un perfecto triángulo simbólico, un intachable exponente geométrico del lirismo español contemporáneo. Porque todo es, efectivamente, en estos tres oficiantes de la Belleza interpretación de l a Naturaleza a través de un estado de alma, extravasación y derramamiento del yo, delirio de creación subjetiva. En defecto de otras, España recaba así la triple embajada del sonido, el movimiento y el color. Cuanto a la Argentinita, el público de París no la admiraba n i aplaudía desde ig 24. Y o desde años antes, desde que, en la temporada de Eslava de IQ 2I i n terpretó, bajo los auspicios de Gregorio M a r tínez Sierra, la protagonista de vina filigrana de Goldoni: Rosaura, o La viuda astuta. A l cabo del tiempo su silueta se funde para cristalizar, por modo peregrino, en aquella evocación. Allegre e dísinvolta, ella es un auténtico ejemplar del dieciocho femenino, español o italiano; de ningún modo del dieciocho francés, a un tiempo volteriano y bucólico, crudo y almibarado. S u poseída seguridad, su aérea y eurítmica ligereza y aquel modo perfecto de sonreír, y aquella honesta dispersión y síntesis, en alterno compás, de sus gracias corporales, trasuntan la adolescente de las cortesanas o andaluzas veladas burguesas que todavía alcanzó M o ratín: oros vacilantes en argentados candelabros, y, entre consolas de reloj de porcelana, distintas las notas del clavicordio, faldas de miriñaque, medias de varón y una tabaquera que ofreció rapé. N o sería, empero, fidedigno si no consignara la contrapartida que vierte, bajo el obscuro cielo, con suaves reflejos de armadura antigua, de la isla de Francia, la l i quidación del año 1932. S i n hostilidad n i animosidad contra nadie, nf aun siquiera con reticencia. Porque es el caso que suenan dentro del alma, con música de nostalgia, los villancicos de Navidad. (L a E m b a jada de España ha ofrecido una audición, doblemente ejemplar si fué con intención y vocación fraternales. Y que yacen en París, de este lado del Pirineo, que es yacer una vida de emigración ineludible, en la atmósfera indiferente de- un hotel, lejos de la geografía de la- Patria y del clima del hogar, docenas y docenas de españoles. Unos en París; otros, los que no fueron desalojados de las ciudades fronterizas del M i d i desparramados por Francia. Muchos proran su escasez actual hacia un futuro inmediato, más indigente todavía. Nunca, desde la época de las guerras civiles hubo tantos. E l temerario general, que retrocedió ante el presidio para optar por la expatriación: el político, a quien se quiso y no se pudo i m putar acto alguno de indignidad o siquiera de indelicadeza; hasta el agitador que horadando la pared de su celda se evadió del clásico penal andaluz, apoteosis de cante jondo frente al Atlántico gaditano. Que a todos aquellos compatriotas, conocido? o anónimos, afines, siquiera en una terminante negación, y adversarios que se acercaron en el destierro- a la cena de Nochebuena, doloridos y amargos, y comieron el pan y bebieron el vino sin poderlos compartir, llegue en la hora del misterio belenita y del alba genitriz por una radio milagrosa, el rumor de las viejas campanas, que en el fondo cristiano de España nos llaman a la misa del gallo. MARIANO DARANAS PARÍS EN 1932 Cada vez que, profesionalmente obligado, tiendo la mirada desde este declive del año hacia el Poniente de los meses idos, son, naturalmente, los acontecimientos que más han podido afectar al ente español el primer plano de esta mi visión retrospectiva. Porque no sé de nada susceptible de interesar tanto a un pueblo, aunque ese pueblo sea el mío, en el extrarradio cosmopolita, como los ecos de su v i v i r más allá de la frontera y la suerte de aquellos hijos suyos que por d i versos y aun opuestos estímulos emprendieron ía ruta de soles forasteros. Así mi glosa tendrá que preferir a hechos que, sin perjuicio de su volumen universal, son típicamente franceses, los que, aun de carácter familiar y doméstico, tengan una fisonomía específicamente española. Sobre que, conforme la actualidad pasa v se renueva, contando aquella melancolía que exhalaba el viejo Heráclito cuando veía deslizarse las ondas para siempre fugitivas de un mismo río, suelen obtener los primeros incluso en las gacetas madrileñas comentario más r u moroso y veraz. ¿A qué se debe un fenómeno que en el fondo denota cierto vasallaje del espíritu? Ante todo, a la excesiva- -e inactual y anacrónica- -fascinación que la capital de Francia- -una de las sedes, y no la única ni la más autorizada, del pensamiento contemporáneo- -ejerce sobre la mentalidad peninsular. E n seguida a la tónica de nuestro temperamento insociable, que frustra la formación en el extranjero europeo de un núcleo de coterráneos lo suficientemente denso para que su vida pueda competir, en i n ensidad y anecdoti smo, con la de otros esiratos ciudadanos de la gran capital. N o cabe, pues. el presuntuoso designio deshacer Historia, sino la pretensión, mucho más modista, de esbozar una referencia, breve, de laí personas, y un gráfico, sucinto, de los acontecimientos. M e apresuro a citar, entre París, diciembre.
 // Cambio Nodo4-Sevilla