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EL CINCUENTENARIO GAMBETTIANO EL ORADOR, EL HOMBRE Y EL POLÍTICO N o ha habido actor, n i lo habrá seguramente, que superara a Gambetta en la declamación de su discurso. N o lo decía; lo entonaba, lo cantaba con un ritmo y una melodía de tal riqueza y variedad polifónicas que el oyente creía escuchar, no una sola voz, sino un coro compuesto de las más distintas tonalidades, desde el cristalino son de un niño hasta el trágico desbordamiento de la ira en un bajo profundo... ¡Q u é suavidad qué dulzura, que melifluidez, cuando, dirigiéndose a sus oyentes, en el comienzo del discurso, les decía: C o n el alma proSe le comparaba con Danton y con M i fundamente conmovida... o E l hombre rabeau: un fascinador un arrastrador que aparece ante vosotros... o ¡Pluguiera de muchedumbres. Escuchándole era difícil á D i o s Luego, apenas pasado el forzado librarse de la sugestión de- ¡u palabra, atriAcaso entre estos documentos aportados a trance del exordio, el discurso se engranbuyéndose esta influencia a la compenetrauna depuración y crítica de su vida sus ción asombrosa que había entre la expredecía y llegaba a las más altas sublimidades actos y sus palabras, el más curioso sea el de la tragedia. E n estos momentos Gambetdibuio hecho por Renouart, reproduciendo s i ó n del rostro imperativo, la actitud, el ademán, el gesto, el tono de la voz, la prplon- ta anonadaba a los oyentes. E r a como toactillides características del orador. Procegación del párrafo y el pensamiento que exden estos dibujos- -que el autor llama esterrente bramador, como vendaval desatado, ponía. Hasta la mirada imperturbable de su nográr ¡et s- -de la última época del grande como tormenta horrísona... Sus imprecacioojo de cristal- -sabido es que el cíclope bfünbre, de 1881. próxima la fecha en que nes eran como bramidos de fiera airada, quedó tuerto en un accidente siendo n i ñ o- -1 disparo de la pistola que estaba en n i a como tabletees del trueno... Jamás la voz materializaba, hacía carne viva el quid din te su amada, Léonie Léon. había de humana ha interpretado tan sumisa y previnum de su oratoria. inri le v ocasionarle, más tarde, la muerte. cisamente los pensamientos y las pasiones... Pero, -qué la voz... L a s manos... S i n haberlo visto, sin haherto admirado, no se tenGESTOS Y ACTITUDES drá idea aproximada Croquis estenográficos hechos en Xeobm- g y e n Honfleur por M HenouaJ- d. de cómo eran elocuentes las manos de Gambetta, de c ó m o predecían, acompañaban y completaban al p e n s a m i e n t o que el orador exponía; de cómo subrayaban, y robustecían, y ratificaban el argumento; cómo engrandecían y esculpían la imprecación, y el anatema, y ¡a conminación. E n Gambetta la oratoria no era arte, sino naturaleza Comenzó desde muy niño a pronunciar discursos, y no se preocupó nunca de la corrección? ramatical del párrafo, del artificio argumental de la lógica, del plan- metódico prescrito por los tratados de 1.0 DICE UN ALMA PROFUNDAPRBLI 5 ÍINARES retórica ni siquiera de MENTE CONMOVIDA... documentar su imaginación de orador con una cultura renovada y p e r f e c c i o n a r l a en c o n s t a n t e s estudios. Gambetta era un i m provisador. X o habla- -se dijo de é l- se desborda. I A conmemoración de unas fechas ha heI d i o revivir en l a actualidad francesa a figura de Gambetta. Esta evocación, prematura seguramente, ha despertado los rencores y los entusiasmos, que. juntamente, formaban la aureola gloriosa del orador y del político. A la aparición del libro que con el título La me et la morí shigulieres de Gambetta ha escrito un pariente remoto, M Gheusi, ha sucedido una revisión hecha por admiradores y adversaros de toda l a bibliografía gambettiana, que es muy extensa, y que llena algunos estantes en el M u seo dedicado a su hijo por la ciudad de Cahors. Renouart asistió a dos banquetes que los partidarios de Gambetta organizaron en Neubourg y Honfleur y compuso verdaderas instantáneas, reproduciendo actitudes y gestos del animador de la Defensa nacional. Gracias a estas estenografías puede formarse una remota idea de cómo era el orador. S i n embargo, ya sus contemporáneos decían que no bastaba leer el texto reproducido de los discursos. E l juicio popular llegó a condensarse en esta frase: E s preciso oír r u g i r al monstruo... UN DISCURSO DE GAMBETTA SI DIOS ¡OISIERA El. HOMBRE QUE VEIS ANTE VMS- t LOS HOMBRES NO SON NADA... L a espontaneidad de su discurso no estaba en él mismo; tenía muy viva, muy sensible, la facultad de i m presionarse, de sugestionarse, de absorber y condensar el ambiente que le rodeaba: de precisar, y dar forma, y traducir en verbo claro y comprensible las pasiones y emociones de las gentes a quienes iba a hablar. Y así les decía, no su pensamiento, sino el de OTROS...
 // Cambio Nodo4-Sevilla