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E X T R A O R D I N A R I O D E A B C D E AÑO N U E V O P A G 46. pena o respeto, en amor o admiración, Sevilla ofreció a los despojos de aquella santa mujer- -apartándose por una sola vez de las N o ha sido menos desgraciado que su desluchas ideológicas- -su único homenaje unáagradable predecesor, para los tristes destinos de Sevilla, este pobrecito año de 1932, nime, cuya emoción supo resumir, en un artículo magistral, el gran corazón de M a cuya agonía velamos pluma en ristre. P r o nuel Sánchez del Arco. curaremos rematar su lamentable historia antes de que el moribundo haya recibido el Llegaron las fiestas de Semana Santa. puntillazo del Tiempo, pues ensañarse con los Cuantos esfuerzos habíanse realizado para muertos no es cosa que esté del tcdo bien. anunciar su esplendor de siempre, haciendo Antes de que le ajustasen flamencamente transcender una falsa sensación de paz espila faja de ombligo, en su i de enero, él ritual, fueron infructíferos. Les fieles redumal encarado reciénnacido dio muestras de jeron la solemne conmemoración al recinto su intranquilo natural. Mientras- -contentos de los templos, donde sus preces fluyeron a por su natalicio y confiados en que al morir los pies de las famosas imágenes que tradi 1931 doblaba también l a larga serie de descionalmente vino venerando l a ciudad enteventuras con que nos afligió- -le recibíamos ra durante el maravilloso desfile de las hercon las doce acompasadas degluciones vidí- mandades. Sólo l a cofradía de la E s t r e l l a- -colas, a través de los vidrios del balcón d i cuando se nublaba l a estrella de las Cofravisamos y a las mismas ingratas peculiaridadías- -resolvió sostener la secular costumbre, des que de los múltiples ataques de mal gey en la memoria de todos está l a bochornosa nio del año que moría habían venido siendo serie de agresiones con que el rasgo fué compañeras fieles... Carabinas y tercerolas turbado. reaparecían de nuevo en aquellos instantes de Día llegará en que, amortiguados los odios, alegría, y el refuerza de l a vigilancia indiel respeto al derecho de los demás imponga caba que algo malo se temía; algo que, por a cada uno su humano y liberal imiperativo. fortuna, no llegó a sobrevenir... por el mo- Entonces, la gloria de Sevilla volverá a l u mento. cir en la fiesta más hermosa del mundo. Pero aun entonces, quedará imborrable recuerdo Con aquellos primeros días de la niñez del de aquel 8 de abril de una época de oprobio año coincidió una breve estancia entre nosen que una mano criminal dejó reducidas a otros del ¡presidente del Consejo, quien al ceniza bajo las ruinas de un monumento vedespedirse nos confortó un tanto el espíritu nerable las efigies del Cristo de l a Buena con unas palabras de optimismo, preferenteMuerte y Nuestra Señora de l a Hiniesta. mente atañederas a l a situación del campo de Sevilla, en el cual, pese a todo- -y sin Marzo y abril fueron rices en conflictos duda porque todavía no se ha implantado la sociales. Menudeaban las huelgas, como las Reforma agraria- siguen teniendo su vastíde dependientes de tabernas, obreras de la simo solar las más peligrosas inquietudes y aguja y trabajadores de L a Cartuja y l a las preocupaciones más graves. Dársena. A mediados del mes pluvioso coCaracterizó a aquel enero- -como, en ma- nocimos personalmente a los guardias de Asalto, cuyo debut profesional, disolviendo yor o menor escala, a buena parte de los una manifestación clandestina, coincidió con meses siguientes- -una intensiva racha de su arribo a. Sevilla. atracos, frecuentemente seguidos por la i m punidad en que quedaban sus autores y que Con animación y sin incidentes transcupor entonces culminaron en el golpe audarrió el aniversario de l a República, y lo miscísimo de que fué teatro el Monte de Piedad. mo los días de Feria, con el apoyo primordial, si no exclusivo, que le prestaron el caH a c i a mediados de mes fué clausurado el lor y el cariño de las clases populares. E l Congreso Socialista. Días después moría de celo de la vigilancia frustró los designios fuun balazo el obrero presidente del ramo de nestos de los perturbadores de siempre. l a (piel, desgracia que, aunque parecía rodeada de todas las características inherentes E n ipleno desarrollo de los festejos vino de! crimen social, fué dictaminada como obra el ministro de l a Gobernación, que presidió de una casualidad adversa. una redacción laboriosísima de bases del trabajo en el campo. Cierto perturbado, preE n fin, el día 25 estalló l a huelga general sunto atentó contra el ministro, al cual lanrevolucionaria que desde muchos días antes zó un martillo que fué a herir levemente al anunciábase como parte de u n movimiento entonces gobernador civil, D Vicente Sol. subversivo que afectaría a toda la nación. L a saludable prolijidad de las prevenciones Nuevos atracos tuvieron sonada realizaadoptadas por las autoridades arriba, abajo ción, esta vez en l a fábrica de l a Trinidad y en medio- -en las alturas serenas del aire, y el horno de San Isidoro, y en l a noche del como en las calles, que el miedo colectivo cuarto día de Feria, estalló un petardo de dejaba en soledad, y en l a florida blancura de gran potencia en una casa, que sufrió grave las azoteas- -evitó a los desmanes aquella doquebranto, de l a calle Santa A n a lorosa magnitud alcanzada en tristísima oca L o s comunistas nos dieron un tormentossión similar por nadie olvidada. S i n embarso i de mayo. E n horrísona réplica a sus go, l a paralización de l a vida trabajadora repetidas agresiones, las nutridas descargas alcanzó, en las cuarenta y ocho horas por de l a fuerza pública hicieron temer una proque l a huelga había sido declarada, mayor porcionada efusión de sangre que, afortunaradio que nunca. damente, no llegó a correr. E n cambio, los- elementos sovietíñlos tuTranquilizáronse, al fin, los ánimos, y sin vieron un gran respeto para las admirables otra novedad desagradable que el hallazgo charlas ofrecidas por García Sanchiz, sobre de unas bombas destinadas- -según se d i j o- -Rusia, en el Coliseo Esfpaña. a volar los cuarteles de l a Guardia civil, lleL a anunciada huelga de campesinos, hagamos a febrero, testigo de una nueva huelga, ¡pacífica en su curso, declarada como protesta contra las deportaciones. P o r aquellos días, realizó el Sr. Fernández de l a Bandera uno de sus viajes a Madrid, tan repetidos por el natural afán de hallar con el auxilio del Estado una solución- -con la que no se ha dado aún- -de l a desventuraP r e p a r a c i ó n programas y contestaciones da situación económica de l a capital. para Judicatura, Notarías, Fiscales, RegisE l 2. de marzo murió 3 a gloriosa sor An- tros, Diplomática y Secretarios de Ayuntagela de l a Cruz, gregia fundadora de esa miento y Ju llcUHes en el I N S T I T U T O K B Ü S WÍU 30I. i. DCS, 23, M A D R I D Hemos institución adnarahíe cuyas normas de santa obtasdA? viir 5 3 v í í 3 el n. 1 en. Notarlas, abnegación ofrecen en lo humano el más suVfiaBfsí 3 r t? l T 3 a 3 J u i i c a t u r a y Secretarios. blime destello de l a Bondad de Dios. Hecho SEVILLA A L AÑO J OPOSICIONES PARA A B O G A D O S ciendo redoblar las medidas de precaución investigación para alejar probables excesos, reportó en varios pueblos el hallazgo de considerables cantidades de explosivos, el cual condujo al descubrimiento, en una accesoria A l a calle Ximénez Enciso, de un número de bombas capaz para habernos hecho volar, sin motor, a tedos los sevillanos. L a dilatada hutílga de los empleados de l a limpieza fracasó rotundamente, ante el firme tesón con que el alcalde veló por el prestigio de la autoridad, no sin haber convertida a Sevilla en un inmenso vertedero inmundo, n i sin enriquecer el número de los atentados sociales. U n infeliz hortelano, ajeno por completo al conflicto fué asesinado en l a plaza del Pozo Santo. L a dura lección de aquel fracaso, como l a inutilidad de los esfuerzos encaminados a arrastrar a l a huelga a los obreros del campo, tuvieron buena parte- -sin contar el cansancio de l a masa obrera, tantas veces lanzada a movimientos de aquella índole- -en el hundimiento de l a huelga general convocada para fines de mayo, de la cual los cabecillas recibieron tremendo desprestigio, y los patronos, por primera vez, energías para unirse y planear su defensa para lo sucesivo. A primeros de junio dejó el mando de l a provincia, electo director de Prisiones, el señor Sol. E n el mes de los exámenes celebróse el entusiasta homenaje a la Guardia c i v i l y también durante su curso se (perpetraron dos atentados más, en las personas del gerente de L a Holandesa y del Sr. Alvarez Rubio. Sin más episodios notables- -abortados los intentos de perturbación preparados con motivo del aniversario de l a tragedia del P a r que y del Día Rojo- -amaneció para Sevilla el histórico 10 de agosto, cuyas no previstas y graves incidencias habían de tener larga repercusión en la vida sevillana, que tranquilizada relativamente desde dos meses antes, de nuevo iba a verse estremecida por intensas convulsiones sociailes, estela de los odios que el frustrado intento del general Sanjurjo y su larga represión dejaron tras de sí. Sigue viva y latente la impresión profunda de aquella triste jornada, y no hemos de ahondar en ella para hacerla más dolorosa. E n suspenso los periódicos no gratos a l a República, fué imposible el comentario adecuado a los días de baldón y de vergüenza que siguieron para Sevilla. A título de represalia, que ninguna consideración humana contenía y ningún poder coercitivo sofrenaba, otra vez violado el derecho de propiedad, y de nuevo las hogueras extendiendo el nimbo negro de su humo sobre l a ciudad) sin ventura. N o fué posible a la Justicia identificar a los autores de aquellas tropelías vandálicas, n i inquirir cuáles fueran sus eficaces apoyos. Todo, sin embargo, se hizo a pteno día; pero es que Sevilla aparecía envuelta en la noche negra de su ignominia, cobijo odioso de delatores sin alma n i pudor a cuya execrable actividad hubo de poner coto l a rdpublicana autoridad del Sr. C a l viño. L a s medidas represivas buscaron más allá de l a delimitada esfera de las responsabilidades, y gentes por completo ajenas- -ni siquiera simpatizantes, a veces- -a lo intentado el 10 de agosto, padecieron, y padecen todavía- -violadas las regiones serenas de l a Idea- -las más amargas inquietudes del hogar. Encomendado a l a memoria el resumen de todo lo ocurrido mientras faltó A B C 1 cronista apenas recuerda nada importante. Más huelgas, más malestar que antes, nuevos crímenes sociales y otra vez exacerbados los dolores de su tierra. Así hemos pasado las Pascuas, querido lector, y así, con infinita ansiedad en el alma, penetramos en 1933. ¡A ver qué pasa! Juan M. Vásgues, Simplicísimo 1 r
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